miércoles 11 febrero 2026

“Estamos retrocediendo 30 años”: Aapresid advierte sobre el alarmante abandono de la siembra directa

Preocupa el aumento de la labranza en distintas regiones del país, con caídas del uso de la siembra directa de hasta el 80%; alertan sobre riesgos para la sustentabilidad y pérdida de fertilidad de los suelos.

El XXXIII Congreso de Aapresid, que se desarrolla esta semana en La Rural, volvió a poner sobre la mesa un dato tan inesperado como preocupante: el uso de la siembra directa está cayendo a niveles críticos en varias zonas del país. Técnicos y asesores coincidieron en que el fenómeno, lejos de ser aislado, se extiende y amenaza la sustentabilidad de los sistemas agrícolas. En algunos casos, la práctica ha retrocedido hasta niveles previos a los años 90.

“Por diferentes razones, en distintos lugares, en algunos casos bajó al 50% el uso de la siembra directa. Es un dato muy duro que nos atraviesa hoy”, advirtió Guillermo Marrón, director del Instituto de Ingeniería Rural del INTA. Durante un panel titulado “Cuando la siembra directa se interrumpe: decisiones de impacto”, el especialista reveló que, según datos del INTA Reconquista, menos del 20% de los lotes tienen continuidad de siembra directa por más de seis años.

Aunque aclaró que no se trata de un abandono masivo del sistema, sí enfatizó que la labranza ocasional —motivada muchas veces por presiones económicas o decisiones sin diagnóstico técnico— interrumpe el proceso y obliga a recomenzar desde cero.

“Si el vecino lo hizo, lo hago”: malas decisiones con buen marketing

Uno de los factores que más preocupan a los técnicos es el creciente desconocimiento sobre los efectos negativos de la labranza. Navier Picco, ingeniero agrónomo y miembro de la Regional Videla de Aapresid, compartió los resultados de una encuesta realizada en el centro-norte de Santa Fe: el 60% de los productores y técnicos reconoció que la superficie bajo labranza alcanza el 50%, con mayor presencia hacia el norte de la región.

En Aapresid 2025, especialistas advirtieron que en varias zonas del país la siembra directa cayó al 50% o menos, lo que compromete la sustentabilidad de los suelos productivos.
En Aapresid 2025, especialistas advirtieron que en varias zonas del país la siembra directa cayó al 50% o menos, lo que compromete la sustentabilidad de los suelos productivos.

“La principal causa es la dificultad para controlar malezas, seguida de la compactación del suelo y el alto costo de los tratamientos químicos. Pero hay un 40% que directamente desconoce los efectos de la labranza o incluso los principios de la siembra directa. Es grave”, alertó Picco.

La falta de planificación también incide. “Se hace labranza porque el vecino lo hizo, porque quedó lindo o porque hay que amortizar el tractor. Eso nos hace retroceder 30 o 40 años”, lamentó el asesor.

Deformaciones, encharcamientos y pueblos inundados

Los efectos negativos ya se sienten en varias regiones. Marrón alertó sobre consecuencias concretas en diferentes zonas del país: “En San Justo se inundan los pueblos, en el sudoeste bonaerense los campos se vuelan y en Balcarce se encharcan por falta de infiltración. El tránsito de maquinaria pesada sin control genera compactación y huelleo”.

Desde la región de Bahía Blanca, Martín Dumrauff sumó otro dato crítico: “Detectamos que hasta el 80% de la superficie en algunas zonas está bajo algún tipo de labranza, aunque no siempre convencional. Se hacen intervenciones puntuales por compactación o por malezas resistentes como el raigrás”.

Aunque la decisión técnica pueda justificarse en algunos casos, Dumrauff advirtió sobre un riesgo mayor: “Estas prácticas responden a la búsqueda de soluciones rápidas, pero están comprometiendo la sustentabilidad a largo plazo”.

“No se hace diagnóstico, como en la salud”

Desde Mar del Plata, Hugo González, asesor y coordinador de la Regional local de Aapresid, explicó que incluso en zonas de alto conocimiento técnico se están observando señales de alarma. En la mayoría de los casos, los productores no realizan diagnósticos previos ni seguimiento de las intervenciones.

“Lo ideal sería tener un diagnóstico, como en la salud. Pero hoy se interviene sin saber realmente qué le pasa al suelo. En nuestra regional esto ya es un tema de preocupación central”, advirtió. En su zona, la papa es uno de los cultivos que más altera la estructura del suelo, pero también influyen otros factores como la salida de la ganadería, la presión de malezas resistentes y las restricciones de uso de agroquímicos en zonas periurbanas.

“Estamos a tiempo, pero hay que actuar ya”

Marrón fue tajante en su conclusión: “Somos conscientes de que los procesos son reversibles, pero hay que actuar ahora. No podemos perder la capa de suelo fértil que nos alimenta”. Para ilustrar la gravedad de la situación, compartió una metáfora potente: “Si uno divide al mundo como una manzana en 27 gajos, solo uno alimenta a la humanidad. Y no es todo el gajo: es solo la cáscara, la capa arable. Aapresid quiere que tomemos conciencia de eso”.

Los expertos coincidieron en que el retroceso de la siembra directa no tiene una única causa, sino que responde a un combo de factores: desde presiones económicas hasta deficiencias en la formación técnica. Pero si no se revierte, el impacto será profundo, con suelos menos fértiles, mayor erosión y menor capacidad de adaptación al cambio climático.

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