jueves 19 febrero 2026

Banco de top de Brasil apuesta por el Merval: las 5 acciones que pone al frente de su cartera

En ese marco, la narrativa cambia de tono. Ya no alcanza con que el riesgo país baje o con que haya una buena rueda para que todo suba parejo: el mercado empieza a separar sectores y modelos de negocio. Las compañías con ingresos en dólares, con exposición exportadora o con contratos ligados a la energía aparecen como candidatas naturales a resistir mejor un escenario donde el frente externo marque el paso.

La Bolsa argentina vuelve a quedar bajo la lupa global, pero esta vez el debate no gira solo alrededor de si las valuaciones están “baratas” o “caras”. El foco se desplazó hacia una pregunta más concreta y difícil: ¿pueden las acciones revalorizarse de forma sostenida si el financiamiento externo sigue siendo limitado? En un mercado que históricamente convivió con saltos de humor, la consistencia del rally depende cada vez más de variables que van más allá del precio y del “momentum”.

Por eso, esta nota recorre la lectura que se instala entre inversores internacionales: qué condiciones se vuelven decisivas para un “re-rating” más amplio, por qué el tipo de cambio aparece como variable de ajuste, y cómo se traduce todo eso en una cartera que prioriza energía, perfiles dolarizados y selectividad. El objetivo: entender dónde podría estar la resiliencia y en qué señales se concentraría el riesgo.

La macro de 2026 agrega otra capa. Con desinflación en marcha pero con condiciones financieras estrictas, la economía tiende a enfriarse y el consumo pierde potencia. Ese combo obliga a mirar el equity con un filtro distinto: menos apuesta al ciclo doméstico y más atención a balances que puedan sostener caja y márgenes aun con crecimiento moderado.

Para Bradesco, ese punto cambia el manual del inversor. El equity no deja de ser atractivo, pero se vuelve más importante elegir qué comprar y no solo “comprar Argentina”. En un escenario más exigente, el mercado tiende a premiar a quienes tienen cobertura natural contra movimientos del dólar y a castigar a quienes dependen del pulso interno.

La tesis central: re-rating posible, pero no “gratis” y con selectividad

Desde Bradesco señalaron que, en un contexto de financiamiento externo escaso, el país necesita que el tipo de cambio funcione como amortiguador para acomodar el frente externo sin generar una dislocación mayor. En esa lectura, el mercado accionario puede seguir ofreciendo valor, pero el recorrido no se da por inercia: depende de que el programa macro conserve credibilidad y de que el ajuste cambiario sea ordenado.

Aun con ese sesgo más defensivo, los especialistas del banco de inversión detallaron que mantienen una postura positiva en términos relativos: sostienen una visión de sobreponderación sobre acciones argentinas, pero enfatizando que la oportunidad no es uniforme y que la cartera debe inclinarse a sectores con mejor calidad de flujo bajo estrés macro.

Sus analistas apuntaron que, por esa misma restricción, el rendimiento se vuelve más heterogéneo. Las acciones ligadas al mercado doméstico pueden enfrentar recortes de expectativas, mientras que las compañías con ingresos dolarizados o exposición externa ganan peso en la conversación. La idea de “todo sube” pierde fuerza: aparece la lógica de ganadores y perdedores.

Para Bradesco, el mercado no necesita reformas perfectas para reaccionar, pero sí señales consistentes. Avances parciales en reformas estructurales ya funcionan como un ancla de expectativas. En un país donde los cambios de rumbo suelen costar caro, la Bolsa suele premiar la previsibilidad con menor prima de riesgo.

Política y reformas: la prima de gobernabilidad en el precio de las acciones

Los expertos del banco de Brasil explicaron que la dimensión política entra en el precio de manera directa. El equity argentino puede ser muy sensible a señales de continuidad del programa, porque la gobernabilidad influye sobre expectativas de inflación, tipo de cambio, financiamiento y riesgo país. En otras palabras: la política se traduce en múltiplos.

