Excesos hídricos y nuevas tormentas agravan la saturación de suelos en Buenos Aires y Entre Ríos

El último reporte oficial confirma suelos saturados y anticipa otra ronda de lluvias que podría complicar la cosecha de soja y el arranque de la campaña fina.

La Dirección Nacional de Riesgo y Emergencias Agropecuarias publicó su boletín semanal de Eventos Meteorológicos Destacados con un mensaje contundente: en las próximas 48 horas volverán las tormentas al norte y este de Buenos Aires, este de Santa Fe y Entre Ríos, precisamente donde el suelo ya no admite una gota más. El organismo advierte que cualquier milímetro extra resultará excesivo, porque la escorrentía trasladará el agua hacia zonas más bajas y profundizará los anegamientos.

Las últimas mediciones —correspondientes al período del 19 al 25 de mayo— revelan que Pampa del Indio acumuló 112 mm, Monte Caseros 110 mm, Paso de los Libres 92 mm y Formosa 60 mm. Aunque ese núcleo de lluvias se concentró en el NEA, el sudeste bonaerense sigue bajo la lupa desde que, a mediados de mes, se registró un récord de 117 mm en 24 horas.

La saturación no se limita a la provincia de Buenos Aires: modelos de agua útil muestran excesos generalizados en el NEA y una expansión de zonas con humedad excedente en el norte de Santa Fe y el sur de Entre Ríos. El oeste de Córdoba y La Pampa, en cambio, atraviesa el típico secamiento otoñal.

Impacto en la cosecha de soja y la siembra fina

El informe oficial recuerda que Buenos Aires lleva 61 % de la soja cosechada, pero los lotes que restan se ubican, en gran medida, dentro del corredor anegado. Con trillas demoradas, los excesos hídricos amenazan pérdidas de rendimiento y calidad justo cuando los productores pensaban cerrar una campaña recuperada tras la sequía de 2023-2024.

Las lluvias récord dejaron campos bajo agua en el norte bonaerense. Hay cultivos perdidos, tambos aislados y rutas rurales destruidas. Más de 2.500 evacuados por el temporal.
Las lluvias récord dejaron campos bajo agua en el norte bonaerense. Hay cultivos perdidos, tambos aislados y rutas rurales destruidas. Más de 2.500 evacuados por el temporal.

Al mismo tiempo, marzo y abril dejaron recargas óptimas para el trigo, y los ingenieros ya proyectaban un arranque adelantado de la campaña fina. Sin embargo, el nuevo pulso húmedo podría obligar a reprogramar la siembra si los suelos no drenan lo suficiente. En el este bonaerense, los lotes pensados para trigos de ciclo largo permanecen bajo agua o muestran charcos que impiden el ingreso de maquinaria.

Entre Ríos enfrenta un dilema similar: las precipitaciones previstas para esta semana —que los modelos ubican sobre la ribera del Paraná— podrían extender el período de barbecho y desplazar la ventana óptima para la siembra de trigo y arveja de invierno. Santa Fe, por su parte, concentra su preocupación en los tambos y los caminos rurales; cada evento de más de 40 mm genera problemas logísticos para la salida de leche y granos.

Heladas inminentes y temperaturas bajo lo normal

A la amenaza de nuevas lluvias se suma un descenso térmico previsto para el centro y norte del país. La temperatura media de la última semana se mantuvo dentro de los promedios, pero se reportaron mínimas de -10,6 °C en El Calafate, con heladas extendidas en Patagonia y sierras. El pronóstico indica valores por debajo de lo normal para la próxima semana, un combo que aumentará el estrés de los cultivos que ya sienten la saturación.

Aunque el frío limitará la evaporación —y con ella la capacidad natural de los suelos para liberar humedad— también podría frenar la expansión de enfermedades fúngicas en los lotes de soja tardía que aún quedan en pie. No obstante, técnicos del INTA alertan que la ventana para curar esos cuadros se acorta: si las lluvias reaparecen este martes, los tratamientos fitosanitarios quedarán relegados.

Claves para el productor

  • Monitorear los pronósticos diarios del SMN y las alertas por tormentas amarillas que ya cubren el corazón agrícola del país.

  • Planificar la logística de cosecha y transporte antes de las precipitaciones; un día de campo seco puede marcar la diferencia.

  • Evaluar la posibilidad de cultivos de cobertura o prácticas de labranza mínima para mejorar infiltración y evitar erosión en suelos desnudos.

  • Ajustar la fecha de siembra de trigo según la temperatura del suelo y el riesgo de encharcamiento; sembrar “sobre el agua” suele traducirse en plántulas deficientes.

En síntesis, el boletín oficial dispara una señal de alerta temprana: el otoño 2025 amaga con repetir la película de excesos hídricos que complicaron la campaña pasada. Quien trace una estrategia flexible —y la ejecute con información en tiempo real— sacará ventaja cuando el clima finalmente abra una ventana de buen tiempo.

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