Buenos Aires, 22 febrero (NA) – La reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei profundizó el conflicto con la CGT y abrió un frente de tensión con gobernadores peronistas, a quienes Octavio Argüello señaló como responsables de haber facilitado su avance parlamentario. “No se puede vender la dignidad del pueblo por una zanjacuneta y dos metros de asfalto”, afirmó, y calificó la iniciativa como “una ley totalmente regresiva” que deja a los trabajadores “en una situación de indefensión”.
El dirigente sindical, en diálogo con Splendid AM 990, rechazó que el cuarto paro general haya sido tardío o improvisado. “Nosotros hicimos cuatro paros generales en dos años y 13 marchas. No es que no hemos hecho nada”, sostuvo, y remarcó que la central obrera actuó en tres planos: “Planteamos que teníamos un ámbito legislativo, uno judicial y también la calle, como corresponde”. En ese sentido, explicó que buscaron diálogo institucional: “Fuimos, hablamos con todos los gobernadores, con senadores y diputados. Ellos tomaron una decisión de acompañar”.
Argüello apuntó especialmente contra mandatarios provinciales que, según indicó, accedieron a negociaciones con la Casa Rosada. “Gobernadores y legisladores que entraron por el voto peronista acompañaron esta ley. Eso es lo que más duele”, expresó. Si bien evitó afirmar la existencia de acuerdos ilícitos, deslizó: “Yo no voy a decir algo que no pueda comprobar, pero cada uno va a tener que explicar por qué lo hizo”.
Consultado sobre el impacto del paro, aseguró que la medida fue “contundente” y defendió la estrategia de no movilizar. “Queríamos que se vea que el paro era realmente efectivo cuando no hay movimiento en la calle”, explicó. A su juicio, el clima social comenzó a modificarse tras la discusión del artículo 44, referido a licencias por enfermedad. “La gente empezó a leer la reforma y se dio cuenta de que le están quitando derechos”, señaló.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el referente sindical también cuestionó la falta de articulación política opositora. “El problema no es gremial, es político. Nos falta la fuerza política”, afirmó, y describió al peronismo como “totalmente en crisis y desordenado”. En ese marco, sostuvo que la CGT se mantiene unida, pero reconoció que enfrenta “una crisis política profunda” en el espacio que históricamente representó a los trabajadores.
Sobre el contenido de la reforma, Argüello aseguró que “no tiene ningún artículo favorable” y rechazó la idea de que incentive el empleo. “Es una gran mentira. El problema no es la legislación laboral, es el fracaso del modelo económico”, indicó. También criticó la implementación del banco de horas y advirtió sobre un “desequilibrio de fuerzas” entre empleador y empleado. “Imaginate que le vaya a decir a mi patrón qué horario quiero trabajar. Es una locura pensar eso”, sostuvo.
Para el dirigente, la discusión excede lo estrictamente laboral y se inscribe en una disputa cultural más amplia. “La batalla cultural la ganaron. Lograron que el trabajador informal vea al formal como un privilegiado”, afirmó. En ese sentido, consideró que el escenario actual es producto de un proceso más largo y no exclusivo del actual gobierno.
Argüello reconoció, además, el impacto del fracaso del gobierno de Alberto Fernández en la pérdida de respaldo social. “Tenemos que ser razonables: fue un fracaso político muy profundo”, admitió, y planteó la necesidad de “reconstruir un espacio político más amplio” que recupere la confianza ciudadana. “No alcanza con volver a ser lo que éramos. Tenemos que ser mejores”, concluyó.
#AgenciaNA


