Un testimonio desde Gran Malvina: “esperar y seguir vivo”
El silencio en la Gran Malvina duraba lo justo para que los jovenes pudieran encender un recuerdo y sostenerlo hasta el proximo estruendo. Rodolfo Barboza tenia 19 anos cuando el 2 de abril de 1982 partio rumbo a un conflicto que marco a toda una generacion. Reclamado luego de haber cumplido el servicio militar en Monte Caseros, Barboza llego a las islas tras un viaje que para el, nacido y criado en Tapebicua -un paraje rural del sur de Corrientes- fue una sucesion de primeras veces: el frio, las distancias y la sensacion de extraneza ante un escenario de guerra.
En Malvinas, su funcion fue la de ayudante de lanzacohetes dentro de una unidad especializada en la construccion y destruccion de campos minados. Permanecio con el Regimiento 5 de Infanteria en Gran Malvina, la isla mayor del archipielago, austera en infraestructura y sometida a continuos bombardeos navales y aereos britanicos. “Casi todas las noches teniamos que ir a las trincheras y esperar que no nos cayera ninguna bomba cerca”, recuerda. La potencia de fuego britanica y el alcance de sus fragatas -que podian disparar a distancias del orden de 20 kilometros- dejaban a las piezas argentinas en clara desventaja. “Los nuestros tendrian unos 7 kilometros, asi que no podiamos competir”, explica.
La experiencia de Barboza coincide con el registro historico: la guerra por las islas duro 72 dias, entre el desembarco argentino el 2 de abril y la rendicion argentina el 14 de junio de 1982. Las bajas argentinas rondaron los 649 muertos, segun el recuento oficial; el Reino Unido sufrio 255 fallecidos. Para quienes volvieron, el regreso no significo el cierre del episodio. “Fue algo muy duro el regreso. Muchos veteranos despues se quitaron la vida. Necesitabamos contencion que no siempre tuvimos”, afirma Barboza. El 20 de junio, dia que cumplia 20 anos, regreso a Corrientes: “Fue el mejor regalo”, sintetiza con sencillez.
Del campo a la memoria: rehabilitacion, reclamos y redes locales
La vuelta al llano fue para Barboza y para muchos veteranos un proceso de reconstruccion. Volvio al trabajo agropecuario: hoy produce a escala pequena, con ganado caprino y ovino en Tapebicua, y repara los danos de una infraestructura rural deficitaria -caminos en mal estado y falta de energia electrica- que condiciona la produccion. El relato personal se entrelaza con demandas colectivas: acceso a atencion medica integral, especialmente salud mental, y mejores prestaciones para los que combatieron.
En Argentina existen organizaciones de ex combatientes y museos locales que preservan la memoria y generan espacios de apoyo: Barboza integra el Centro de Veteranos de Paso de los Libres, que ademas custodia un museo. Cada 10 de junio se reune con companeros para recordar; esa fecha conmemora la “Afirmacion de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antartico”. A nivel nacional, la discusion sobre la atencion a ex combatientes ha transitado decadas de reivindicaciones: si bien hay leyes y pensiones que reconocen los servicios prestados, veteranos y especialistas reclaman politicas sostenidas en salud mental, investigacion y programas de reinsercion laboral.
Estudios internacionales sobre veteranos de conflictos senalan una mayor prevalencia de trastornos como estres postraumatico, depresion y tasas incrementadas de suicidio en comparacion con la poblacion general. En Argentina, organizaciones civiles y medicos han puesto el acento en la necesidad de mecanismos de atencion accesibles en regiones rurales, donde la distancia a centros de salud especializados y la carencia de recursos agravan la situacion.
Ademas del apoyo social, un componente clave ha sido la transmision de experiencias hacia las nuevas generaciones. Barboza evita la epica y privilegia la advertencia: “La guerra no es buena. Hay que apostar a la paz. Hoy no querria que ningun chico tenga que ir a una guerra”. Ese testimonio -personal y directo- alimenta proyectos locales de memoria que buscan educar sin glorificar el conflicto.