Para Bradesco, esa prima de gobernabilidad es clave para entender por qué las valuaciones pueden expandirse o contraerse incluso sin grandes cambios en ganancias. En la práctica, el equity termina siendo un termómetro del “contrato” implícito entre política y economía: si ese contrato se fortalece, suben los múltiplos; si se debilita, sube el descuento.

Sus analistas apuntaron que el Congreso fragmentado obliga a leer la gestión como un ejercicio de negociación permanente. En ese contexto, el “premio” para el equity aparece cuando la hoja de ruta se percibe sostenible y cuando los compromisos fiscales y cambiarios parecen creíbles. El revés también es cierto: si el clima político erosiona la confianza, el mercado ajusta rápido por precio.

Los especialistas del banco de inversión detallaron que la economía enfrenta necesidades de financiamiento relevantes en un contexto donde no hay acceso pleno a mercados. En ese marco, la historia pasa por rollovers, multilaterales y administración de flujos. Esa arquitectura define la tranquilidad del mercado: cuando el financiamiento aparece, el dólar se ordena; cuando se traba, la presión se reaviva.

Dólar, reservas y balance de pagos: la bisagra del escenario 2026

Desde Bradesco señalaron que el cuello de botella de 2026 sigue siendo el balance de pagos, y que el tipo de cambio aparece como variable de ajuste para recomponer competitividad y sostener el frente externo. En su lectura, la trayectoria cambiaria tendería a acercarse hacia la parte alta del rango, con una depreciación controlada que funcione como amortiguador sin desordenar expectativas.

Desde Bradesco también trabajaron con escenarios alternativos: un caso base de depreciación moderada, un caso negativo con mayores necesidades de dólares y un ajuste cambiario más intenso, y un caso positivo con menores necesidades y una depreciación más suave. La conclusión común es que el equity depende de que el ajuste no sea disruptivo y de que el frente externo no obligue a un cambio abrupto de reglas.

Sus analistas apuntaron que, por eso, la acumulación de reservas es una señal que el equity mira casi a diario. La capacidad de sumar dólares reales —y no solo contables— impacta en credibilidad, en expectativas de tipo de cambio y en la prima de riesgo. En este punto, el mercado no se conforma con promesas: exige tracción.

Para Bradesco, esa desaceleración impacta en rentabilidad. Con menos demanda interna, ciertos sectores enfrentan una dinámica más desafiante para sostener márgenes. Incluso si baja la inflación, la recuperación del poder de compra no necesariamente compensa el enfriamiento del crédito o la cautela del gasto privado.

Crecimiento más lento y consumo más débil: por qué las “domésticas” pierden brillo

Los expertos de Bradesco explicaron que, aun con desinflación, la combinación de tasas reales, normalización de precios relativos y restricción financiera tiende a enfriar el ciclo. En ese marco, el crecimiento se modera y el consumo pierde fuerza. Para el equity, eso significa que algunas expectativas pueden estar por delante de lo que la economía puede entregar.

Esa es la razón por la que el foco migra a empresas con ingresos dolarizados o exposición externa. En un escenario donde el peso se deprecia de forma controlada, quienes generan dólares o tienen cobertura natural tienden a sostener mejor la rentabilidad real. La selectividad deja de ser una preferencia y se convierte en estrategia central.

Sus analistas apuntaron que, en ese contexto, las proyecciones de ganancias agregadas pueden volverse vulnerables a revisiones. El mensaje para el inversor es claro: un escenario macro más exigente obliga a ser más quirúrgico. No todo lo que “está barato” necesariamente se revaloriza: hace falta catalizador.

Para Bradesco, Banco Macro aparece como representante del sector financiero, pero dentro de una mirada selectiva. La banca puede beneficiarse si la estabilización macro reduce volatilidad y mejora el horizonte de crédito, aunque el ciclo doméstico más frío obliga a no generalizar el optimismo a todo el sector por igual.

