Sin embargo, entre los expertos del negocio ganadero no está tan claro que las cosas vayan a ocurrir tal como las plantea el ministro. El precio del novillo sigue subiendo en el mercado de Cañuelas, donde se pagó hasta $5.300 por kilo de novillito de hasta 390 kilos.
Entre los pronósticos más controvertidos de Toto Caputo figura la estabilización o incluso un retroceso en el precio de la carne. Según el ministro de economía, la suba de 8% que se registró el mes pasado en las carnicerías fue una excepción, que forma parte del proceso de “recomposición de precios relativos”.
¿Qué ocurrió? Una combinación explosiva: hay simultáneamente escasez de carne a nivel global -lo cual eleva la demanda y el precio de exportación- y un bajo nivel de faena en Argentina. Con un stock vacuno debajo de los 50 kilos de cabezas -el número más bajo de los últimos 15 años-, y además precios en alza, los ganaderos prefieren vender menos animales, pero más gordos.
Los propios empresarios del sector se muestran sorprendidos por esos números, dado que en octubre del año pasado se había previsto un precio de $3.500, pero la tendencia ha sido de una suba ininterrumpida.
Lo que no está tan claro es lo pasará de ahora en adelante. Los últimos indicios parecerían darle la razón a Caputo, dado que en la tercera semana de marzo, segun el relevamiento de la consultora LCG, se quebró la tendencia alcista, y los precios de la carne retrocedieron levemente un 0,3%. El promedio de las últimas cuatro semanas es 4,6%, por lo que es de esperar que la variación que se refleje en el IPC de marzo sea menor a ese número.
La consecuencia es que la faena cayó un 10% respecto de hace un año. Y eso se refleja en una menor oferta en las carnicerías. Como el fin de año y el verano es un momento de demanda estacionalmente alta, eso fue lo que llevó a que los precios al público tuvieran una suba explosiva.
“Suele repetirse que cayó el consumo porque estamos en un momento de crisis económica. Pero la causa real es el bajo nivel de faena. En los momentos en que hay una faena alta, el consumo en Argentina crece”, sostuvo Felipe Santángelo, experto en negocio ganadero, en un foro de Agroeducación.
Van a despertar al gordo
Pero los empresarios del agro hacen una advertencia: hoy el negocio pasa por engordar animales, a diferencia de otros años, en los que se enviaba a faena a las vacas “flacas”, lo cual dificultaba que se recuperase el stock vacuno en el país. Por ese motivo, la oferta va a seguir siendo baja. Y el consumo también.
En la jerga del sector, esto se denomina “completar el proceso de terminado” del animal, llevándolo de la categoría de ternero hasta la de “gordo”. ¿Por qué antes no convenía hacer esta estrategia y ahora sí? Simple: el animal se alimenta con maíz y forraje.
La situación se puede resumir en la nueva frase de moda que se escucha en el campo: “hay que transformar los granos en carne”. Esto significa que los precios de hoy ofrecen incentivos como para que los criadores inviertan en engordar su rodeo, de manera de que, en vez de faenar animales de 300 kilos -como ha sido la norma local en los últimos años-, se los envíe al matadero con más de 480 kilos.
Para ponerlo en números: históricamente, para comprar 10 kilos de maíz, se necesitaba el equivalente un kilo de novillo. Hoy el costo es medio kilo de novillo.
Más granos por menos carne
En los últimos años, el efecto de la sequía había llevado a precios altos del alimento para los animales. Se estima que el proceso de engorde es un tercio del costo total para el productor ganadero. Y no había un mercado que justificara el precio ese proceso que, encima, obliga al productor a estirar varios meses el momento de la venta.
Esto ha llevado a la suba de los precios en el mercado ganadero, donde el ternero de invernada ya cotiza un 48% por encima del valor promedio de los últimos 15 años. Es un precio que se considera caro respecto del “gordo”.
Y esto ocurrió por una combinación que pocas veces se ha dado en los últimos años: una campaña explosiva de maíz, que superará los 60 millones de toneladas según las últimas revisiones, y un alto precio de la carne por la escasez mundial.
¿Un cambio de modelo en el negocio?
El gran interrogante que se debate en el campo es si esta relación entre la carne y los granos obedece a una coyuntura pasajera o si puede hablarse de un nuevo paradigma. Y la respuesta de los analistas es que hay bases como para que la situación actual se prolongue en el tiempo.
