En un auditorio colmado durante el XXXIII Congreso de Aapresid, celebrado esta semana en La Rural, investigadores y técnicos de todo el país coincidieron en un mensaje claro: los cultivos de servicio no solo cuidan el suelo, también aumentan el rinde. Los nuevos resultados de la Red de Cultivos de Servicio (RCS) de la entidad muestran que, bien manejados, estos cultivos pueden generar hasta 4000 kg/ha adicionales en maíz y más de 800 kg/ha en soja respecto a planteos sin antecesores verdes.
El dato fue presentado por Gervasio Piñeiro, investigador del Conicet y docente de la Facultad de Agronomía de la UBA, quien coordina la Red. Según explicó, la biomasa producida durante el invierno por gramíneas (como centeno), leguminosas y crucíferas (como carinata o rábano) promedió entre 4000 y 5000 kg de materia seca por hectárea, un umbral que permite mejorar significativamente las condiciones para el cultivo siguiente.
“Los beneficios de los cultivos de servicio son claros. Aumentan la cobertura, mejoran la fertilidad y pueden traducirse en rindes mucho más altos si se manejan bien”, afirmó Piñeiro.
El avance registrado durante la campaña 2024/25 contrasta con los retrocesos previos. Tras la severa sequía entre 2022 y 2023, muchos productores abandonaron temporalmente estos esquemas. Pero el buen caudal hídrico del último año reactivó su implementación y permitió recuperar superficie.
Manejo clave: el éxito está en el corte a tiempo
Sin embargo, el crecimiento en biomasa no garantiza por sí solo buenos resultados. Según los expertos, el momento de finalización del cultivo de servicio es decisivo para no comprometer la humedad del perfil. Piñeiro fue enfático al respecto:
“El talón de Aquiles es el agua. Un barbecho largo también consume, y no siempre es la mejor alternativa. A veces, hay que cortar el cultivo verde antes, incluso resignando biomasa, para priorizar la reserva hídrica del cultivo siguiente”.
Más allá de la cobertura: una estrategia integral
La experiencia acumulada en las distintas Chacras Aapresid y ensayos regionales también muestra que los cultivos de servicio pueden ser una herramienta efectiva para ahorrar en fertilización, controlar malezas, reducir aplicaciones de herbicidas y mejorar la estructura del suelo.
Así lo explicó Santiago Álvarez Prado, investigador de la UNR y Conicet, quien estudia el impacto de estas estrategias sobre el maíz tardío:
“Cuando se elige bien el antecesor, se planifican híbridos adecuados y se ajusta la nutrición, el rinde mejora sin depender únicamente del paquete químico. Es una manera de optimizar recursos y reducir riesgos”.
“Evitemos las recetas”: cada lote es un caso distinto
Durante otro de los paneles técnicos, el académico Joel Spinozzi aportó una advertencia: no existe una fórmula mágica. “Cada ambiente es distinto. Por eso, antes de sembrar hay que hacer una buena evaluación del lote, del híbrido y del historial del suelo. El mensaje es claro: evitemos las recetas”, señaló.
Spinozzi también remarcó que hay margen para mejorar rindes en la zona núcleo si se incrementa la disponibilidad de nitrógeno, pero advirtió que la limitante económica lleva a muchos productores a buscar alternativas. Allí, el cultivo de servicio surge como una opción sustentable que aporta nutrientes, mejora la retención de agua y actúa como supresor de malezas, disminuyendo los costos del barbecho químico.
Casos destacados y expansión regional
En el norte del país, la Chacra La Paloma (Chaco-Santiago del Estero) logró producir 2,5 toneladas de biomasa por hectárea en apenas 43 días, con un costo hídrico de 55 mm, gracias a la siembra temprana de sorgo granífero como cultivo de servicio. Esta experiencia muestra que, incluso en zonas de baja disponibilidad hídrica, la estrategia es viable si se ajustan los tiempos.
Una práctica que se consolida
En un contexto donde el debate sobre la pérdida de materia orgánica y el deterioro de los suelos es cada vez más urgente, el aporte de los cultivos de servicio vuelve a instalarse como una respuesta concreta. Aapresid trabaja desde 2018 con redes colaborativas para medir su impacto, compartir aprendizajes y facilitar la adopción por parte de productores en todo el país.
“Más que una moda, es una necesidad. No hay agro sustentable sin suelos vivos, y no hay suelos vivos sin cultivos que los nutran y protejan”, concluyó Piñeiro.




