Los datos muestran una situación comparable a la de un contexto de conflicto: más de la mitad de los encuestados (55,4%) presenta niveles de depresión considerados “extremadamente graves”; dos tercios (66%) fueron diagnosticados con ansiedad severa y el 65,8% mostró cuadros de “estrés extremo”.
La investigación, publicada en la revista científica Social Ciencia & Medicina bajo el título “Impotencia y presión: vulnerabilidad de la salud mental en el contexto de los prolongados apagones en Cuba”, representa —según sus autores— “el primer análisis sistemático sobre cómo el colapso energético cubano está afectando clínicamente a la población”.
El estudio sostiene además que la crisis energética ya no puede considerarse únicamente un problema de infraestructura, sino también una crisis de salud pública, al haberse convertido en un mecanismo permanente de deterioro de la estabilidad emocional de la población cubana (Ansa).
Los investigadores concluyeron que el daño psicológico se debe principalmente al colapso funcional que los apagones recurrentes provocan en la vida cotidiana, afectando actividades básicas como cocinar, dormir, trabajar, estudiar o conservar alimentos.





