El secretario de agricultura, Sergio Iraeta, hablo de las retenciones y eso marcó el tono de su exposición en Las Nacionales – Edición Santander, la tradicional muestra ganadera que se realiza en Corrientes. En un contexto de tensión con los productores, Iraeta reafirmó que el regreso de las alícuotas plenas para cultivos como soja, maíz y girasol responde a una necesidad de responsabilidad fiscal, y anticipó una reestructuración profunda del INTA, además de confirmar la continuidad de la campaña de vacunación contra la fiebre aftosa.
El funcionario nacional no esquivó las críticas del sector agropecuario y, por el contrario, se mostró firme en su postura. “La responsabilidad fiscal no se puede abandonar”, afirmó ante un auditorio que lo escuchó con atención, aunque con reservas. Según Iraeta, la falta de equilibrio en las cuentas públicas fue una de las causas principales de la crisis económica que atraviesa el país, y por eso el Gobierno decidió volver a aplicar las retenciones en sus niveles originales.
A partir de julio, la soja pasará del 26% actual al 33%, mientras que el maíz, el girasol y el sorgo también verán incrementos. En contraste, el trigo y la cebada mantendrán una tasa del 9,5% hasta marzo de 2026. Esta diferenciación busca evitar un impacto negativo en las economías regionales más sensibles, aunque no logró disipar del todo el malestar entre los productores.
Iraeta explicó que la medida no fue improvisada, sino que responde a una estrategia fiscal que busca ordenar las cuentas sin desfinanciar al Estado. “No se puede gobernar sin recursos. Y esos recursos tienen que salir de donde hay capacidad contributiva”, sostuvo. También aseguró que el diálogo con las entidades del campo sigue abierto y que se están evaluando mecanismos de compensación para los pequeños y medianos productores.
En paralelo, el secretario de Agricultura abordó otro tema sensible: el futuro del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). En los últimos meses, distintos Consejos Regionales del organismo denunciaron un ajuste “inconsulto” y una reestructuración que consideran perjudicial para su autonomía y capacidad operativa. Iraeta reconoció que se está revisando la gobernanza del INTA y que habrá cambios en su estructura administrativa.
“Estamos estudiando cómo se va a manejar el INTA. Las cosas llegan a ciertos puntos por una razón, y si se llegó hasta acá, hay que buscar cómo solucionarlo”, explicó. Aunque no brindó detalles concretos sobre los cambios, dejó entrever que el objetivo es modernizar el organismo y hacerlo más eficiente, sin perder su rol estratégico en el desarrollo tecnológico del agro.
Desde el sector productivo, las reacciones fueron mixtas. Mientras algunos valoraron la intención de modernizar el INTA, otros advirtieron que cualquier reforma debe hacerse con participación de los actores involucrados y sin afectar la capacidad de investigación y extensión del organismo. “El INTA es una herramienta clave para el desarrollo del campo argentino. No se puede tocar a ciegas”, señalaron desde una de las entidades de la Mesa de Enlace.
En cuanto a la campaña de vacunación contra la fiebre aftosa, Iraeta fue categórico: “La sanidad animal es una prioridad que no se negocia”. Confirmó que el operativo continuará con normalidad y que se mantendrán los estándares sanitarios que han permitido a la Argentina sostener su estatus internacional. Si bien no se anunciaron cambios específicos, el mensaje fue claro: el Gobierno no piensa relajar los controles sanitarios en un momento en que los mercados internacionales exigen cada vez más garantías.
La exposición de Iraeta en Corrientes dejó en claro que el Gobierno apuesta a un equilibrio fiscal sin abandonar el diálogo con el campo. Las decisiones sobre retenciones, INTA y aftosa marcan el rumbo de una política agropecuaria que busca sostenerse en medio de tensiones, pero con señales de continuidad y reforma.
En los pasillos de la muestra, los productores debatían sobre el impacto de las medidas. Algunos expresaron su preocupación por el aumento de las retenciones, especialmente en un contexto de costos crecientes y márgenes ajustados. Otros, en cambio, valoraron la claridad del mensaje oficial y la voluntad de mantener abiertas las instancias de diálogo.
Lo cierto es que el escenario agropecuario argentino sigue siendo complejo. A la incertidumbre económica se suman los desafíos climáticos, la presión impositiva y la necesidad de mantener la competitividad en los mercados internacionales. En ese contexto, las definiciones de Iraeta cobran especial relevancia.
El secretario de Agricultura no solo defendió las decisiones del Gobierno, sino que también buscó tender puentes con el sector. “Sabemos que el campo es parte de la solución. Pero también necesitamos que entienda que el país está en una situación crítica”, concluyó.





