miércoles 4 febrero 2026

Chile: Bachelet quiere ser la primera líder de la ONU

Es la misma mujer, que junto a su madre, estuvo detenida en Villa Grimaldi y Cuatro Álamos, los mayores centros de tortura durante la dictadura de Augusto Pinochet.

En medio de un temporal de viento y lluvia, se subió a un tanque Mowag para recorrer Santiago inundado, acompañada de militares en uniforme de campaña.

Como estudiante de medicina en los años 70, en medio de la efervescencia política de la Unidad Popular que lideraba el presidente Salvador Allende, inicio su acercamiento a las Juventudes del Partido Socialista, en el que aún milita.

Hija de Alberto Bachelet, general de la Fuerza Aérea, condenado por traición a la patria por los conspiradores del golpe de Estado de 1973 y que murió luego de una jornada de interrogatorios y tortura, tras seis meses de detención, la vida de Michelle Bachelet estuvo marcada a fuego por los eventos que culminaron en el quiebre democrático en Chile.

Su madre, la arqueóloga, Angela Jeria, logró un permiso que les permitió partir al exilio, meses más tarde, a la República Democrática Alemana. Allí se casó con el socialista Jorge Dávalos y tuvo al primero de sus tres hijos.

Su padre, que había sido designado en 1972 por Allende jefe de Juntas de Abastecimiento y Precios (JAP) del gobierno, fue detenido el mismo 11 de septiembre; ella pasó a la clandestinidad hasta que en enero de 1975 fue detenida y torturada.

Tras la llegada al poder de Patricio Aylwin (1990) asumió diversas tareas en la salud pública, llegando a ser en 1994 asesora de la Subsecretaria de Salud. En 1996 cursó en la Academia Nacional de Asuntos Políticos y Estratégicos un Diplomado en Estudios Políticos y Estratégicos, y al año siguiente en Washington D.C., un curso superior de Defensa Continental en el Inter-American Defense College (IADC).

En 1979 retornó a Chile y retomó sus estudios de medicina en la Universidad de Chile, donde se tituló en 1983. Un año más tarde nació su segunda hija, al mismo tiempo que terminaba su matrimonio. A nivel político mantuvo un bajo perfil, hasta después del plebiscito que determinó el fin de la dictadura en 1988.

Fue un hito. No solo de género. Se trataba de la primera socialista en desempeñar el cargo en casi 30 años y quedaba al mando de las mismas Fuerzas Armadas de las que fueron víctimas ella y su familia.

En 1988 regresó al país como asesora del Ministerio de Defensa. Durante el gobierno de Lagos (2000-2004), fue ministra de Salud por un par de años y luego asumió la cartera de Defensa, la primera mujer en América Latina en ocupar ese cargo.

Dejó su primer mandato con un histórico 84% de aprobación, hasta hoy inalcanzable y seis meses después, en septiembre de 2010, fue nombrada directora de la recién creada agencia ONU Mujeres, donde logró un acuerdo para la eliminación y prevención de violencia contra mujeres y niñas. El enfoque de género ha sido una de sus batallas.

“Varios dicen que gracias al ejército soy presidenta de Chile, puesto que de aquí salimos con un tanque durante las inundaciones”, relataba en 2010, al final de su primer mandato de cuatro años, tras recibir un reconocimiento del Ejército, consciente del impacto que aquella imagen generó en el país.

A su segundo mandato (2014-2018) llegó tras renunciar a ONU Mujeres y respondiendo al llamado ciudadano, dado que era la figura del progresismo con más posibilidades de ganar a la abanderada de la derecha, Evelyn Matthei, sobre quien se impuso con 62,1% de los votos.

“He sido presidenta casi a pesar de ser mujer… pero porque soy mujer y conozco que hay muchas mujeres competentes, hago todo lo posible para que muchas más con capacidades y talentos puedan acceder a las áreas donde merecen estar y contribuir”, ha dicho.

En contra, le jugaron el aumento de la inmigración y una serie de casos de corrupción y financiamiento irregular de campañas políticas en su conglomerado.

Entre sus logros está la despenalización del aborto en tres causales, el fin del sistema político binominal -herencia de Pinochet-, la cuota mínima de 40% de candidatas mujeres al Congreso y el derecho a voto a chilenos en el extranjero.

En dicho rol realizó duros informes sobre la situación en Venezuela -donde logró el establecimiento de una misión en el país-, y sobre los abusos cometidos por China contra la Etnia uigur.

Al dejar el gobierno, su popularidad rondaba el 39%. Y casi de inmediato, nuevamente, salió del país para asumir como Alta Comisionada de NU para los Derechos Humanos (2018-2022), el 1 de septiembre, tras ratificada por unanimidad por la Asamblea General.

El presidente electo José Antonio Kast, en las antípodas de la posición política de Bachelet, ha dicho que tras asumir el mando, el 11 de marzo, tomará la decisión de apoyar o dejar caer la candidatura, que esta jornada fue inscrita oficialmente por el gobierno en ejercicio.

Estos últimos han sido mencionados, reiteradamente, por la derecha chilena para desestimar su candidatura a la Secretaría General del organismo; del mismo modo, que las críticas habituales del actual presidente Gabriel Boric a la política del presidente Donald Trump, dado que tanto China como Estados Unidos podrían vetar su nominación.

(ANSA).

Tras votar en las presidenciales de diciembre pasado y fiel a sus convicciones, Michelle Bachelet aseguró que “si llego a la ONU va a ser alineada a los principios de la carta de Naciones Unidas y además no siendo temerosa de las presiones de nadie”.

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