Bayer alerta por el regreso del gusano cogollero: la biotecnología pierde eficacia y habrá que volver a monitorear

Germán Ferrari advirtió que Spodoptera frugiperda puede recuperar protagonismo en la campaña de maíz. La nueva generación biotecnológica tendría un volumen inicial limitado en 2028 y, mientras tanto, el manejo dependerá del monitoreo y de herramientas químicas.

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El maíz argentino podría volver a enfrentarse con un enemigo conocido que durante años quedó parcialmente contenido por la biotecnología. El gusano cogollero, Spodoptera frugiperda, empieza a mostrar señales de recuperación frente a tecnologías que ya no ofrecen el mismo nivel de protección. La consecuencia es concreta: productores y asesores tendrán que volver a caminar los lotes, detectar daños a tiempo y complementar el manejo con insecticidas cuando corresponda.

La advertencia fue formulada por Germán Ferrari, gerente regulatorio de Bayer Agro, durante una entrevista con Palabra de Campo en el Congreso Internacional de Maíz. El especialista ubicó al cogollero junto con la chicharrita como los dos grandes frentes sanitarios de la campaña.

“El cogollero es un problema viejo del maíz que veníamos manejando con biotecnología. Hoy, la tecnología que utiliza la mayoría de las empresas está presentando algunas debilidades y lo más probable es que empecemos a encontrar daño como hace mucho tiempo no veíamos”, afirmó.

El cambio obliga a revisar una práctica que se había vuelto habitual. En muchos planteos, la protección incorporada en la semilla redujo la necesidad de intervenir sobre ciertas plagas de lepidópteros. Si esa barrera pierde eficacia, el control vuelve a depender en mayor medida de la observación y de decisiones rápidas.

De la comodidad tecnológica a la vigilancia del lote

Ferrari aclaró que todavía se trata de una alerta y que la conciencia sobre el problema no es plena. Sin embargo, anticipó que la campaña que comienza puede convertirlo en una preocupación mucho más visible.

“Vamos a tener que monitorear y manejar insectos con insecticidas, y no solamente con los eventos biotecnológicos como veníamos haciendo”, explicó. La frase no significa abandonar la biotecnología, sino reconocer que ninguna herramienta mantiene su desempeño de manera indefinida si la presión de selección favorece individuos resistentes.

El monitoreo permite identificar los primeros focos, medir la proporción de plantas afectadas y decidir si el daño justifica una aplicación. También ayuda a evitar tratamientos por calendario que elevan costos y presión ambiental sin asegurar un beneficio productivo.

Bayer describió recientemente un escenario similar para Brasil, donde la presencia de Spodoptera adquirió gran magnitud y aumentaron los casos de resistencia. La compañía insiste en rotar modos de acción y elegir el momento oportuno de control, dos principios que cobran relevancia si el problema avanza en la Argentina.

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Una nueva tecnología, pero no de manera inmediata

Frente a esta brecha de control, Bayer trabaja en una nueva generación biotecnológica y en una herramienta insecticida específica. Ferrari explicó que la estrategia consiste en cubrir el período que falta hasta que la semilla con nuevos modos de acción esté disponible en escala comercial.

“La nueva biotecnología va a empezar a salir en 2028, pero con una cantidad muy pequeña de bolsas. A medida que avancen las campañas habrá más volumen; por eso pienso que en 2029 o 2030 estará disponible de una manera más amplia”, detalló.

De acuerdo con su descripción, la tecnología buscará controlar Spodoptera. Hasta entonces, un insecticida orientado a lepidópteros funcionará como complemento ante las fallas de la protección hoy utilizada.

La precisión sobre los plazos es relevante. Los lanzamientos de semillas no llegan a toda el área de un año para otro: primero se multiplica la genética, se completan procesos regulatorios y se construye volumen. Por eso, incluso con una solución desarrollada, pueden existir dos o tres campañas de transición.

Para el productor, esa transición implica recuperar disciplina de monitoreo. La inversión en semilla seguirá siendo central, pero ya no alcanzará para delegar por completo el control del cogollero.

Chicharrita: aprender a convivir con una plaga que llegó para quedarse

El otro frente sanitario es Dalbulus maidis, la chicharrita que transmite los patógenos asociados con el complejo de achaparramiento. Ferrari consideró que el sistema productivo todavía está en el inicio de su curva de aprendizaje.

“Son plagas que llegan para quedarse. Estamos aprendiendo con qué frecuencia nos va a visitar la chicharrita para estar preparados y tomar las medidas de manejo que correspondan”, señaló.

La experiencia reciente dejó varias lecciones: reducir el llamado puente verde mediante el control de maíces voluntarios, evitar una dispersión excesiva de fechas de siembra, utilizar germoplasma mejor caracterizado y monitorear las poblaciones del vector.

Para las empresas semilleras, la presión sanitaria también transforma los programas de mejoramiento. “Hay que llevar los híbridos a lugares del norte donde la chicharrita es endémica, observar cómo responde cada uno y luego caracterizarlo y posicionarlo”, explicó Ferrari.

Ese trabajo no produce materiales inmunes, pero permite conocer diferencias de tolerancia y ajustar la recomendación por ambiente. La elección genética pasa así a formar parte de un manejo integrado que incluye fecha, control de voluntarios, seguimiento regional y eventuales tratamientos.

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El Niño: más agua y también más presión de plagas

La campaña presenta, además, un escenario climático singular. El Servicio Meteorológico Nacional confirmó una fase El Niño fuerte o muy fuerte para el trimestre septiembre-octubre-noviembre. La mayor disponibilidad de agua puede elevar el potencial del maíz, aunque también generar condiciones más favorables para insectos y enfermedades.

“El Niño es agua, y el agua es buena desde el punto de vista del potencial de rendimiento. Pero no nos ayuda con las plagas”, resumió Ferrari.

Su explicación pone el foco en el invierno previo y en la humedad. “Un invierno frío y seco deja menos plagas que uno húmedo y medianamente cálido. En ese sentido, vamos a tener que estar más alerta”, afirmó.

La relación no es mecánica y cada plaga responde a múltiples factores. Sin embargo, una mayor supervivencia invernal y condiciones benignas pueden elevar la población inicial. Si coincide con materiales bajo presión de resistencia, el riesgo de daño aumenta.

Volver a caminar el cultivo

La recomendación final de Ferrari recupera una práctica elemental que la tecnología nunca reemplazó por completo: saber qué sucede dentro del lote.

“Hay que reforzar el monitoreo. Hay que salir, contratar monitoreadores o hacerlo uno mismo, pero entender qué está pasando para tomar las medidas con la anticipación que corresponde”, remarcó.

El costo del monitoreo suele parecer adicional cuando la plaga no supera umbrales. En realidad, compra información. Permite decidir dónde aplicar, dónde esperar y dónde una intervención ya no será eficiente. En una campaña de márgenes ajustados, esa precisión puede ser tan valiosa como el producto utilizado.

El regreso del cogollero no implica volver al punto de partida. Hoy existen mejores híbridos, información regional, nuevas moléculas en desarrollo y una experiencia acumulada que no estaba disponible décadas atrás. Pero sí marca el final de una etapa de confianza excesiva en una sola barrera.

La campaña de maíz combinará un alto potencial hídrico con una sanidad más exigente. Para Bayer, la nueva biotecnología llegará, pero no de inmediato ni en volumen suficiente desde el primer año. Hasta entonces, la ventaja volverá a estar del lado de quienes detecten temprano y manejen cada lote con información.

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