La cartera de 5 acciones: el quinteto que Bradesco pone al frente

En ese giro de enfoque, desde Bradesco señalaron que mantienen sin cambios el núcleo de su cartera preferida, integrado por cinco nombres que concentran su apuesta principal. La selección combina energía, un banco líder, infraestructura de mercado y un jugador relevante de real estate: una mezcla que busca balancear dólar, caja y “beta” local con disciplina.

La cartera se completa con BYMA, como apuesta a la profundización del mercado de capitales y al funcionamiento de la plaza, y con IRSA, como exposición a activos reales y a un perfil que puede capturar valor si el clima financiero se vuelve más estable. El mensaje general del quinteto es nítido: dólar, energía y selectividad, sin perder del todo el termómetro local.

Los especialistas del banco de inversión detallaron que el componente de energía es clave: Pampa Energía y Transportadora de Gas del Sur (TGS) ocupan un lugar central porque funcionan como cobertura natural en un esquema donde el dólar y el frente externo son bisagra. En ese sentido, energía opera como “seguro” relativo cuando el mercado vuelve a mirar reservas.

Sus analistas apuntaron que el problema no es solo el nivel de múltiplos, sino qué tan sostenible es la narrativa que los justifica. Si el programa se consolida, el mercado puede convalidar valuaciones mejores; si el frente externo se tensa, la prima de riesgo vuelve a mandar. El equity argentino suele moverse en ese péndulo.

Valuaciones, múltiplos y el límite del entusiasmo

Desde Bradesco señalaron que las valuaciones siguen resultando atractivas en términos históricos y que el equity argentino podría sostener una continuidad del re-rating si se mantiene un marco razonable de gobernabilidad y disciplina macro. En esa lectura, el mercado todavía tiene recorrido, pero con un “techo” condicionado por riesgo y financiamiento.

Por eso, la tesis termina siendo más pragmática que eufórica: hay oportunidad, pero no para comprar “cualquier cosa”. El recorrido depende de disciplina macro, credibilidad política, reservas y un dólar que no se desordene. En ese tablero, energía y perfiles dolarizados ganan peso como cobertura, mientras el mercado doméstico exige paciencia y una selección fina.

Para Bradesco, el punto de control es claro: sin acceso pleno a mercados, el país necesita que el esquema de financiamiento alternativo funcione y que el tipo de cambio sea ancla sin volverse trampa. Si la dinámica de rollovers y multilaterales se sostiene, el mercado respira; si se interrumpe, el ajuste aparece por precio.

Desde Bradesco señalaron que un escenario de petróleo más bajo complica el flujo externo, mientras que un precio más firme mejora el aporte de divisas. En ese punto, la energía deja de ser solo “sector bursátil” para convertirse en variable macro. Y eso explica por qué el banco la toma como cobertura natural dentro de cartera.

Petróleo, exportaciones y reservas: la energía como cobertura natural

Los especialistas del banco de inversión detallaron que el precio del petróleo se volvió un factor macro relevante porque impacta en exportaciones de energía y, por esa vía, en la capacidad de sumar reservas. En su análisis, cambios en el Brent alteran el ritmo de acumulación de dólares y, por lo tanto, la percepción de riesgo.

La conclusión que se impone es que, mientras el frente externo no se desordene, la tesis positiva para acciones puede sostenerse. Pero la condición es explícita: reservas, dólar ordenado y continuidad del programa. Y dentro de ese mapa, la energía —por flujo, por cobertura y por impacto macro— aparece como el “núcleo defensivo” de una apuesta por el Merval que intenta capturar valor sin negar los riesgos.

Sus analistas apuntaron además que el agro puede actuar como amortiguador parcial, ayudando a sostener términos de intercambio, aunque no elimina la necesidad de un esquema financiero consistente. En un país donde el dólar es el precio más sensible, el mercado sigue de cerca cada fuente de oferta de divisas.

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