Desde la decada de adopcion masiva de la siembra directa y de cultivos tolerantes a herbicidas, el perfil y la intensidad del uso de fitosanitarios en Argentina cambiaron profundamente. Esa transformacion permitio reducir laboreos, conservar la estructura y la materia organica del suelo y optimizar el control de malezas; sin embargo, tambien modifico las presiones selectivas sobre las poblaciones vegetales y redefinio el manejo agronomico a escala nacional. Hoy el desafio es compatibilizar productividad sostenida con practicas que eviten la perdida de eficacia de las herramientas disponibles y minimicen riesgos ambientales y para la salud.
UN ENFOQUE INTEGRAL SOBRE LOS FITOSANITARIOS
El aumento de biotipos resistentes o tolerantes hace imprescindible adoptar un enfoque integral en el manejo de malezas. Los relevamientos de la Red de Malezas de Aapresid (REM) senalan que mas de 25,8 millones de hectareas presentan poblaciones con algun grado de resistencia o tolerancia. Esa realidad obliga a planificar estrategias que combinen medidas preventivas, culturales, mecanicas y quimicas, evitando depender de un unico principio activo o modo de accion.
Federico Elorza, Coordinador de Gestion Sustentable de CASAFE, remarca que los fitosanitarios siguen siendo herramientas esenciales, pero que su uso debe estar guiado por criterios de sostenibilidad y por evidencia cientifica. Elorza subraya que la siembra directa y los cultivos tolerantes cambiaron la escala del manejo y que ahora la meta es controlar malezas de forma efectiva y sostenible, retrasando la aparicion de resistencias y optimizando resultados productivos.
En ese marco, CASAFE impulsa el Manejo Integrado de Malezas (MIM) como eje central. El MIM promueve la rotacion de modos de accion para reducir la presion sobre un mismo blanco bioquimico, la preparacion adecuada de mezclas y dosis en aplicaciones cuando correspondan, la incorporacion de cultivos de servicio o de cobertura que compitan con las malezas, el uso estrategico de cultivos de rotacion y la planificacion de fechas y densidades de siembra para favorecer la competencia del cultivo. Ademas, el MIM prioriza el monitoreo y la toma de decisiones basadas en umbrales de dano y en evaluaciones de presencia y presion de malezas antes de recurrir a un control quimico generalizado.
El control integrado incluye tambien tacticas mecanicas y fisicas en situaciones puntuales: deshierbe mecanico en franjas, laboreos selectivos en cultivos especificos, quemas controladas cuando son legales y seguras, y tratamientos localizados que eviten aplicaciones a escala si la infestacion es heterogenea. La combinacion de estas tacticas reduce insumos, costos y la seleccion de individuos resistentes.
Paralelamente a las estrategias de manejo, la industria ha avanzado en la reduccion de riesgo y en la mejora de formulaciones. Actualmente, aproximadamente 2,5 de cada 4 productos utilizados pertenecen a la denominada banda verde, que corresponde a la categoria toxicologica IV segun SENASA y representa baja toxicidad aguda. Este avance se explica por el desarrollo de coformulantes mas seguros, formulaciones con menor volatilidad y mayor especificidad de accion, asi como por tecnologias de liberacion y aplicacion que reducen la deriva y la exposicion no deseada.
Elorza destaca que la industria apuesta a coformulantes mas seguros, nuevas tecnologias de aplicacion y al desarrollo de biologicos que complementen al control quimico. Los biologicos, que incluyen bioinsecticidas, biofungicidas y bioherbicidas, se integran cada vez mas a los programas de Manejo Integrado de Plagas y Malezas. Su crecimiento impulsa a un mercado que se expande a doble digito y que hoy muestra que cerca del 80% de las empresas socias de CASAFE produce tanto soluciones quimicas como biologicas, favoreciendo esquemas combinados y multifactoriales de control.
EL COMPLEMENTO TECNOLOGICO DE LOS FITOSANITARIOS
La innovacion en fitosanitarios incluye tanto nuevas moleculas como soluciones biologicas y mejoras en equipos de aplicacion. Desde compuestos clasicos como el 2,4-D o el glifosato hasta las mas recientes familias de inhibidores HPPD y otros modos de accion, la evolucion tecnologica amplio el arsenal disponible. Al mismo tiempo, la investigacion en formulaciones y coformulantes busca reducir volatilidad, mejorar adherencia foliar y controlar la liberacion del principio activo.
A nivel regulatorio, la evaluacion de riesgos ambientales y de exposicion se ha sofisticado. Los procesos incorporan modelos de deriva, de persistencia en suelo y agua, y monitoreos que permiten tomar decisiones informadas sobre autorizaciones y condiciones de uso. La existencia de sistemas de vigilancia y la disponibilidad de datos contribuyen a un uso mas responsable y transparente. En este sentido, CASAFE y otras organizaciones estimulan la articulacion publico-privada para mejorar la trazabilidad, la capacitacion y la respuesta ante eventos que requieran investigacion o medidas correctivas.
La gestion de envases y residuos tambien forma parte de la cadena de responsabilidad. Programas como Deposito OK y las acciones de gestion de envases vacios junto a CampoLimpio buscan asegurar que los recipientes se recojan, gestionen y dispongan correctamente, reduciendo riesgos de contaminacion y promoviendo la economia circular cuando es viable. La capacitacion en manipulacion, la disponibilidad de equipos de proteccion personal adecuados y las buenas practicas operativas son complementos imprescindibles para minimizar la exposicion y los incidentes.
Mirando hacia el futuro, la tendencia a combinar tecnologias quimicas y biologicas, junto con practicas agronomicas resilientes, es clara. Elorza sintetiza esta vision recordando que la sostenibilidad es un proceso continuo de mejora: no es un destino unico sino la busqueda constante de equilibrio entre productividad, innovacion y responsabilidad ambiental. Para lograrlo se requieren investigacion, regulacion agil y basada en evidencia, y esquemas de capacitacion que permitan a tecnicos y productores aplicar las herramientas disponibles de manera eficiente y segura.
En resumen, la agricultura argentina se encuentra en una etapa de transicion donde la integracion de buenas practicas agronomicas, tecnologias menos riesgosas y una regulacion moderna y colaborativa son esenciales. Solo asi sera posible mantener la productividad, proteger los recursos naturales y prolongar la eficacia de las herramientas fitosanitarias disponibles, garantizando alimentos seguros y un futuro sustentable para las proximas generaciones.


