miércoles 11 febrero 2026

De punta a punta: récord ambiental con 20 millones de kilos de envases recuperados por CampoLimpio

Un sistema nacional que crece con los productores y consolida la economía circular en el agro argentino.

Julio de 2025 marcó un hito que hasta hace una década parecía inalcanzable. El sistema de gestión de envases vacíos de fitosanitarios, liderado por CampoLimpio, superó los 20 millones de kilos recuperados en todo el país. Se trata de un avance ambiental sin precedentes para la actividad agropecuaria, que no solo permite dar cumplimiento a una exigencia legal, sino que también contribuye activamente a la construcción de una economía circular dentro del sector.

La cifra representa mucho más que un dato acumulado. Refleja la consolidación de una red nacional con 92 Centros de Almacenamiento Transitorio (CAT) activos, distribuidos en 22 provincias argentinas, que día a día reciben, controlan, certifican y direccionan los envases hacia su correcto reciclado. Todo esto ocurre en un contexto donde todavía persisten malas prácticas como la quema, el entierro o el abandono de los plásticos en zonas rurales.

Una ley que cambió el paradigma

El punto de partida legal de esta transformación fue la Ley Nacional 27.279, sancionada en 2016 y reglamentada en 2019. La norma creó un esquema de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) que obliga a fabricantes, distribuidores, aplicadores, técnicos y productores a gestionar correctamente los envases vacíos de fitosanitarios, evitando que se transformen en residuos peligrosos.

Esta ley, considerada una de las más importantes en materia ambiental para el agro argentino, reconoce además la corresponsabilidad de los distintos eslabones de la cadena productiva. De ese modo, no se trata únicamente de reciclar, sino de transformar una cultura entera: de la eliminación descontrolada a la trazabilidad, la logística responsable y el aprovechamiento industrial de los materiales.

Del campo a la industria: un viaje circular

El plástico que se recupera a través del sistema CampoLimpio se reutiliza únicamente en usos seguros y controlados. Actualmente, existen 19 destinos autorizados de reciclado, entre los que se destacan la fabricación de caños tritubo para fibra óptica, postes, materiales de construcción y envases para productos químicos industriales. Cada uno de estos procesos está validado por operadores provinciales habilitados, lo que garantiza que no haya desvíos a circuitos informales o riesgosos para la salud.

Esto es clave: sin un sistema de gestión formal, el plástico de los envases vacíos podría terminar en productos de uso doméstico, como juguetes, utensilios o envoltorios de alimentos, generando un grave riesgo sanitario. En cambio, mediante el sistema actual, ese mismo material se transforma en insumo seguro para nuevas industrias, cerrando el ciclo productivo.

Crecimiento sostenido y federal

La evolución de CampoLimpio desde 2019 es notable. Aquel año, el sistema apenas contaba con siete centros operativos, todos en Buenos Aires. Hoy son más de 90 distribuidos federalmente, y el volumen recuperado creció a un ritmo del 30% interanual durante los últimos tres años.

Este despliegue no hubiera sido posible sin el trabajo articulado con gobiernos provinciales y municipales, que adaptaron normativas y definieron áreas de cobertura para facilitar la recolección. Así, productores de zonas alejadas o con menor infraestructura también pudieron acceder al sistema y cumplir con la ley.

Además, cada productor que entrega sus envases en un CAT recibe un certificado ambiental digital que acredita su cumplimiento legal. Este documento es clave no sólo para evitar sanciones, sino también como respaldo frente a exigencias crecientes de sustentabilidad por parte de los mercados externos.

Un esfuerzo colectivo para cambiar hábitos

María Pisanu, directora ejecutiva de CampoLimpio, enfatizó el valor social y ambiental detrás de cada dato:
“No estamos hablando sólo de números. Cada envase recuperado lleva detrás un esfuerzo colectivo, logístico y ambiental que merece ser reconocido”, expresó.

Y agregó: “Estamos transformando un hábito, un modo de operar en el campo. Lo que antes se enterraba o se quemaba, ahora se recupera, se certifica y se recicla. Pero sabemos que aún queda mucho por hacer y que solo podemos avanzar si seguimos trabajando juntos”.

CampoLimpio superó los 20 millones de kilos de envases vacíos de fitosanitarios recuperados. El sistema opera en 22 provincias y afianza la economía circular en el agro.
CampoLimpio superó los 20 millones de kilos de envases vacíos de fitosanitarios recuperados. El sistema opera en 22 provincias y afianza la economía circular en el agro.

La entidad también impulsa campañas de capacitación, talleres y jornadas técnicas para sensibilizar a productores, técnicos y distribuidores sobre la importancia de una gestión correcta. En muchos casos, la entrega de envases va acompañada por charlas sobre triple lavado, almacenamiento seguro y trámites digitales.

Riesgos que aún persisten

A pesar de los avances, persiste un desafío clave: reducir la informalidad en la gestión de residuos rurales. Según estimaciones del sector, aún hay una fracción significativa de envases que no ingresan al circuito oficial, ya sea por falta de información, infraestructura, o por prácticas ilegales como el reciclado clandestino.

Estos residuos, cuando no son gestionados adecuadamente, pueden terminar contaminando suelos, cursos de agua o, peor aún, reinsertándose en la cadena productiva como materiales para objetos de uso cotidiano. En ese marco, la labor de CampoLimpio no sólo es operativa, sino también preventiva y educativa.

Además, las condiciones geográficas de algunas regiones complican la logística. Por eso, desde la organización destacan la importancia de continuar expandiendo la red de CAT y puntos de recolección móviles, y seguir desarrollando alianzas público-privadas para garantizar acceso equitativo al sistema en todo el país.

Una plataforma de cambio en marcha

CampoLimpio se posiciona como un modelo de economía circular con impacto territorial real. Su capacidad para unir a productores, gobiernos, industrias y organizaciones demuestra que es posible transformar un problema ambiental en una solución con valor económico y social.

En un escenario global donde la trazabilidad, la sustentabilidad y la gestión de residuos se convierten en requisitos ineludibles para competir en los mercados, el sistema argentino se presenta como un caso de éxito replicable.

Pisanu lo resume así:
“Lo que estamos construyendo no es un simple sistema de recolección: es una nueva cultura ambiental para el agro. Cada envase recuperado es una decisión a favor del futuro”.

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