domingo 1 febrero 2026

La agricultura digital argentina desafía a cerrar la brecha entre el dato y la decisión

La digitalización del agro avanza con fuerza en la Región Pampeana, pero el verdadero desafío ya no es generar datos, sino convertirlos en decisiones agronómicas eficientes, rentables y sustentables.

La agricultura digital en Argentina atraviesa una etapa de madurez tecnológica que contrasta con un desafío todavía pendiente: transformar el enorme volumen de datos disponibles en decisiones concretas dentro del lote. La infraestructura existe, la adopción crece y las herramientas se multiplican, pero la llamada “brecha entre el dato y la decisión” se consolida como el principal cuello de botella del sistema productivo.

La Agricultura de Precisión (AP) muestra un fuerte desarrollo en la Región Pampeana, donde se concentra el 86,5% de los establecimientos agropecuarios que aplican estas prácticas. Provincias como Córdoba (28,1%), Buenos Aires (27,8%) y Santa Fe (23,2%) lideran la adopción, apoyadas en un parque de maquinaria altamente tecnificado: cerca del 95% de las cosechadoras ya cuenta con monitores de rendimiento, habilitando esquemas de manejo sitio-específico, dosificación variable y una gestión más eficiente de insumos.

Este avance se refleja también en la superficie monitoreada. Se estima que el 47% del área agrícola nacional está documentada con herramientas digitales avanzadas, un salto significativo en pocos años. Sin embargo, la disponibilidad de información no garantiza, por sí sola, mejores decisiones.

El desafío operativo de la digitalización

El ingeniero Juan Pablo Cosentino, referente en conectividad y agricultura digital, advierte que el principal límite hoy no es tecnológico, sino operativo y de gestión. Más de 12.000 máquinas conectadas generan datos de unas 18 millones de hectáreas, cerca del 50% del área sembrada, pero gran parte de esa información no logra traducirse en acciones agronómicas concretas.

Según Cosentino, avanzar hacia el llamado Paradigma 4.0 implica ir más allá del registro pasivo de datos. Se trata de integrar variables ambientales, productivas y edáficas para simular escenarios, analizar causas y efectos, y a partir de allí predecir, prescribir y actuar. La clave está en comprender por qué ocurrió lo que ocurrió en cada campaña, para proyectar con mayor precisión las decisiones futuras.

En ese proceso, la digitalización no solo mejora la productividad, sino que construye una huella digital del cultivo, donde queda registrado qué se hizo, cómo y por qué. Esa trazabilidad empieza a consolidarse como una nueva propuesta de valor, cada vez más relevante para la competitividad del agro argentino en los mercados globales.

Barreras estructurales y culturales

Pese al avance tecnológico, persisten limitantes estructurales. Solo el 34% de los establecimientos recibe asistencia técnica externa, un dato que explica por qué muchos productores cuentan con información, pero no con el acompañamiento necesario para interpretarla y convertirla en decisiones agronómicas de calidad.

La adopción plena de la AP también se concentra en explotaciones de mayor escala, debido a los costos iniciales y a la necesidad de capacitación especializada. A esto se suman problemas de conectividad en amplias zonas rurales, aunque las soluciones satelitales comienzan a reducir esa brecha.

En paralelo, aparecen barreras culturales. La resistencia al cambio, la desconfianza sobre la privacidad de los datos y la brecha de habilidades digitales llevan a que muchas herramientas se utilicen de forma parcial. De hecho, se estima que el 92% de los productores emplea soluciones digitales de manera aislada, sin integrarlas en un sistema de gestión unificado.

Beneficios medibles y casos concretos

A pesar de estos desafíos, los beneficios de la digitalización ya son cuantificables. Ensayos de AAPRESID reportaron ahorros de hasta el 80% en herbicidas mediante aplicaciones selectivas, mientras que experiencias de CREA muestran reducciones de entre el 63% y el 68% según el cultivo, con ahorros de entre 32 y 34 dólares por hectárea.

La telemetría generada por las máquinas conectadas permite además mejorar la logística, reducir solapamientos, optimizar recorridos y fortalecer la trazabilidad, aspectos clave tanto para la eficiencia económica como para la sustentabilidad ambiental.

Plataformas integradas y el rol de xarvio®

En este escenario, las plataformas holísticas ganan protagonismo. Soluciones como BASF con su plataforma xarvio® FIELD MANAGER apuntan a integrar múltiples herramientas en una única interfaz, reduciendo la fragmentación tecnológica y facilitando la toma de decisiones.

Las funcionalidades con mayor impacto incluyen Spray Timer, Nutrición y Siembra Variable, Muestreo de Suelos y el Mapeo Digital de Malezas asistido por drones. Esta última tecnología se destaca por su rápida adopción, ya que permite generar prescripciones para aplicaciones sectorizadas con ahorros superiores al 60% en insumos.

“En xarvio® trabajamos de forma continua para que la plataforma sea cada vez más intuitiva, simple y compatible con distintos sistemas y equipos. La mejora en la experiencia de usuario es clave para facilitar la integración de datos y la planificación operativa”, explicó Pablo Provera, gerente senior de Soluciones Digitales de BASF.

Acompañamiento técnico y sostenibilidad

Un diferencial central del modelo es el acompañamiento. BASF respalda la evolución de xarvio® con una red de consultores digitales distribuidos en todo el país, que trabajan junto a productores y contratistas para adaptar las herramientas a cada sistema productivo y acelerar la curva de adopción.

La plataforma también incorpora funcionalidades offline para enfrentar los problemas de conectividad y promueve capacitaciones continuas, abordando de forma directa varias de las barreras señaladas por Cosentino. En paralelo, contribuye a la sostenibilidad del sistema productivo al optimizar el uso de fitosanitarios, agua y energía, y reducir la huella de carbono.

El foco en los contratistas rurales resulta estratégico: este segmento concentra más del 60% de las labores agrícolas en Argentina y cumple un rol clave en la difusión y adopción de tecnologías digitales.

Un cambio que ya no es opcional

La visión de largo plazo es ambiciosa. BASF proyecta digitalizar 400 millones de hectáreas a nivel global y capacitar a productores en Buenas Prácticas Agrícolas, consolidando un modelo más eficiente, inclusivo y sustentable.

En la agricultura argentina, el salto tecnológico ya ocurrió. El desafío ahora es cultural y operativo: pasar del dato a la decisión. Allí se juega buena parte de la competitividad futura del agro.

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