La Argentina puede volver a cosechar más de 150 millones de toneladas, pero todavía intenta mover ese volumen con una infraestructura pensada para una agricultura mucho más chica. Fernando Rivara, presidente de la Federación de Acopiadores, advirtió que rutas, accesos ferroviarios y puertos se transformaron en un cuello de botella que amenaza con restarle eficiencia a una campaña de gran potencial.
Producir más no alcanza
“Tenemos una infraestructura de cuando producíamos 40 o 50 millones de toneladas”, señaló Rivara durante el lanzamiento de la campaña gruesa. La comparación expone el desfasaje: la producción se multiplicó, mientras buena parte de la red vial y ferroviaria mantuvo capacidades, trazas y problemas de décadas anteriores.
El dirigente puso como ejemplo a la Ruta Nacional 5, donde el tránsito agrícola comparte la calzada con miles de camiones vinculados al traslado de arena hacia Vaca Muerta. Según su planteo, el aumento de la circulación agravó los riesgos y volvió más urgente la inversión. Sus referencias a la siniestralidad corresponden a una advertencia sectorial y no a un registro oficial consolidado.
El costo oculto de la logística
Los problemas no terminan en la ruta. Una cosecha concentrada exige coordinación en plantas, terminales portuarias y accesos urbanos. Cada demora aumenta el costo del flete, reduce la rotación de los camiones y traslada ineficiencias al precio que finalmente recibe el productor.
Rivara remarcó que el girasol aparece como uno de los cultivos destacados de la campaña y que el volumen general ofrece una oportunidad económica importante. Sin embargo, pidió evitar que el debate se agote en cuánto ingresará por exportaciones. Antes, dijo, hay que garantizar que los granos puedan salir de los campos, llegar a los puertos y embarcarse sin que la infraestructura convierta la abundancia en un problema.
Una agenda que necesita coordinación
El presidente de los acopiadores reconoció canales de diálogo con el Gobierno, aunque reclamó una articulación más práctica entre las áreas responsables de transporte, obra pública y producción. Para el sector, la macroeconomía puede mejorar y los derechos de exportación pueden bajar, pero ninguna señal de precios reemplaza una ruta transitable.
La próxima cosecha vuelve a colocar a la logística en primer plano. La capacidad productiva ya existe. El desafío es que la infraestructura deje de correr detrás de ella y se convierta en una condición para crecer.



