Radiografía detallada de la extrusión en la molienda invisible como eslabón clave de la soja

La molienda “invisible”: radiografía clara de la extrusión, un eslabón clave en la cadena de la soja

En Argentina la referencia habitual de la industria oleaginosa es la gran molienda por extracción con solvente, concentrada en plantas cercanas al río Paraná y los puertos de Rosario. Esas instalaciones, de inversiones multimillonarias, explican por qué el país es líder mundial en exportación de aceite y harina de soja y por qué el complejo soja aporta divisas cruciales. Sin embargo, además de esas plantas existen cientos de extrusoras más pequeñas, distribuidas por la región productora, que procesan el poroto con prensas y extrusión, y constituyen un sector estratégico pero menos visible.

Qué hacen las extrusoras y por qué importan

Las extrusoras o prensas separan el aceite del poroto sin uso de solventes. El aceite resultante puede destinarse a la refinación para consumo doméstico o a la industria del biodiesel; el expeller (torta prensada) se usa principalmente como fuente de proteína para alimentación animal —porcina, aviar y bovina— o en formulaciones de balanceados. Este tipo de procesamiento tiene ventajas comerciales y de imagen: evita el uso de químicos, lo que abre nichos de mercado para consumidores y empresas que priorizan procesos “más naturales”.

Tamaño real del sector: cifras y estimaciones

Aunque parte de la actividad no siempre figura en los circuitos oficiales, varias estimaciones permiten dimensionar la molienda por extrusión. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) detecta una diferencia entre el consumo doméstico reportado del poroto y la molienda registrada: unas 6,9 millones de toneladas no aparecen en los datos de crushing. De ese volumen, alrededor de 1,5 millones serían semillas, y las restantes 5,4 millones corresponderían a soja procesada fuera del circuito informativo.

En el ámbito formal, la producción declarada de expeller muestra una fuerte tendencia al alza: entre 2018 y 2025 la producción se incrementó en torno al 79%, pasando de 744.000 toneladas a 1,33 millones. En el primer cuatrimestre del año la producción de expeller creció un 5% interanual; proyectando ese ritmo, el total anual podría acercarse a 1,4 millones de toneladas, lo que requeriría procesar alrededor de 1,8 millones de toneladas de poroto. Sumando los volúmenes formales a los estimados fuera de circuito, y descontando lo que se declara como balanceado, se obtiene una cifra cercana a 6,6 millones de toneladas procesadas por extrusión al año, equivalente al 13% de una cosecha hipotética de 50 millones de toneladas.

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Otra forma de aproximarlo es por cantidad de plantas: existen unas 430 extrusoras en el país. Si cada una opera con un ritmo promedio de dos camiones diarios (56 toneladas) durante 260 días al año, el procesamiento anual alcanzaría aproximadamente 6,3 millones de toneladas. Las dos cuentas, diferentes en metodología, convergen en la magnitud del aporte de la extrusión al uso total de soja en Argentina.

Impacto en la cadena y en el comercio exterior

Aunque no concentran el volumen ni las divisas que genera el complejo del crushing por solvente y sus exportaciones masivas a China, las extrusoras cumplen funciones esenciales en la cadena productiva. Proveen insumos a la producción animal de cercanía, permiten diversificar destinos del aceite —incluyendo mercados domésticos y biodiesel— y distribuyen actividad industrial a zonas rurales, generando empleo y valor agregado local. Además, el desarrollo de la extrusión contribuye a un suministro más estable de proteína animal en el país, lo que repercute en la competitividad de cadenas como la avícola y porcina.

Tendencias: institucionalización y búsqueda de calidad

En los últimos años el sector extrusor se ha ido institucionalizando a través de cámaras provinciales y federaciones como CAPEBA (Buenos Aires), CIDEP (Santa Fe) y FECEBA (agrupa cámaras de Santa Fe y Entre Ríos). Estas organizaciones impulsan buenas prácticas, trazabilidad y la diferenciación de productos obtenidos por prensado frente a los de extracción por solvente. Esa diferenciación tiene dos efectos: permite posicionar aceites y expellers en nichos que valoran procesos sin químicos y facilita la construcción de marcas y estándares que sostienen precios y acceso a mercados.

Paralelamente, la tendencia tecnológica y comercial va hacia ganar escala y homogeneidad en la producción de expeller para que su uso en raciones animales sea predecible y eficiente. Las exigencias de las avícolas y granjas intensivas requieren ingredientes con composición estable, lo que empuja a las extrusoras a invertir en control de calidad, secado, mezcla y molienda más precisos.

Valor agregado: más allá del expeller

Otra línea en crecimiento es la incorporación de procesos de valor agregado, como la producción de soja texturizada o harina micronizada. Estos productos abren mercados en alimentación humana, piensos de alta calidad y formulaciones especiales, diversificando la oferta y elevando el valor por tonelada procesada. El desarrollo de cadenas cortas que integren cooperativas, molinos locales y transformadores puede potenciar estas oportunidades, acercando al productor a mercados con mayor retorno económico.

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Desafíos y oportunidades

Entre los desafíos figuran la formalización y trazabilidad de volúmenes que hoy escapan a los registros oficiales, la necesidad de financiamiento para modernizar plantas y alcanzar mayor escala, y la competencia de otros países de la región —por ejemplo, Brasil ha incrementado sus exportaciones de harina de soja—. En términos regulatorios y de políticas públicas, hay espacio para fomentar la inversión en extrusión rural, facilitar la incorporación de tecnologías que mejoren la calidad del expeller y promover certificaciones que valoricen productos sin extracción por solvente.

Al mismo tiempo, las extrusoras presentan oportunidades concretas: reducir costos logísticos al procesar cerca de las zonas de producción, diversificar destinos del aceite dentro del país, y generar productos con valor agregado aptos para mercados locales y regionales. La creciente demanda de proteína animal y los mercados alternativos para aceite (como el biodiesel y el consumidor que busca aceites sin solventes) sostienen un horizonte de crecimiento ordenado para el sector.

Conclusión

La extrusión de soja forma parte de una “molienda invisible” pero esencial en la cadena agroindustrial argentina. Aunque menos visible que las grandes plantas de solvente, el conjunto de extrusoras procesa una porción significativa de la cosecha nacional, provee materias primas clave para la producción animal y abre nichos de mercado por la ausencia de químicos en su proceso. Su consolidación técnica, institucional y comercial puede aportar mayor valor agregado en origen, más empleo rural y una oferta de productos alineada con demandas actuales y futuras. Para el sector y las políticas públicas, el reto es acompañar esa transición con financiamiento, regulaciones claras y mecanismos que garanticen calidad y trazabilidad.

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