Impactos y oportunidades para el mercado local en Paso de los Libres
El relato de Barboza permite identificar impactos concretos sobre la economia local y los desafios productivos del sur correntino. La provincia de Corrientes tiene una economia con fuerte componente agropecuario; en zonas rurales como el departamento Paso de los Libres, la cria de ganado bovino y ovino y la agricultura familiar son fuentes de ingreso y empleo. Sin embargo, limitaciones en infraestructura -caminos rurales en mal estado, acceso irregular a la energia electrica y carencias en logistica- encarecen costos, reducen margenes y limitan la competitividad frente a mercados regionales.
Riesgos inmediatos para el mercado local incluyen:
– Costos de transporte mas altos por caminos en mal estado, que deterioran los animales y la mercaderia y elevan el precio final.
– Limitaciones en el acceso a energia que impiden la instalacion de sistemas de refrigeracion o de procesos productivos mas eficientes.
– Emigracion juvenil hacia centros urbanos ante falta de oportunidades, reduciendo la mano de obra y la renovacion generacional en el campo.
– Escasa diversificacion productiva y baja escala que limitan el acceso a canales de comercializacion mas rentables.
Al mismo tiempo, existen oportunidades concretas si se articulan politicas publicas y privadas orientadas a la rehabilitacion productiva y a la memoria como activo turistico:
– Inversion en caminos rurales y mantenimiento permitiria reducir costos logisticos y facilitar acceso a mercados regionales. Programas provinciales y nacionales de arreglos de vias terciarias podrian focalizarse en corredores productivos.
– Soluciones de electrificacion distribuida -microcentrales o paneles solares- pueden asegurar energia en emprendimientos de pequena escala, mejorar condiciones de vida y permitir la introduccion de actividades con mayor valor agregado (queserias, curtiembres, frigorificos compartidos). Argentina y provincias han promovido en los ultimos anos programas de energia renovable para zonas rurales que podrian ser aprovechados.
– Desarrollo de turismo de memoria y cultural vinculado a la experiencia de los veteranos: museos locales, circuitos de memoria y actividades educativas pueden atraer visitantes, generar empleos y diversificar la economia local. Esto exige inversion en infraestructura basica y capacitacion en gestion turistica.
– Fortalecimiento de cooperativas y cadenas cortas de comercializacion: agrupamientos de pequenos productores pueden acceder a mercados urbanos o ferias regionales con mejores precios, compartir insumos, y reducir vulnerabilidades.
La voz de Barboza ofrece ademas una leccion social: los ex combatientes pueden ser activos multiplicadores en iniciativas comunitarias. Su autoridad moral y su presencia en espacios de memoria facilitan la organizacion de exposiciones, charlas y actividades educativas que, bien articuladas con politicas de desarrollo territorial, pueden transformar un lugar marcado por carencias en un nodo de generacion de valor agregado.
La ruta para materializar estos cambios no es automatica. Requiere coordinacion entre el municipio de Paso de los Libres y organismos provinciales, acceso a financiamiento y capacitacion, y la inclusion de veteranos y productores en el diseno de las politicas. Si se logra, el impacto en el mercado local puede medirse no solo en indicadores economicos -mayores ingresos, empleo y produccion- sino en la calidad de vida de quienes quedaron marcados por la guerra y eligieron quedarse para reconstruir su lugar de origen.
La experiencia de Rodolfo Barboza encarna esa doble dimension: la memoria de un episodio traumatico y la posibilidad de traducirla en iniciativas concretas que mejoren las condiciones de quienes viven hoy en la ruralidad correntina. Sus palabras, simples y directas, siguen siendo un llamado a evitar los conflictos armados y a canalizar la memoria en politicas que fomenten la paz, la salud y el desarrollo local.





