Para empezar, porque el año pasado, en septiembre, fue cuando Toto Caputo, en una situación de turbulencia cambiaria a dos meses de las elecciones legislativas, decidió llevar a cero las retenciones a la exportación agrícola. El objetivo era que los productores sojeros, que tenían una porción importante de la cosecha guardada en silobolsas a la espera de una mejor ecuación de negocio, se decidieran a liquidar unos u$s7.000 millones.
La recaudación impositiva en septiembre volvió a mostrar una variación interanual positiva, dado que los $21,3 billones ingresados a las arcas fiscales suponen un incremento real de 3,7% en comparación con el año pasado. Pero, como viene ocurriendo en los últimos meses, son números para tomar “con pinzas”, dado que hay situaciones excepcionales que dificultan la comparación.
Y, para empeorar, la medida generó rispideces con Estados Unidos, dado que los “farmers” americanos, que sufrían el cierre del mercado chino, se quejaron de que su gobierno ayudaba financieramente a Argentina, que incurría en medidas comerciales desleales. Fue por eso que, al firmarse el acuerdo comercial entre ambos países, el gobierno argentino se comprometió formalmente a no volver a incurrir en “tax holidays“.
La cifra se consiguió en apenas tres días, lo que le dio al gobierno una relativa paz cambiaria hasta la fecha de la elección. Pero el costo no fue menor: a la caja de ARCA dejaron de entrar, por concepto de retenciones, el equivalente a unos u$s1.600 millones, un sacrificio fiscal de algo así como un 0,2% del PBI.
De hecho, si se excluye todo el rubro de exportaciones en el análisis, el resto de la recaudación impositiva no sólo no creció, sino que tuvo una disminución real de 1,8%.
Lo cierto es que mientras hace un año no entró prácticamente ningún peso por retenciones, este año el campo tuvo una liquidación de u$s3.228 millones, y dejó en ARCA $1,12 billón por concepto de retención. Entre este año y el 2025 hubo un explosivo incremento de 99,2%. Esto solo ya alcanza para distorsionar toda la comparación.
Crecimiento anómalo en Ganancias
Pero las retenciones a la soja no fueron el único elemento que distorsionó las cuentas fiscales. Porque, además, otro rubro importante de la recaudación tributaria, como el Impuesto a las Ganancias, también muestra una variación interanual fuera de lo común.
Es de esperar que en octubre también se registre un aumento importante de las retenciones, dado que el año pasado, una vez vencido el período de incentivo, se produjo el consabido efecto “del día después”. En consecuencia, la comparación interanual del mes próximo volverá a mostrar un crecimiento importante de las retenciones, aun cuando este año rija un menor nivel de las alícuotas.
Dado que Ganancias representa un 22% del total de la “torta” tributaria, cada situación que afecte la entrada de ingresos tiene un impacto fuerte sobre toda la recaudación de impuestos.
El crecimiento nominal fue de 63,3%, por una cuestión de calendario de pagos: el año pasado el pago del saldo del período fiscal, así como la presentación de la declaración jurada, habían vencido en junio. En cambio, en 2026 -con la aplicación del nuevo régimen simplificado de Ganancias, en el marco de la ley de Inocencia Fiscal- el pago quedó establecido en julio, con un período de prórroga hasta el 13 de octubre.
Una luz de esperanza en el IVA
Aun así, no todas son malas noticias: el IVA que se recauda en la DGI, que es el impuesto por excelencia vinculado con la actividad comercial e industrial, tuvo una leve recuperación, de 1,6% real.
De manera que si, además de las retenciones a la exportación, también se excluye a Ganancias del cálculo, entonces el resto de los impuestos ya no muestra una suba interanual sino una caída real de 3%.
En cambio, si se analiza el IVA que se paga en Aduanas, se nota una profunda caída de 18% interanual. Esto se explica también por el clima enrarecido que se vivía en el cierre de la campaña electoral: ante la incertidumbre de qué pasaría con el tipo de cambio después de las legislativas -y, especialmente, si el gobierno era derrotado en las urnas-, los importadores se apresuraron a acumular stock. Es así que septiembre, con u$s7.200 millones, marcó el pico de importaciones el año pasado, lo cual llevó a que también fuera el mes de mayor ingreso por aranceles y por el IVA aduanero.
Esto podría estar anticipando una recuperación de la economía doméstica, luego de los decepcionantes datos que dejó el EMAE de julio -y que llevaron a los principales bancos y consultoras a revisar a la baja el pronóstico de crecimiento del PBI para este año-. Ante un aumento del consumo interno, el IVA es el primer tributo en reaccionar al alza.
El otro impuesto ligado a la actividad económica que en septiembre mostró un crecimiento importante fue el de los Combustibles, que tuvo una suba real de 15,6%. Naturalmente, el contexto de crisis global que disparó los precios del petróleo y el gas llevaron a que la alícuota se actualizara acorde a la cotización internacional. En consecuencia, lo recaudado por este impuesto aumentó su incidencia en la recaudación total: el año pasado era un 2,9% y ahora ya representa un 3,3% de lo que ingresa a ARCA.
En contraste, este año hay una retracción de las compras desde el exterior, lo cual se está impactando ahora en la estadística impositiva.
Finalmente, un dato que también permite avizorar una recuperación es el capítulo de la seguridad social, dado que la recaudación en septiembre marcó un incremento en términos reales del 1,5%, un dato compatible con una situación de mejora del salario.
Y el otro tributo que mostró una reacción fue el de Créditos y Débitos en cuenta corriente, más conocido como “impuesto al cheque”. Después de meses con variación real negativa, en septiembre evolucionó a la par con la inflación.



