¿Se soltaron los precios? ¿La inflación empezó a recalentarse otra vez?
Algo pasó desde las elecciones para acá, con los precios en general, y con los alimentos y bebidas en particular.
Y un consumo que sigue frío, sin mejoras en relación con el resto del año.
Por lo pronto, este proceso les mete ruido a los estrategas del Gobierno. Un tipo de cambio planchado, que en términos reales hoy se encuentra más abajo que al momento de las elecciones.
El último informe de la consultora EconViews fue contundente: en las últimas seis semanas, hubo cinco que los precios subieron al menos 1% semanal.
Inflación: por qué se recalientan los precios
La dinámica inflacionaria se recalentó. De eso quedan pocas dudas. Lo determinó el INDEC el mes pasado, relevando un IPC del 2,3% para octubre; lo confirmaron las consultoras que monitorean los precios semana tras semana y que esperan un 2,5% para noviembre; y también lo determinan ahora las cadenas comerciales, que recibieron listas con aumentos por arriba de los meses anteriores.
Eco Go, de Marina Dal Poggetto, estimaron la suba de alimentos y bebidas en el 3,2% para noviembre. Y un nivel similar para este diciembre.
En Analytica, la consultora dirigida por el economista Ricardo Delgado, también midieron 1% para la primera semana de este mes.
El kilo de media res, que terminó noviembre en $8.000, ya está llegando a las carnicerías en $9.000. Un aumento del 12%; nada menos.
Carne y alimentos protagonizan las subas
El precio de la carne viene liderando los aumentos en los últimos 60-70 días. Y la dinámica no afloja.
Desde octubre hasta este comienzo de diciembre, la suba de la carne fue del 30% a nivel mayorista, cuenta Andrés Costamagna, director de la Rural a iProfesional.
“Tanto la carne como las frutas impactaron en la dinámica, en particular en las primeras dos semanas del mes, con correcciones del 5,8% y 18,7% respectivamente”, sintetizó el último informe de Eco Go.
Sin embargo, no es el único precio que se está moviendo, a la hora de hablar de los alimentos y las bebidas.
“La carne vacuna lideró la suba de precios (+65% interanual), muy por encima del resto de la nominalidad”, destacó un reporte de GMA. La inflación del último año rondó el 31 por ciento.
Esos incrementos incluyen desde alimentos básicos —harinas, fideos, aceites, leche— y otros envasados de segunda necesidad, como galletitas y postrecitos lácteos.
A las cadenas comerciales —grandes y más pequeñas— están llegando nuevas listas con incrementos de precios por arriba del 3%.
El factor “balances” pone en alerta a supermercados y empresas
El director de una fábrica de alimentos —una de las líderes— admitió que, antes del cierre del año, algunas grandes compañías tomaron la decisión de mejorar sus márgenes de comercialización.
En el caso de las bebidas, los ajustes son más importantes. Incluye a gaseosas y también a cervezas, entre 5% a 15%, a pesar de que las ventas en ese sector vienen golpeadas.
Hubo una cuestión determinante en torno a esa decisión: la suba en el valor de la carne.
“Fue un año muy contenido para todos los alimentos envasados. Hubo una decisión para recomponer márgenes en los productos más impactados por la crisis”, explicó el director de la alimenticia a iProfesional.
“Funciona como antes ocurría con el dólar ‘blue’. Ese precio no determinaba el precio final de un producto, pero la verdad es que cuando la brecha se ampliaba, también se recalentaba la inflación. Con la carne sucede un efecto parecido, al menos para la industria de la alimentación”, admite el gerente de otra fábrica.
Se trata de una variable que a menudo se menciona en la industria, pero puertas adentro. Nunca en público. Y refiere a que el precio de la carne suele ser un precio de referencia para el resto: cuando el valor de la hacienda se mueve, ese movimiento impulsa un reflejo en la industria de la alimentación.
Con dólar planchado, ¿cuándo bajará la inflación?
Estos movimientos no implican un cambio en las expectativas. Ni desde las consultoras privadas ni desde las compañías dan cuenta de un proceso que dé cuenta de una degradación del escenario esperado para 2026.
Y, otra cosa: empresas que mes a mes observan la suba de las tarifas de luz y gas. Y de la logística, vía el incremento de los combustibles, ¿podrían reaccionar de otra manera que no fuera un ajuste en sus listas de precios?
Lo dicho más arriba: ni el hecho de tener un dólar contenido ni un consumo retraído habilitaron una baja en la dinámica. Desde mayo, la inflación mensual sube; en vez de bajar.
Sin embargo, y esto no debería llamar la atención, el proceso inflacionario es duro de roer en la Argentina.
Dal Poggetto es concluyente: “El proceso inflacionario va a aflojar a partir de febrero y marzo, cuando termina el ciclo estacional de las subas de los precios”, dice.
Acá hay un llamado de atención para el Gobierno. ¿Cuál sería el efecto de una suba del dólar, por más moderada que sea? ¿El consumo podrá mejorar siendo que la inflación le sigue ganando a buena parte de los ingresos de los argentinos?
“El IPC debería caer por debajo del 2% mensual desde ese momento”, concluye.


