domingo 1 febrero 2026

Crisis del tomate en Salta y Corrientes: horticultura al borde del colapso

En el noreste argentino, productores enfrentan precios de remate, cargas dolarizadas e importaciones sin control, que los obligan a desechar toneladas de hortalizas.

La crisis del tomate en Salta y Corrientes impacta de lleno a los horticultores del norte argentino. Los precios se hunden, los costos se disparan y la entrada de productos importados, junto al contrabando, vuelve inviable la producción. La sobreoferta y los canales distorsionados llevan a que muchas cosechas terminen descartadas, regaladas o en el suelo, sin llegar nunca a los consumidores.

En Salta, Fernando Ortiz ya desechó 140 toneladas de tomate y 60 de berenjena. “Los precios no cubren ni el costo de producción”, sentencia. En Corrientes, productores de Goya reciben entre 3.000 y 5.000 pesos por cajón de 20 kilos de tomate —una cifra irrisoria frente a los 15.000 que necesitan solo para cubrir costos. Sin otra alternativa, muchos consideran tirar o regalar la fruta justo en las rutas.

¿Por qué se agrava la crisis del tomate en Salta y Corrientes?

La situación supera los vaivenes habituales del mercado. En Salta, los precios quedaron por debajo de lo que cuesta producir: un cajón de tomate se paga alrededor de 2.500 ARS, y la berenjena 4.000 ARS, cifras que no cubren ni insumos ni jornales. En Corrientes, ni siquiera esa rentabilidad mínima alcanza: los hortícolas reciben lo mismo que un consumidor paga por un kilo.

La crisis del tomate en Salta y Corrientes obliga a horticultores a desechar cosechas ante precios que no cubren costos, importaciones sin control y falta de apoyo.
La crisis del tomate en Salta y Corrientes obliga a horticultores a desechar cosechas ante precios que no cubren costos, importaciones sin control y falta de apoyo.

La importación acelera esta debacle: ingresaron miles de toneladas de tomate desde Chile y Brasil, además de productos ilegales desde Bolivia, que arrasan con la oferta local. En paralelo, las importaciones de banana se dispararon más del 13 %, completando un escenario donde la competencia es desigual.

Los insumos dolarizados agravan el problema: en Argentina se pagan fertilizantes, combustibles y maquinaria en moneda extranjera, algo impensable para los productores de países vecinos. Esa ventaja artificial hace imposible competir.

Impacto directo en la producción y el empleo

La crisis del tomate en Salta y Corrientes cala hondo: muchos productores reducen la superficie sembrada y cortan el uso de fertilizantes, lo que deteriora la calidad del producto. En Salta, aproximadamente el 50 % de la cosecha queda en el campo. En Corrientes, se repiten imágenes desgarradoras: cajones acumulados en los caminos o directamente abandonados.

El efecto social es devastador. Jornaleros trabajan menos, transportistas ven caer su actividad, y los mercados concentradores reciben menos volumen. En Goya, el ánimo está por el piso: “Necesito recibir 15.000 ARS por cajón para salvar la campaña”, se lamenta uno de los productores, y muchos consideran abandonar la actividad por falta de rentabilidad.

Las hortalizas de calidad rara vez llegan a las góndolas; muchas terminan en comedores, donaciones o como alimento para animales. La infraestructura rural, como caminos en mal estado, también complica la comercialización y agrava el abandono de la cosecha.

Crisis generalizada en el norte argentino

La crisis del tomate en Salta y Corrientes no es un problema aislado. Se extiende a otros cultivos —berenjena, zapallitos, banana— y a otras provincias como Jujuy y San Juan. La baja del consumo interno y la sobreoferta presionan los precios a niveles insostenibles para los productores.

Algunos intentan reconvertirse: procesan tomates para envasarlos o regalan la producción en las rutas para evitar el desperdicio. Pero estas acciones no resuelven la crisis estructural: los costos de producción y el acceso al mercado están totalmente desalineados.

Sin políticas urgentes que regulen las importaciones, mejoren infraestructura y aseguren una cadena comercial más justa, la horticultura regional corre el riesgo de desaparecer. En un contexto político complejo, los pequeños productores se sienten abandonados, sin herramientas ni apoyo para sostener sus cultivos.

Un llamado urgente para salvar los cultivos

El derrumbe de la horticultura en el noreste argentino amenaza no solo a los productores, sino también al abastecimiento interno. Si los agricultores abandonan el tomate, la oferta podría escasear y los precios subir en el futuro inmediato. Una paradoja: lo que hoy se descarta por falta de rentabilidad mañana podría faltar en las mesas.

Los productores no buscan subsidios eternos, sino condiciones mínimas de equidad. Exigen controles fronterizos efectivos, reducción de cargas impositivas, infraestructura y políticas que recuperen el equilibrio entre costo y precio.

Camiones que deberían cargar tomates ahora transportan pérdidas. La crisis del tomate en Salta y Corrientes ya no es solo una emergencia sectorial, sino una señal que convoca a diseñar un nuevo soporte institucional para garantizar que la horticultura del norte argentino sobreviva al colapso.

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