Cuando las vacas se ordeñan solas: el avance de los tambos robotizados y los nuevos desafíos de manejo

La experiencia pionera de Montechiari, una familia cordobesa que demuestra cómo la automatización redefine el manejo lechero. Más producción, mejores índices reproductivos y nuevas rutinas de trabajo impulsan un modelo cada vez más tecnificado.

En 2019, la familia Montechiari se convirtió en la primera en incorporar la robotización a su tambo. Hoy, desde Monte Maíz, en plena cuenca lechera, la firma se ubica entre las  principales productoras a nivel nacional y es punta de lanza en la implementación de tecnología, sustentabilidad y estándares de bienestar animal.

La experiencia se enmarca en una firma con más de 30 años de experiencia, que comenzó con la cría de cerdos pero hoy pisa fuerte en la producción lechera y cuenta además con resortes en la industria y la agricultura.

Pero el éxito productivo de “La Margarita” no se explica sólo por su robots de ordeñe sino que es fruto fundamentalmente, del manejo. Previo a compartir su experiencia en el Congreso Aapresid 2026 con la fuerza de Expoagro – que se desarrollará del 4 al 6 de agosto en Rosario – Keisy Montechiari, la bióloga a cargo del tambo familiar, detalló el trabajo que hace posible -y fructífera- la automatización.

La experiencia pionera de Montechiari, una familia cordobesa que demuestra cómo la automatización redefine el manejo lechero. Más producción, mejores índices reproductivos y nuevas rutinas de trabajo impulsan un modelo cada vez más tecnificado.

Pioneros

Por iniciativa de Daniel Montechiari, la familia se volcó a la producción lechera en 1989. En menos de una década lograron inaugurar 3 tambos y, a partir de los 2000 se adentraron también en la industria láctea, con varias marcas propias en el mercado.

Con el correr de los años, vieron la posibilidad de convertirse en los primeros del país en volcarse hacia la automatización, pero para ello tuvieron que mirar lo que sucedía puertas afuera. Las experiencias europeas mostraban la efectividad del uso de robots en tambos chicos, pero su propósito era escalar el sistema a su producción.

“La idea fue encerrar a los animales en sistemas confinados, y en Brasil vimos cómo combinaban el compost con los robots”, recordó Keisy, que para ese entonces estaba terminando de cursar sus estudios..

Fue así como, tras la compra de 8 robots de la firma Lely, se convirtieron en uno de los dos tambos pioneros en Latinoamérica del grupo Dairy XL, diseñados para planteos grandes. Actualmente, Montechiari cuenta con un rodeo total de 1400 vacas, de las cuales 400 producen bajo el sistema 100% automático.

El manejo como base de todo

“Sabemos que estamos haciendo algo diferente hace mucho tiempo, pero todo esto no es completamente gracias a la robótica”, explicó la bióloga, que asegura que se debepriorizar el buen manejo, mantener rutinas y establecer protocolos, porque esa es la base de la productividad”. A partir de allí, la incorporación de tecnología y estándares de bienestar animal aportan el “plus” buscado.

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El tambo robotizado permite a las vacas decidir cuándo alimentarse y ordeñarse por voluntad propia. Los robots eliminan las rutinas de madrugada y bajan los niveles de estrés, mejorando el bienestar animal, su salud y, finalmente, incrementando la producción de leche.

Sin embargo, a menudo la incorporación de esta tecnología obliga a reconvertir todo el esquema de trabajo en el establecimiento.

“El tambo es un combo de aspectos que te arrojan buenos resultados, desde el aporte de la tecnología y la cuestión sanitaria, hasta la comodidad y el confort del animal. Pero todo tiene que estar sincronizado para que eso ocurra”, afirmó Keisy, que sostiene que eso exige contar con “gente súper capacitada y alineada bajo el mismo concepto para que funcione”.

“Se necesita mucha estabilidad y constancia en cada tarea. Puede que incorpores robots y no funcionen por una cuestión de manejo”, agregó.

Cambios visibles

La joven bióloga lleva ya 7 años al frente del establecimiento y, desde su experiencia, insiste en una máxima: “La producción habla por sí sola”. En la escala de mejoras vinculadas a  la automatización menciona a la producción, la reproducción y el trabajo de los operarios, pero evita poner uno por encima del otro en orden de relevancia.

En el caso de la productividad, hoy el establecimiento robotizado tiene un promedio anual de 40 litros diarios, contra 36 que arroja el convencional. El objetivo final es romper la barrera de los 45 litros.

Pero la diferencia más perceptible, asegura, está en la tasa de reproducción. “En el robótico registramos tasas de preñez anual de 36%, que no habíamos visto nunca y al que no llegamos con el tambo convencional aún compartiendo protocolos”, explicó.

Los cambios también alcanzan a las rutinas de trabajo, a tal punto que ya no se parecen a las del sistema convencional. Eso no quita  que sigan siendo irremplazables.

El “tambero 4.0” – el término que usa Keisy para referirse a este nuevo rol – ya no debe trabajar de madrugada, y cuenta con horarios mucho más organizados. Como las vacas se dirigen solas a la zona de ordeñe, no es quien debe conectar las mangueras, pero sí quien debe llevar a las que quedaron “rezagadas”, y que el mismo sistema informa.

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“Tiene que hacer lo que el sistema indica: lograr que todos los animales se ordeñen, hacer las tareas sanitarias y la limpieza”, explicó la joven empresaria, que asegura que la tecnología fue determinante incluso en su propia trayectoria. “Si no hubiesen estado los robots creo que yo misma no hubiera estado en el tambo haciéndome cargo de todo”, se sinceró. Por su parte, ella además dirige KM, su propio laboratorio de diagnóstico y análisis integrales para todo el sector agropecuario.

Las “falsas dicotomías”

El enfrentamiento entre productividad y bienestar animal que suele plantearse en discuten con fuerza este tipo de planteos es para Keisy una falsa dicotomía ya que, allí, el confort de la vaca y los altos niveles de producción van de la mano.

Los establos cuentan con un sistema de ventilación que disipa el calor, y en la línea de comederos un sistema de aspersores refresca a las vacas. Los bebederos higienizados, por su parte, están disponibles en todo momento, y las camas de compost se renuevan con periodicidad para asegurar la sanidad.

Como cada animal circula dentro del establo y decide cuándo ordeñarse y comer, el sistema cuenta con la ayuda de collares electrónicos que los monitorean y advierten a tiempo si algún indicador de salud o bienestar disminuye.

“Aporta mucha información de salud en tiempo real. Uno tiene que saber qué buscar o qué mirar y poder actuar lo más rápido posible”, afirmó. Ese mismo sistema también se usa en su tambo convencional para estandarizar mediciones.

Cerrar el círculo

Inspirada en el sistema estadounidense, la firma también implementa un sistema de economía circular, que les permite elevar los estándares de sustentabilidad y conectar cada una de sus ramas productivas.

En el caso del tambo, el principal aporte es el del purín, un efluente que primero se composta, luego se estabiliza en lagunas especiales y finalmente se utiliza como abono en las tierras agrícolas.

“Llegamos a aumentar un punto la materia orgánica y a tener entre 100 y 120 partes por millón de fósforo. De hecho, hoy ya no se fertiliza con fósforo porque no es necesario”, ejemplificó Keisy, que asegura que velar por el cuidado ambiental es también un eje de ese “todo” que compone un tambo de avanzada como el suyo.

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