Fletes agropecuarios: el Gobierno elimina las tarifas de referencia y abre la negociación libre

Transporte deroga las normas que fijaban precios orientativos: desde hoy los fletes agropecuarios se pactan entre partes, con foco en costos y logística de la cosecha.

El Gobierno dio un giro en el mercado de fletes agropecuarios y eliminó las tarifas de referencia que orientaban la contratación del transporte automotor de granos. La Secretaría de Transporte publicó la Resolución 48/2025 y, desde hoy, productores, acopiadores, exportadores y transportistas acuerdan valores de manera directa, sin una “tarifa testigo” estatal. La medida apunta a desregular, desburocratizar y simplificar normas que, según el propio expediente, generaban lecturas contradictorias y rigideces en plena campaña.

La decisión abroga la Resolución 8/2016 —que había creado la Mesa de Negociación Participativa y la tarifa de referencia— y la Resolución Conjunta 1/2023 —que rearmó una mesa de trabajo en contexto de emergencia logística—. El espíritu oficial marca continuidad con la Ley 24.653 de Transporte de Cargas: precios libres, amplia competencia y libertad de contratación. En paralelo, el documento reconoce un dato político: varias cámaras y entidades venían pidiendo “libre mercado” y ya se habían bajado de las mesas.

Qué cambia en los fletes agropecuarios con la derogación

La eliminación de la tarifa de referencia en fletes agropecuarios modifica el proceso de contratación y, sobre todo, el rol de la Carta de Porte: el esquema anterior exigía consignar el valor orientativo en ese formulario; ahora el precio se define por acuerdo privado y los actores trasladan esa negociación a contratos y órdenes de carga. La autoridad pública se reserva intervenir ante eventuales prácticas anticompetitivas denunciadas con pruebas, pero ya no oficia de árbitro de una tarifa única para todo el país.

La salida de cámaras de transporte como FADEEAC y FAETyL, y el pronunciamiento de la Sociedad Rural Argentina a favor de la libertad de mercado, despejaron el terreno. El propio sector había avanzado en marzo con un Acta Acuerdo que fijó un cuadro de valores consensuado entre dadores de carga y transportistas, sin la tutela del Estado. La Resolución 48/2025 consolida ese camino: cada corredor, distancia, tipo de carga, disponibilidad de camiones y estacionalidad de la cosecha pesarán en la nueva formación de precios de los fletes agropecuarios.

Para el productor, el cambio abre la puerta a “tarifas a medida” según condiciones del lote, tiempos de carga y descarga, ventanas de entrega y necesidades de caja. Para el transportista, la negociación directa permite ajustar números con mayor sensibilidad a sus costos reales: combustible, peajes, neumáticos, seguros, financiamiento y mantenimiento. Donde haya escasez de camiones —picos de trilla o cuellos de botella en accesos a puertos— el precio reconocerá esa tensión. Donde abunden unidades, la competencia moderará la tarifa.

Impacto en costos y precios: cómo se reacomodan los números

La presión de costos viene firme. El Índice de Costos del Transporte (ICT) que releva FADEEAC subió en agosto y acumula más de 20% en lo que va del año. Ese telón de fondo importa porque cada punto extra de costos empuja el piso de negociación de los fletes agropecuarios. En rutas largas, la logística puede explicar una porción sustantiva del valor del grano en origen; en rutas cortas, la incidencia baja, pero sigue pesando cuando los caminos rurales se deterioran tras eventos de lluvia o cuando los accesos a puertos se saturan.

La Bolsa de Comercio de Rosario viene señalando hace tiempo esa sensibilidad. Para un productor del NOA que envía maíz al Gran Rosario, el costo del camión puede rozar un tercio del precio; en la Zona Núcleo, para 180 kilómetros, la incidencia se reduce a alrededor de una décima del valor. Esa diferencia no solo refleja “distancia a puerto”: también revela brechas de infraestructura, tiempos de espera y logística de última milla. Sin una tarifa de referencia nacional, esa heterogeneidad quedará más a la vista en cada contrato.

¿Qué mirar desde hoy? Primero, la estacionalidad: en plena cosecha fina y gruesa la demanda de camiones escala y los fletes agropecuarios tienden a subir; fuera de pico, aparece margen para cerrar a valores más competitivos. Segundo, la disponibilidad de combustible y la velocidad de ajuste del precio del gasoil; tercero, el clima: anegamientos o cortes en rutas redefinen desvíos y kilómetros. Cuarto, la operatoria de puertos y plantas: si mejoran los turnos de descarga y baja la espera, cae el costo por tonelada. En síntesis: la tarifa ya no se “mira en una tabla”, se negocia con datos y contexto.

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