La consultora Moiguer encontró una expresión para describir esta conducta: la “bolucompra“. Se trata de una adquisición de bajo costo que funciona como una pequeña recompensa y permite seguir consumiendo sin comprometer demasiado las finanzas del hogar.
En los hogares, no todo el presupuesto queda reservado para los gastos indispensables. También hay lugar para pequeñas compras de consumo que permiten darse un gusto, pero con una condición: sostener esos gastos sin resignar por completo la capacidad de ahorro.
Qué hay detrás de las “bolucompras”
Cuatro de cada diez hogares presentan, según Moiguer, un comportamiento que la consultora define como “compensador“. En estos casos, el ajuste no alcanza de la misma manera a todas las categorías: se reducen determinados gastos esenciales mientras se intenta conservar otros vinculados con el disfrute.
El concepto forma parte del último informe Social Mood, titulado “Argentina mejora, yo no”, correspondiente al tercer trimestre de 2026. El estudio muestra que esta conducta no aparece aislada, sino dentro de una transformación más amplia en la manera en que los argentinos administran su dinero.
La lógica es diferente a la de un presupuesto que simplemente elimina todo aquello considerado prescindible. El consumidor establece prioridades y decide qué gastos puede resignar y cuáles considera suficientemente valiosos como para mantenerlos.
Ropa, electrónica, salidas y viajes aparecen entre los consumos que algunos hogares todavía procuran sostener, aunque con una selección más cuidadosa.
El salario compra menos carne, pero más zapatillas
Los cambios en los precios relativos ayudan a explicar por qué esa vara de decisión se está modificando. Moiguer comparó qué cantidad de determinados productos puede adquirir un salario promedio y encontró resultados muy diferentes según el bien analizado. Entre 2022 y 2026, ese ingreso pasó de representar 156 kilos de carne a 95 kilos.
Ese criterio también modifica la relación con las marcas. Una compra puede justificarse no solamente porque sea barata, sino porque ofrece una combinación que el consumidor percibe como conveniente entre precio, utilidad y disfrute.
La comparación muestra que el poder adquisitivo no evoluciona de igual manera frente a todos los bienes. Para el consumidor, entonces, la pregunta dejó de ser únicamente cuánto cuesta algo y empezó a incorporar otra dimensión: qué obtiene a cambio del dinero que destina a esa compra.
En el caso de las zapatillas de primera marca ocurrió lo contrario: el mismo salario pasó de permitir la compra de 3,4 unidades a 10,1.
Más alternativas para buscar precio
La transformación tampoco se limita a lo que se compra. También alcanza a los lugares y mecanismos utilizados para acceder a los productos. Según los datos incluidos por Moiguer, el 54% de los encuestados afirmó haber comprado en un bazar chino durante los últimos meses.
El propio informe plantea esta cuestión a través de una pregunta: “¿Qué me devuelve este gasto?”. En ese análisis entran factores que van más allá del precio de góndola. La duración, la funcionalidad, la oportunidad de comprar y el disfrute que genera un producto pueden pesar en la decisión final.
La multiplicación de alternativas amplía el abanico que tiene el consumidor para comparar antes de gastar. Una persona que busca determinado producto ya no necesariamente confronta únicamente dos marcas de una misma categoría: puede evaluar opciones diferentes si considera que alguna de ellas le permite obtener más por el mismo dinero.
Otro dato del informe apunta en la misma dirección: las importaciones puerta a puerta aumentaron 641% frente a 2024.
Cuando la mejora de la economía no alcanza
El comportamiento de los hogares también está relacionado con sus expectativas. El informe de Moiguer registró por primera vez desde el comienzo de la serie una mayor proporción de respuestas negativas que positivas sobre la evolución del país. El 41% manifestó una expectativa negativa, frente al 38% que expresó una visión positiva.
Por eso, para las empresas, la competencia se vuelve más transversal. La disputa por el presupuesto puede producirse incluso contra productos que originalmente no eran considerados competidores directos.
Para el tercer trimestre de 2026, esa expectativa aparece más debilitada. El informe plantea que comienza a instalarse una diferencia entre la evolución de los indicadores macroeconómicos y la percepción que tienen los hogares sobre su propio bienestar.
Durante los dos años anteriores, según la lectura de la consultora, había coexistido una evaluación desfavorable del presente con la esperanza de que una recuperación de la economía terminara reflejándose en la situación personal.
El nuevo desafío para las marcas
La consecuencia para las empresas es que vender ya no depende exclusivamente de ofrecer un precio competitivo frente a otro producto similar.
En ese contexto, el presupuesto se administra sobre aquello que todavía admite decisiones. Los gastos variables ofrecen margen para ajustar, mientras que los compromisos fijos son percibidos como menos previsibles.
La “bolucompra” sintetiza esa nueva conducta. Incluso cuando el consumo masivo se encuentra bajo presión, algunos hogares conservan espacio para pequeños gastos que les permiten mantener una cuota de disfrute.
El consumidor puede cambiar de categoría, canal o tipo de producto si encuentra una alternativa que considera más conveniente. Por eso, el valor percibido pasa a reunir distintas variables: cuánto cuesta, cuánto dura, para qué sirve y qué experiencia proporciona.



