El impacto de las lluvias, las inundaciones y anegamientos en el centro oeste de la provincia de Buenos Aires se tradujo en una de las crisis más duras para la ganadería en los últimos años. En distritos como 9 de Julio, Lincoln, Bolívar y 25 de Mayo, los campos quedaron bajo el agua y miles de productores debieron tomar decisiones apresuradas para salvar lo poco que podían de sus rodeos.
Durante la Comisión Directiva Ampliada de la Sociedad Rural Argentina (SRA), realizada la semana pasada en la localidad de 9 de Julio, los testimonios pusieron en evidencia la magnitud del problema. Uno de los productores relató que tuvo que vender parte de su hacienda con una pérdida del 35% respecto del valor de mercado, una situación que se repite en toda la región afectada.
La sobreoferta de hacienda provocada por la imposibilidad de mantener los rodeos en campos inundados generó un colapso de precios en el mercado de invernada y cría. Frente a este escenario, la SRA tomó el reclamo y decidió elevarlo de manera urgente a las autoridades nacionales, buscando mecanismos para atenuar los daños.
El pedido de la SRA y la respuesta de ARCA
La gestión gremial se enfocó en un punto clave: lograr un alivio impositivo para los productores que se vieron obligados a realizar ventas forzosas. El planteo se dirigió a Juan Pazo, titular de la Agencia de Recaudación de la República Argentina (ARCA), organismo que centraliza las herramientas fiscales para el sector.
La respuesta fue inmediata. Tras la declaración de emergencia por parte del Ministerio de Economía, ARCA dispuso una serie de beneficios fiscales que buscan dar aire a los productores en el corto plazo:
Exención en el Impuesto a las Ganancias para los productores que debieron desprenderse de su hacienda por motivos de fuerza mayor.
Planes de pago especiales de hasta 48 cuotas, que incluyen obligaciones vencidas mientras dure la emergencia o el desastre agropecuario.
Plazo de 12 meses posteriores a la finalización de la emergencia para acceder a los beneficios.
Estas medidas permiten que quienes sufrieron pérdidas directas puedan reorganizar su economía y proyectar la recuperación de la actividad, evitando una mayor descapitalización.
La importancia del accionar gremial
Desde la conducción de la SRA remarcaron que el rol de la entidad fue clave para que se activaran los mecanismos de asistencia. Al recoger las inquietudes en territorio y trasladarlas de manera inmediata a los organismos correspondientes, la gremial actuó como un puente entre productores y Estado.

“El objetivo era claro: lograr que los productores ganaderos que tuvieron que vender hacienda a precios castigados puedan contar con un alivio concreto y rápido”, expresaron desde la SRA.
El accionar gremial no solo se limitó a reclamar beneficios fiscales, sino que también puso sobre la mesa la necesidad de avanzar en soluciones estructurales para enfrentar futuras emergencias climáticas. La repetición de inundaciones en el centro y oeste bonaerense refleja la vulnerabilidad del sistema productivo frente a fenómenos extremos, que cada vez se vuelven más frecuentes.
Una crisis que expone fragilidades estructurales
La emergencia hídrica actual no es un hecho aislado. En los últimos cinco años, distintas regiones productivas de Buenos Aires enfrentaron situaciones similares que obligaron a declarar la emergencia agropecuaria en reiteradas ocasiones.
Especialistas advierten que la falta de obras de infraestructura hídrica, el deterioro de los suelos y la creciente variabilidad climática hacen que cada evento de lluvias intensas tenga un efecto devastador. En este contexto, los productores no solo reclaman asistencia coyuntural, sino también inversiones en canales, reservorios y sistemas de drenaje que permitan mitigar el impacto futuro.
El Ministerio de Economía, al declarar la emergencia, reconoció la magnitud del problema y abrió la puerta para que las provincias y municipios puedan coordinar acciones de recuperación. Sin embargo, la discusión de fondo gira en torno a cómo garantizar la sustentabilidad de la producción ganadera en un escenario de mayor recurrencia de inundaciones.
Consecuencias económicas y sociales
La venta forzosa de hacienda no solo afecta a los productores individuales, sino que también repercute en toda la cadena. Los precios deprimidos en los remates impactan en los ingresos de las familias rurales, en la liquidez de los contratistas y en la capacidad de los frigoríficos regionales para abastecerse de animales en condiciones normales.
A esto se suma el efecto en la economía local: comercios, proveedores de insumos y transportistas ven reducida su actividad cuando el campo atraviesa emergencias de esta magnitud. La pérdida de capital ganadero también implica un impacto a mediano plazo, ya que recuperar los rodeos vendidos por necesidad puede tardar años.
En las zonas rurales más castigadas, los productores coinciden en que la asistencia fiscal llega como un respiro, pero advierten que el desafío será mucho más grande: reconstruir la capacidad productiva y mantener las fuentes de trabajo vinculadas a la ganadería.
Lo que viene: reconstrucción y resiliencia
Con los beneficios fiscales en marcha, el desafío inmediato es que los productores afectados puedan tramitar con rapidez las exenciones y los planes de pago. La ARCA habilitó un período extendido para la presentación de solicitudes, que se podrá realizar incluso hasta un año después del cese de la emergencia, lo que otorga un margen importante de gestión.
Al mismo tiempo, la SRA y otras entidades rurales insisten en la necesidad de articular un plan integral que contemple obras hidráulicas, financiamiento accesible y herramientas de seguros agropecuarios. La resiliencia del sector ganadero bonaerense dependerá de la capacidad de combinar la asistencia coyuntural con una estrategia de largo plazo.
Mientras tanto, en los campos anegados del centro oeste bonaerense, los productores esperan que las lluvias den una tregua y que las medidas anunciadas se transformen en un verdadero alivio. La venta forzosa de hacienda con pérdidas del 35% es hoy la imagen más cruda de una emergencia que volvió a golpear con fuerza al corazón productivo del país.


