Argentina podría reducir hasta 8% el precio del gasoil en pocas semanas si libera el uso del biodiesel, una alternativa más barata que hoy permanece limitada pese a la capacidad instalada disponible. En un contexto de suba de costos por la guerra en Medio Oriente, el debate vuelve al centro de la escena.
Así lo planteó Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC), quien describió un escenario de costos en alza, problemas logísticos y presión creciente sobre el productor. “El conflicto internacional también afecta a la Argentina”, advirtió.
La guerra impacta en el agro: logística, fertilizantes y costos en alza
El primer impacto aparece en la logística global, donde la situación ya genera distorsiones concretas en el comercio. “Por el Estrecho de Hormuz pasa alrededor del 25% de la flota marítima y hoy un 15% no puede circular”, explicó Idígoras.
Esta situación encarece el transporte y complica la operatoria exportadora, en un momento clave para la comercialización de granos. “Conseguir un barco para que venga a la Argentina es complejo y eso ha aumentado los precios”, señaló.
El segundo frente crítico es el de los fertilizantes, especialmente la urea, donde el faltante empieza a sentirse. “No hay reservas mundiales, por lo tanto el faltante es inmediato cuando se interrumpe la producción”, explicó.

En paralelo, el precio del gasoil comienza a presionar sobre toda la cadena productiva, afectando tanto la siembra como el transporte de granos. Esto ya genera tensiones en tarifas logísticas y anticipa un nuevo incremento de costos en plena campaña.
Biodiesel en Argentina: una solución inmediata que el sistema no usa
Frente a este escenario, el titular de CIARA-CEC puso el foco en una alternativa disponible y de rápida implementación: el biodiesel. “Es claramente posible y además de rápida implementación”, aseguró.
Sin embargo, el esquema actual limita su desarrollo y mantiene un sistema intervenido. “El cupo es muy caro para la sociedad porque está subsidiado y no hay oferta y demanda”, cuestionó.
El problema no es productivo, sino regulatorio, en un país que tiene capacidad de sobra. Argentina cuenta con una capacidad instalada cuatro veces superior al consumo de gasoil, pero utiliza menos de un 10% de ese potencial.
“¿Qué sentido tiene importar gasoil o pagar más caro cuando tenemos una opción más barata y accesible?”, planteó Idígoras.
Impacto directo: el gasoil podría bajar hasta 8% en pocas semanas
El diferencial de costos entre el biodiesel y el gasoil importado abre una oportunidad concreta para el mercado interno. “Hoy el biodiesel de soja está un 15% más barato que el gasoil importado”, explicó.
Ese diferencial se traduciría rápidamente en el surtidor. “Al menos entre un 7% y un 8% menos en el precio del gasoil tendría un efecto directo en la economía argentina”, sostuvo.
Además, la implementación sería inmediata, sin necesidad de grandes inversiones. “La fábrica está lista, se prende y al otro día se produce biodiesel. En 15 o 20 días puede estar en el surtidor”, detalló.
Una ley clave y una decisión política pendiente
Para que este escenario se concrete, el sector reclama una nueva ley de biocombustibles que permita ampliar los cortes y liberar el mercado. “Tiene que pasar por el Congreso porque hay que modificar la ley actual”, explicó.
El contexto internacional refuerza la urgencia de la medida, con países que ya avanzaron en esa dirección. “Brasil, Paraguay, Estados Unidos e Indonesia aumentaron los cortes y liberaron el mercado”, señaló.
Mientras tanto, Argentina enfrenta una paradoja cada vez más evidente: dispone de una solución inmediata para bajar el costo del combustible, pero aún no la implementa.
En un escenario donde la guerra encarece la producción y presiona sobre los márgenes del agro, esa decisión puede marcar la diferencia entre sostener la competitividad o perderla.






