domingo 1 febrero 2026

El consumo de carnes en Argentina crece 3,6 % en 2025 y la carne vacuna lidera la subida

En agosto, el consumo per cápita de carnes bovina, porcina y aviar experimentó un aumento de 3,98 kg, donde más de la mitad del crecimiento se explica por la carne bovina. La producción vacuna sube, pero también aumentan las importaciones, lo que plantea desafíos al sector.

En agosto de 2025, el consumo per cápita de carnes — bovina, porcina y aviar — registró un crecimiento interanual del 3,6 %, lo que equivale a un aumento de 3,98 kilos por persona en promedio. De ese total, la carne vacuna contribuyó con 2,16 kg, es decir más del 50 % del incremento. La carne porcina aportó 1,26 kg y la carne aviar 0,56 kg. Estos datos fueron difundidos por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación, en base a un relevamiento de la Dirección Nacional de Producción Ganadera con información de INDEC, SENASA y la Aduana.
Según ese informe, la dinámica por tipo de carne fue la siguiente: la carne vacuna lideró la mejora, la porcina mostró un salto importante, mientras que la aviar tuvo un crecimiento moderado.

En particular, el consumo promedio móvil al mes de agosto 2025 alcanzó los 50,83 kg por habitante para carne vacuna, frente a 49,76 kg en igual mes del año anterior; la carne porcina pasó de 16,80 kg a 18,05 kg y la aviar de 45,11 kg a 45,67 kg.

Producción y contexto de la carne vacuna

La mejora del consumo de carne vacuna se acompaña de una leve repunta en la producción. Por ejemplo, durante el primer semestre de 2025, la producción de carne vacuna totalizó unas 1,51 millones de toneladas en comparación con el mismo período del año anterior, lo que representa un aumento del 1,3 %. 
También se destaca que el país renovó record de exportaciones en 2024 con más de 935.000 toneladas de carne vacuna con hueso, pero al mismo tiempo importó más de 10.000 toneladas en 2025: algo inédito en décadas para una nación tradicionalmente exportadora de carne. 

Este doble escenario plantea desafíos. A pesar del aumento de la producción, el crecimiento del consumo y las exigencias externas hacen que la oferta doméstica esté bajo presión. Un informe señala que con mejoras en productividad (índices de preñez, destete, conversión alimenticia) el país podría duplicar su producción de carne vacuna sin necesidad de incrementar el número total de animales.

Balance sectorial: diversificación en el consumo

Si bien la carne vacuna concentra buena parte del crecimiento, también se observa un cambio en los hábitos dietéticos de los argentinos. La carne porcina exhibió un crecimiento interanual notable (por ejemplo, +7,7 % en el promedio móvil al mes de junio) lo que refuerza su papel como alternativa proteica. 
La carne aviar, por su parte, aumentó modestamente (+1,2 % en agosto) pero se mantiene como pilar del consumo habitual.

Este panorama sugiere una diversificación del consumo de proteínas animales, lo que puede beneficiar la seguridad alimentaria y la calidad nutricional, dado que todas estas carnes aportan proteínas de alta calidad, aminoácidos esenciales, y contribuyen al desarrollo muscular, la salud ósea y el mantenimiento de tejidos corporales.

Factores que incidieron en la suba

Varios factores explican la mejora del consumo:

  • Una leve recuperación del poder adquisitivo y un reajuste del comportamiento de los consumidores tras años de volatilidad.
  • Crecimiento de la producción vacuna, aunque con reservas sobre su sustentabilidad.
  • Ofertas más amplias de carnes alternativas (porcina y aviar) que permiten cierto equilibrio en el menú protéico.
  • Una menor presión exportadora directa sobre el consumo interno por determinados cortes o mercados, lo que facilita que más volumen quede para el mercado doméstico. Por ejemplo, se calculó que en el primer semestre de 2025 el volumen destinado al consumo interno de carne vacuna fue 11,4 % mayor que el año anterior.

Desafíos y escenarios hacia adelante

A pesar de la buena noticia del crecimiento del consumo, el sector enfrenta retos clave:

  • La necesidad de mejorar la eficiencia productiva: mayor tasa de preñez, mejor destete, rotación de pasturas y sistemas más intensivos, como lo describe un análisis que estima que es posible duplicar la producción sin incrementar el stock vacuno. 
  • La presión de las exportaciones y las importaciones: aunque Argentina es tradicionalmente exportadora de carne vacuna, en 2025 apareció el fenómeno de importación de carne bovina, lo que envía alarmas sobre oferta, costos y competitividad. 
  • Los costos y la macroeconomía: los costos de producción, insumos, genética, sanidad y logística siguen siendo elevadísimos en dólares, y el sector acusa debilidad competitiva frente a otros países. 
  • Una demanda que sigue siendo sensible al precio: la evolución del consumo aún depende de cuál sea la relación entre ingreso real y precios de la carne, y la inflación general del país. En agosto de 2025 la inflación mensual fue del 1,9 % y en los alimentos hubo un aumento que condiciona el consumo

Relevancia nutricional y social

El aumento del consumo de carnes también tiene un significado importante desde el punto de vista nutricional: las carnes bovina, porcina y aviar aportan proteínas de alta calidad y aminoácidos esenciales que el cuerpo no puede sintetizar por sí mismo. Son clave para la reparación de tejidos, el desarrollo muscular, el mantenimiento de la piel y los huesos, y para un buen funcionamiento del sistema inmune. Esta mejora en el consumo puede tener un impacto positivo en la salud de la población, siempre que esté acompañada por equilibrado acceso, variedad y control de calidad.

Buenas expectativas

El dato de una suba del consumo per cápita de carnes del 3,6 % interanual en agosto de 2025 es una señal alentadora para el sector cárnico argentino. Que más de la mitad del crecimiento se explique por la carne vacuna reafirma la relevancia tradicional del “asado” en la dieta argentina, pero también deja claro que las carnes porcina y aviar vienen ganando terreno. Para que este impulso se consolide, será clave que la producción mantenga su ritmo, que mejore la eficiencia, que la disponibilidad de oferta sea segura, y que los consumidores puedan sostener ese nivel de compra a pesar de los desafíos macroeconómicos.

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