“Eso nos hace plantear escenarios donde, para diluir ese costo caro del ternero, ya tiene que ir obligadamente a una recría pastoril”, apunta Santangelo. Y agrega que ese proceso en el que se agregan 100 kilos al animal implica un cambio de todo el sistema de producción en Argentina
Un síntoma de que los precios actuales son considerados altos es que los productores argentinos de maiz ya llevan 19 millones de toneladas negociadas para la venta -un tercio de la cosecha-, mientras el año pasado, a esta altura, no había más de 9 millones. Del total negociado, unas 12 millones de toneladas ya tienen precio fijado.
Para empezar, porque no hay perspectivas de una suba en el precio del maíz. Más bien al contrario, hay sospechas de que se puede estar en máximos. De hecho, cotiza en Chicago un 10% encima del precio de hace seis meses.
Esa situación contribuyó a una agudización de la inflación en Estados Unidos, lo que derivó en que la administración Trump priorizara el incremento de la importación. El reporte de diciembre del USDA (Ministerio de Agricultura) advirtió que en 2026 disminuirá la producción vacuna tanto en Oceanía, Brasil y Estados Unidos. Eso deja margen para que la exportación argentina gane competitividad -en los últimos años sus precios superaban al promedio regional- y se expanda un 7% en volumen.
Del lado de la carne, en cambio, todo indica que el precio seguirá alto por la escasez en el principal mercado consumidor, Estados Unidos, donde el rodeo llegó a un mínimo histórico de 95 millones de cabezas y una faena que en un año bajó de 34 millones a 29 millones de cabezas.
No es una novedad que esto ocurra, por cierto. Sin ir más lejos, le había pasado a Alberto Fernández, que pese a un fuerte control de precios y a un cierre temporal de la exportación no consiguió cumplir su promesa de campaña sobre el abaratamiento del asado.
El capítulo cárnico en la guerra de relatos
Lo cierto es que el precio de la carne vuelve a ser uno de los villanos de la economía. Fue, por ejemplo, uno de los principales rubros que empujaron el IPC de febrero a 2,9%. Y mientras la Cámara de la Industria Cárnica informa que el consumo per capita en Argentina cayó a su mínimo histórico -con 47,3 kilos anuales por persona-, los críticos del gobierno explotan al máximo el tema como síntoma del fracaso del plan económico.
Sin embargo, esa situación no hizo cambiar de opinión a Cristina, que en 2021 fue la principal promotora del cierre exportador, que logró una breve caída de precio: un 2,3% en junio, justo antes de las PASO.
También el kirchnerismo sufrió por el bajo consumo, cuando en 2012 llegó al que entonces era el mínimo histórico de consumo, como consecuencia de la inédita reducción en el stock. Fue una de las medidas más criticadas a la gestión de Cristina: el cierre exportador instrumentado por Guillermo Moreno llevó a que los ganaderos perdieran dinero y se pasaran masivamente al cultivo de soja. Resultado: se pasó en apenas dos años de un rodeo de 55,5 millones de vacunos a apenas 48,9 millones.
“Obvio que si yo tengo vacas quiero poder venderlas a precio dólar, pero ¿qué hacemos entonces, dejamos que nadie coma carne?, ¿le decimos que a la gente que no van a poder comer más carne hasta que no tengan los sueldos como en 2015?“, preguntaba Cristina.
Era en aquel momento en que la propia Cristina ironizaba sobre la queja de los ganaderos, que afirmaban que la carne que se exportaba a China era diferente a la consumida en el mercado local porque se componía de “vacas viejas”. La vice, tras preguntarse con sorna si el campo argentino era “un geriátrico de vacas”, dejó en claro su visión sobre cuál era la forma de levantar los niveles de consumo local: recortar el margen de ganancia de los ganaderos y frigoríficos.
Por ese entonces, las agremiaciones del sector cárnico advertían que se estaba cometiendo un error en la interpretación de los datos, porque esa baja de precio obedecía a una cuestión estacional, que se revertiría rápidamente. El resultado del cierre exportador es conocido: se perdieron exportaciones por unos u$s1.500 millones, hubo suspensiones de personal en los frigoríficos, el consumo no se recuperó, los precios internos volvieron a subir y el gobierno peronista perdió las elecciones legislativas.





