Buenos Aires, 26 marzo (NA) – El 27 de marzo se celebra el Día Mundial del Queso y la Argentina es protagonista porque cuenta con un estilo autóctono que se creó a orillas del Río Paraná y está presente en las mesas de todo el país.
Se trata del queso Goya —único queso argentino con Denominación de Origen (DO)—, un producto originario de la provincia de Corrientes que nació junto a la actividad de los navegantes del río Paraná y que, con el tiempo, le dio nombre tanto al queso como a la ciudad.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, la historia se remonta al siglo XVIII, cuando Gregoria Morales y Bernardo Olivera abastecían a los barcos del río Paraná con un queso artesanal hecho con leche de vaca alimentadas con frutos de palmera yatay, lo que le daba su sabor característico.
Con el tiempo, ese queso comenzó a ser conocido como “el queso de la Goya” y su fama creció rápidamente. Para el siglo XIX ya circulaba ampliamente por el territorio y fue uno de los primeros quesos producidos en el país en llegar a Buenos Aires gracias a los navegantes que lo transportaban río abajo.
Las características del Queso Gouda se detallan a continuación:
* Es un queso de pasta dura y semigraso, de color amarillo intenso.
* Tiene sabor salado con notas levemente picantes.
* Es ideal para tablas, picadas y maridajes.
* Combina especialmente bien con vinos Malbec o Cabernet Sauvignon jóvenes.
* Aunque hoy también se produce en la región pampeana, su origen está asociado al litoral correntino.
Además de su valor gastronómico, el queso Goya representa una rareza dentro del mapa quesero argentino: es uno de los pocos desarrollos locales que no replica directamente una receta europea, sino que surgió como resultado de la adaptación al territorio y a sus condiciones productivas.
EL QUESO CHUBUT, HERENCIA DE LOS COLONOS GALESES
Otro caso interesante dentro de los quesos de identidad local es el queso Chubut, desarrollado por colonos galeses que se instalaron en la Patagonia a fines del siglo XIX. A diferencia del queso Goya, su origen está vinculado a tradiciones europeas, pero su evolución en territorio argentino le dio características propias.
Este queso se produce principalmente en el valle inferior del río Chubut y se caracteriza por su textura semidura, sabor suave y buena capacidad de conservación. Fue pensado originalmente como un alimento resistente al paso del tiempo y a las condiciones climáticas del sur argentino.
Con los años se convirtió en un clásico regional y hoy forma parte del patrimonio gastronómico patagónico. Su presencia en ferias, casas de té galesas y circuitos turísticos de la provincia refuerza su valor cultural además del culinario.
LA PROVOLETA, UN INVENTO ARGENTINO DERIVADO DEL PROVOLONE ITALIANO
Dentro del universo quesero nacional hay otra creación muy representativa: la provoleta, un clásico infaltable de la parrilla argentina. Si bien deriva del queso provolone italiano, su formato y forma de consumo nacieron en el país.
La provoleta se desarrolló como una adaptación local pensada específicamente para cocinarse a la parrilla. Su textura permite que se dore por fuera y quede fundida por dentro, lo que la convirtió en uno de los platos más reconocibles del ritual del asado.
Con el tiempo se transformó en una entrada típica de reuniones familiares y encuentros entre amigos, acompañada con orégano, ají molido o aceite de oliva. Hoy es difícil imaginar una parrilla argentina sin provoleta.
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