En el corazón de Expoagro, una de las exposiciones agroindustriales más importantes de la Argentina, la empresa Michelin desplegó una propuesta tecnológica enfocada en un aspecto clave para la producción: el contacto entre la maquinaria y el suelo. Desde neumáticos de alta eficiencia hasta sistemas de orugas para terrenos difíciles, la compañía busca posicionarse como un aliado estratégico del productor agropecuario.
En diálogo con Palabra de Campo, la CEO de Michelin Argentina, Eliana Banchik, explicó que la oferta de la compañía para el agro está pensada para mejorar la productividad y cuidar uno de los recursos más sensibles del sistema productivo: el suelo.
“El principal activo que tiene el productor es su campo, y todo lo que nosotros hacemos apunta justamente a mejorar la productividad de ese activo”, explicó la ejecutiva durante la entrevista realizada en el marco de la muestra.
En ese sentido, destacó que la empresa trabaja con una gama completa de soluciones para maquinaria agrícola, que incluye neumáticos para tractores, cosechadoras e implementos, además de sistemas de orugas diseñados para operar en condiciones complejas de terreno.
La lógica detrás de ese desarrollo tecnológico es clara: optimizar el trabajo de las máquinas y, al mismo tiempo, proteger el suelo.
Según explicó Banchik, los neumáticos agrícolas de la compañía permiten ahorrar hasta un 30% de combustible, mientras que también logran reducir la compactación del suelo en un 18%, dos variables que impactan directamente en la eficiencia del sistema productivo.
La compactación es uno de los problemas agronómicos más subestimados del agro moderno, porque afecta la infiltración del agua, el desarrollo radicular y el rendimiento de los cultivos. Por esa razón, Michelin desarrolló tecnologías específicas como UltraFlex, diseñadas para distribuir mejor la carga de la maquinaria sobre la superficie del suelo.
Tecnología adaptada a cada campo y cada cultivo
Uno de los aspectos que la empresa destaca en su estrategia comercial es el asesoramiento técnico personalizado a los productores. En lugar de ofrecer soluciones estandarizadas, el equipo de Michelin visita los establecimientos para entender las condiciones específicas de cada sistema productivo.
“No hacemos asesoramiento de escritorio”, explicó Banchik durante la entrevista.
“Vamos al campo porque cada productor enfrenta desafíos distintos: no es lo mismo trabajar en Santa Fe que en Entre Ríos o en el centro de Buenos Aires, y tampoco es lo mismo producir soja que arroz”.
Esa diversidad productiva obliga a diseñar soluciones específicas según el tipo de suelo, la humedad del terreno o el sistema de maquinaria utilizado. Por ejemplo, en zonas con suelos más pesados o condiciones de anegamiento, las orugas pueden convertirse en una alternativa clave para evitar el patinamiento y reducir el impacto sobre el suelo.
La compañía incluso organiza demostraciones a campo abiertas, donde los productores pueden comparar directamente el desempeño de los neumáticos frente a otras alternativas disponibles en el mercado.
En esas pruebas se analizan variables concretas, como el consumo de combustible, la tracción o la huella que deja la maquinaria sobre el suelo. El objetivo es que el productor pueda comprobar en condiciones reales los beneficios de la tecnología.
Según la ejecutiva, ese proceso de demostración resulta fundamental para generar confianza.
“Muchos productores participaron en estas demostraciones y pudieron ver por sí mismos las diferencias en la pisada de los neumáticos y en el ahorro de combustible”, señaló.
Investigación global con pruebas en Argentina
Detrás de cada neumático agrícola hay un proceso de investigación mucho más complejo de lo que podría parecer a simple vista. Banchik lo resume con una frase que suele repetir cuando explica el producto.
“Uno ve algo negro y redondo, pero detrás hay una enorme cantidad de tecnología”.
Según explicó, un neumático agrícola puede contener más de 200 materiales diferentes, combinados para lograr un equilibrio entre resistencia, durabilidad, eficiencia energética y protección del suelo.
El desarrollo de estas soluciones requiere una inversión permanente en investigación y desarrollo. Michelin cuenta con más de 6.000 personas trabajando en innovación, distribuidas en centros tecnológicos ubicados en distintos lugares del mundo.
En esos centros se estudian variables como los compuestos del caucho, la estructura interna del neumático o el comportamiento en diferentes condiciones de carga y suelo.
Sin embargo, el proceso de innovación no termina en el laboratorio.
La empresa también realiza pruebas a campo con productores y universidades, incluyendo estudios certificados para validar los resultados de eficiencia energética o reducción de compactación.
“No alcanza con decir que un neumático ahorra combustible”, explicó Banchik.
“Nosotros realizamos ensayos con productores argentinos y con universidades, incluso certificados ante escribano, para demostrar que esos resultados son reales”.
Ese enfoque responde a uno de los valores centrales de la compañía: lo que denominan “respeto por los hechos”, una filosofía que busca respaldar cada afirmación técnica con datos verificables.
Más de un siglo en Argentina y adaptación a los cambios
Michelin lleva más de 110 años de presencia en Argentina, un período en el que el país atravesó múltiples ciclos económicos, crisis y transformaciones productivas.
Según Banchik, la clave para sostener la actividad en un contexto tan volátil fue la capacidad de adaptación a las distintas realidades del mercado.
“La Argentina ha tenido mucha volatilidad y nosotros no estuvimos ajenos a eso”, reconoció.
En los últimos años, el foco de la compañía estuvo puesto en explicar el valor agregado de sus productos, especialmente en un contexto donde los productores analizan cada inversión con mayor precisión.
La estrategia consiste en demostrar que el costo inicial de un neumático puede compensarse con beneficios productivos concretos, como menor consumo de combustible, mayor durabilidad o menor impacto sobre el suelo.
Desde esa perspectiva, Michelin busca posicionarse no solo como un proveedor de neumáticos, sino como un socio tecnológico del productor.
“Nuestro trabajo está muy enfocado en mostrar dónde está el valor del producto y cómo podemos ayudar al productor a mejorar su negocio”, afirmó la ejecutiva.
En un escenario donde la eficiencia productiva se vuelve cada vez más determinante para la rentabilidad del agro, la relación entre la maquinaria y el suelo aparece como un factor estratégico.
Y allí es donde Michelin intenta marcar la diferencia.
“Nuestro foco es estar al servicio del negocio del productor”, concluyó Banchik, sintetizando la estrategia de una compañía que apuesta a que la tecnología también puede comenzar por algo tan simple —y tan complejo a la vez— como el neumático de una máquina agrícola.




