En un mundo que avanza hacia la descarbonización, el hidrógeno verde se presenta como una de las alternativas más prometedoras para reemplazar los combustibles fósiles. Su producción, basada en energías renovables, no genera emisiones contaminantes, lo que lo convierte en un pilar estratégico para la transición energética global. En este escenario, Argentina se posiciona como un país con ventajas naturales y geográficas únicas, capaz de liderar esta transformación y, al mismo tiempo, potenciar su agroindustria.
El hidrógeno verde se obtiene mediante un proceso de electrólisis del agua, que separa el hidrógeno del oxígeno utilizando electricidad proveniente de fuentes limpias como la solar o la eólica. A diferencia del hidrógeno gris, que se produce a partir de gas natural y emite dióxido de carbono, esta variante renovable no deja huella de carbono. Por eso, su desarrollo es clave para cumplir con los compromisos climáticos asumidos por los países en el Acuerdo de París.
Argentina cuenta con zonas privilegiadas para la generación de energías renovables. La Patagonia, con sus vientos constantes y de alta velocidad, ofrece condiciones ideales para la energía eólica. En tanto, el noroeste argentino se destaca por su elevada radiación solar, lo que lo convierte en un escenario óptimo para proyectos fotovoltaicos. Esta combinación de recursos naturales, sumada a la disponibilidad de agua y a la baja densidad poblacional en regiones clave, permite proyectar una producción de hidrógeno verde a gran escala y con costos competitivos.
Hidrógeno verde: una bioenergía con impacto directo en el agro
El potencial del hidrógeno verde no se limita al ámbito energético. Su integración en la agroindustria puede generar un cambio estructural en la forma en que se producen, almacenan y transportan los alimentos. Por ejemplo, puede utilizarse para fabricar fertilizantes libres de emisiones, lo que reduciría significativamente la huella de carbono de los cultivos. También puede servir como fuente de energía en zonas rurales alejadas de la red eléctrica, mejorando la eficiencia y sostenibilidad de las explotaciones agropecuarias.

Además, el hidrógeno verde puede actuar como vector energético para almacenar excedentes de energía renovable, lo que resulta especialmente útil en regiones donde la generación supera la demanda local. Esta capacidad de almacenamiento permite estabilizar la red eléctrica y garantizar el suministro en momentos de baja producción, algo fundamental para el funcionamiento continuo de la maquinaria agrícola y los sistemas de riego.
En este contexto, la agroindustria argentina podría convertirse en una de las principales beneficiarias de esta nueva matriz energética, no solo por su capacidad de consumo, sino también por su rol como proveedora de insumos, servicios logísticos y tecnología aplicada a la producción sustentable.
Hacia un marco normativo que acompañe la innovación
A pesar del entusiasmo que genera el hidrógeno verde, su desarrollo en Argentina enfrenta desafíos importantes. Uno de los principales obstáculos es la falta de un marco legal actualizado. La Ley 26.123, sancionada en 2006, declara de interés nacional la investigación y producción de hidrógeno, pero aún no ha sido reglamentada. Esta situación genera incertidumbre jurídica y dificulta la llegada de inversiones extranjeras.
También existen limitaciones en materia de infraestructura. Las regiones con mayor potencial para generar hidrógeno verde están alejadas de los centros de consumo y de los puertos de exportación, lo que encarece los costos logísticos. Para superar este escollo, se están explorando alternativas como la conversión del hidrógeno en amoníaco verde, una sustancia más estable y fácil de transportar, que podría abrir nuevos mercados internacionales.
En paralelo, se requiere una fuerte inversión en investigación y desarrollo. La formación de recursos humanos especializados, la creación de centros tecnológicos y la articulación entre el sector público y privado serán claves para consolidar una industria nacional del hidrógeno verde. En este sentido, universidades como la UBA, a través de su Facultad de Agronomía, ya están impulsando estudios que analizan el impacto de esta bioenergía en el agro y en la economía nacional.
El interés internacional y el rol estratégico de Argentina
El potencial argentino no ha pasado desapercibido en el escenario global. Empresas como Fortescue Future Industries, de origen australiano, han anunciado inversiones multimillonarias para desarrollar proyectos de hidrógeno verde en la Patagonia. Estas iniciativas no solo buscan abastecer el mercado interno, sino también posicionar al país como un exportador clave de energía limpia.
La ubicación geográfica de Argentina, con acceso al Atlántico Sur y cercanía relativa a Europa y Asia, representa una ventaja logística para la exportación de hidrógeno o sus derivados. Además, el país cuenta con experiencia en la producción y transporte de gas natural, lo que podría facilitar la adaptación de infraestructuras existentes para el nuevo vector energético.
En este contexto, el hidrógeno verde no solo aparece como una solución ambiental, sino también como una oportunidad económica y geopolítica. Su desarrollo podría generar empleo, atraer inversiones, diversificar la matriz productiva y fortalecer la soberanía energética del país.
Una oportunidad que el agro no puede dejar pasar
El hidrógeno verde representa una oportunidad histórica para Argentina. Su desarrollo puede transformar la matriz energética, reducir las emisiones contaminantes y abrir nuevos horizontes para la agroindustria. Pero para que este potencial se convierta en realidad, es necesario avanzar en la reglamentación de leyes, mejorar la infraestructura y fomentar la innovación tecnológica.
El agro argentino, por su capacidad de adaptación y su rol estratégico en la economía nacional, está llamado a ser protagonista de esta transición. Apostar por el hidrógeno verde no solo es una decisión ambientalmente responsable, sino también una estrategia inteligente para asegurar la competitividad del sector en un mundo que exige cada vez más sustentabilidad.


