La carne de cerdo dejó de ser una opción ocasional y se consolidó en la mesa argentina. El consumo se acerca a los 20 kilos por habitante al año, mientras la producción sostiene una tendencia de crecimiento. Para el veterinario Marcelo Zysman, esa combinación abre una oportunidad de escala, empleo y exportación, aunque la cadena todavía enfrenta desafíos sanitarios y comerciales.
Más variedad en el consumo
Los argentinos consumen alrededor de 115 kilos de carnes por habitante cuando se suman vacuna, aviar y porcina. La composición cambió: el cerdo ganó terreno por precio, disponibilidad y una oferta de cortes más amplia.
Zysman destacó que ese avance obliga a dejar atrás viejos prejuicios. La calidad depende del sistema productivo, la alimentación, la sanidad y la conservación, no de una imagen histórica de la especie. La producción moderna trabaja con genética, nutrición y controles que permiten ofrecer cortes magros y homogéneos.
Brasil, entre proveedor y competidor
El crecimiento local convive con una mayor presión de importaciones, especialmente desde Brasil. La escala del vecino y las variaciones del tipo de cambio pueden alterar el equilibrio del mercado argentino. Para los productores, la competencia exige eficiencia, pero también condiciones sanitarias y comerciales comparables.
La respuesta no debería limitarse a defender el mercado interno. La Argentina tiene maíz, capacidad técnica y territorio para transformar grano en proteína y vender al mundo. Durante los primeros meses de 2026, las exportaciones porcinas crecieron en volumen y valor, con destinos diversos en América, Asia y África.
La sanidad como pasaporte
La aplicación del nuevo plan contra la enfermedad de Aujeszky, vigente desde el 21 de abril, es una pieza clave. La norma actualiza controles y busca avanzar hacia mejores estatus sanitarios. Para abrir mercados, no alcanza con producir más: cada establecimiento debe demostrar trazabilidad y ausencia de enfermedades.
Zysman señaló que la sanidad protege tanto al negocio como al rodeo. Protocolos de ingreso, vacunación cuando corresponde, diagnóstico y bioseguridad reducen pérdidas y fortalecen la credibilidad de la cadena.
El salto exportador requiere continuidad. Frigoríficos habilitados, acuerdos sanitarios, logística de frío y volumen estable son tan importantes como la producción primaria. Con un consumo interno cerca de 20 kilos y ventas externas en crecimiento, el cerdo argentino tiene una base más sólida. El próximo paso es convertir esa expansión en una política sostenida de agregado de valor.



