A partir del mapa que permitió identificar ambientes favorables para el cultivo en la Argentina, el INTA profundiza el estudio de los requerimientos de frío y calor de distintas variedades. La investigación busca aportar información para orientar la elección de cultivares y anticipar su comportamiento en diferentes condiciones ambientales.
Conocer dónde existen condiciones favorables para producir pecán fue un primer paso para orientar el desarrollo del cultivo en la Argentina. Ahora, el desafío es avanzar hacia una caracterización más precisa: cómo responden las distintas variedades en cada ambiente y qué requerimientos térmicos tienen para completar su ciclo.
En esa línea, una investigación del INTA analiza la variabilidad fenológica —las diferencias en las fechas de brotación, floración, crecimiento y maduración de frutos, senescencia y caída de hojas, entre otros parámetros— de distintos cultivares en regiones del país. El trabajo forma parte de la tesis doctoral de Gastón Fuente, investigador del INTA Valle Inferior, y busca profundizar el conocimiento generado por el mapa agroclimático del pecán.
“Las variedades de pecán no son iguales en cuanto a sus requerimientos de frío y calor”, explicó Fuente. Por eso, identificar una región como potencialmente apta para el cultivo no implica que todos los materiales tengan el mismo comportamiento.
De acuerdo con el especialista del INTA Valle Inferior, el mapa agroclimático constituyó una de las primeras herramientas para analizar, a escala nacional, dónde existían condiciones ambientales favorables para esta especie. Desarrollado en el marco de los primeros trabajos del INTA sobre pecán, permitió orientar la introducción de variedades y acompañar la expansión de un cultivo que entonces se encontraba en una etapa incipiente en el país.
Su aporte fue pasar de experiencias productivas puntuales a una visión territorial. La investigación actual retoma esa base e incorpora registros de varios años para estudiar las diferencias entre cultivares y su relación con las condiciones de cada ambiente.
“El objetivo es pasar de una caracterización general de la aptitud del cultivo a una que contemple las diferencias entre variedades y entre ambientes”, señaló Fuente.
Registros para comprender el comportamiento del cultivo
A su vez, el estudio hace hincapié en saber cómo varía la fenología de las variedades entre regiones y entre años, y busca —además— estimar sus requerimientos térmicos. Para ello, se apoya en evaluaciones realizadas en distintas estaciones experimentales a través de la Red de Pecán INTA, que cubre el año y el largo del país.
Según detalló el investigador, en el Valle Inferior de Río Negro se evalúan 18 variedades y se dispone de una serie de aproximadamente 11 años de datos, que continuará ampliándose durante la investigación. Allí también se registran variables de crecimiento y producción, así como el desarrollo de los frutos y su madurez fisiológica.
Los avances permiten identificar diferencias entre cultivares y progresar en la estimación de sus necesidades de frío y calor. A partir de esa información, se busca desarrollar modelos que permitan anticipar eventos fenológicos y explorar cómo podría modificarse el comportamiento de las plantas frente a cambios en las condiciones ambientales.
Esta perspectiva también abre la posibilidad de analizar respuestas ante variaciones de temperatura y de los patrones climáticos a largo plazo. Sin embargo, el investigador del INTA Valle Inferior aclaró que los resultados todavía atraviesan una etapa de investigación y validación.
De la aptitud regional a la elección de variedades
Para un productor que evalúa iniciar una plantación, el mapa puede funcionar como una primera herramienta de orientación: permite consultar si las condiciones agroclimáticas generales de una región son compatibles con los requerimientos del pecán.
Fuente explicó que esa evaluación debe complementarse con el análisis del suelo, la disponibilidad de agua y la elección de las variedades. En este último punto, los estudios en marcha buscan aportar criterios basados en el comportamiento de los cultivares en ambientes argentinos.
Caracterizar los requerimientos térmicos permitiría contar con más elementos para identificar qué variedades son compatibles con determinadas regiones. También podría contribuir a anticipar fechas de brotación, floración y maduración, información relevante para planificar el manejo.
Para consolidar esas aplicaciones, será necesario integrar registros de diferentes años, ambientes y cultivares. “La intención es que las recomendaciones surjan como resultados ya consolidados”, indicó Fuente.
Así, el trabajo propone profundizar la información del mapa original: a la pregunta sobre dónde se puede producir pecán, suma otra decisiva para el desarrollo del cultivo, cómo se comporta cada variedad en cada ambiente.
IV Simposio Sudamericano de Pecán y Convención Anual de CAPPECÁN
Para seguir construyendo base productiva con tecnología y buenas prácticas y comunicar con claridad el salto logrado y lo que viene, del 28 al 30 de octubre se realizará en Catamarca y Tucumán el IV Simposio Sudamericano del Pecán y la Convención Anual de CAPPECÁN. Será un espacio estratégico para compartir avances, experiencias de campo e innovación, y para fortalecer la articulación entre producción, tecnología, calidad, agregado de valor y apertura de mercados.
El encuentro lo organiza el INTA junto a los organismos de ciencia y técnica de Brasil (EMBRAPA), Uruguay (INIA) con el apoyo de CAPPECÁN. El simposio constituye el principal ámbito de intercambio científico, tecnológico y productivo vinculado al cultivo de Pecán, articulando a investigadores, productores, empresas, cámaras, organismos públicos, instituciones de I+D, universidades nacionales, universidades internacionales e inversores.



