El oro tuvo su mayor caída en más de 10 años, pero Wall Street cree que seguirá brillando

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El precio del oro ha registrado un avance histórico en lo que va del año, con un alza acumulada superior al 50%. A pesar de la correción de esta semana, que llevó al metal a sufrir su mayor caída diaria en más de una década, bancos en Wall Street mantienen una perspectiva optimista para los próximos trimestres.

“Creemos que es prematuro volverse negativos sobre el oro a pesar de la pausa en el repunte”, escribieron. UBS sostiene su proyección de cierre de año en US$4.200 por onza y considera que la combinación de tasas nominales más bajas, inflación elevada y tensiones geopolíticas seguirá impulsando el atractivo del metal.

Desde UBS, el estratega Wayne Gordon subrayó que el metal todavía sube 6% este mes y 56% en el año. Su equipo, integrado también por Giovanni Staunovo y Dominic Schnider, destacó que el ajuste de esta semana se produjo sin un catalizador macroeconómico evidente, lo que sugiere una toma de ganancias técnica más que un cambio en los fundamentos.

En la misma línea, Goldman Sachs ratificó su visión estructuralmente alcista. “Creemos que las compras estructurales y persistentes continuarán, y seguimos viendo un riesgo alcista para nuestra previsión de US$4.900 a finales de 2026”, escribieron Lina Thomas y Daan Struyven.

“Buscaríamos acumular oro si los precios cayesen aún más desde los niveles actuales, dados los retos a los que se enfrentan la economía y los mercados mundiales durante lo que queda de este año y el próximo”, afirmaron los estrategas.

Además, la firma advirtió que “incluso modestas reasignaciones de cartera podrían elevar sustancialmente los precios en el relativamente pequeño mercado del oro”.

La entidad apuntó a un fortalecimiento en la demanda de bancos centrales y fondos institucionales durante septiembre y octubre, y añadió que “los recortes de tipos de la Fed y los temas de diversificación impulsaron las tenencias de ETF y probablemente las compras físicas de personas con patrimonios ultra elevados”.

¿Y si se duplica el precio?

Esta semana, JPMorgan introdujo un ángulo diferente al analizar la función del oro como cobertura frente al riesgo accionario, desplazando a los bonos de largo plazo como instrumento predilecto de protección.

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Este comportamiento no sería coyuntural, sino el reflejo de un cambio más profundo en la lógica de asignación de activos, frente a una correlación cada vez más positiva entre acciones y bonos en episodios de estrés de mercado.

Según el equipo liderado por Nikolaos Panigirtzoglou, “la motivación para cubrir exposiciones en acciones ha sido más visible este año, ya que los inversionistas minoristas compraron acciones y oro simultáneamente y evitaron los bonos de largo plazo, es decir, su activo tradicional para cubrir el riesgo accionario”.

De concretarse una sustitución parcial de la duración en bonos por posiciones en oro, los precios podrían duplicarse en los próximos tres años. “La asignación al oro aumentaría mecánicamente al 4,6%, lo que implicaría casi una duplicación de los precios del oro si también se tiene en cuenta el crecimiento de otros activos financieros en el futuro”, escribieron en el informe.

El banco estima que actualmente los inversionistas no bancarios mantienen una asignación al oro del 2,6% sobre el total de activos financieros globales, y se pregunta si este nivel es suficiente dada la magnitud de las posiciones en acciones. “Esta asignación del 2,6% al oro probablemente no sea suficiente si nuestra evaluación de que se está utilizando oro en lugar de bonos de largo plazo para cubrir exposiciones accionarias resulta correcta”.

El consenso entre los grandes bancos de inversión es que el oro ha dejado de ser solo una cobertura ante inflación o eventos extremos. Hoy representa una herramienta activa de gestión de riesgo en contextos de mayor incertidumbre estructural, con fundamentos que respaldan su incorporación en estrategias de diversificación patrimonial a largo plazo.

En un escenario de revalorización de las acciones hasta niveles similares a los de la burbuja tecnológica y de expansión sostenida en los mercados de bonos y efectivo, el banco estima que “el precio del oro tendría que subir un 110% para que la asignación al oro aumente del 2,6% actual al 4,6% en 2028”.

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