Argentina tiene plantas de biodiésel paradas y capacidad para crecer: el sector reclama una nueva ley para competir

La industria asegura que perdió producción, exportaciones e inversiones por un esquema que desalienta la competencia.

La Argentina cuenta con una de las mayores capacidades de producción de biodiésel del mundo, dispone de abundante aceite de soja, infraestructura industrial de primer nivel y conocimiento técnico acumulado durante más de dos décadas. Sin embargo, gran parte de ese potencial permanece inmovilizado.

Mientras el mundo acelera la transición hacia combustibles renovables y busca reducir su dependencia de los hidrocarburos, la industria local de biocombustibles opera muy por debajo de sus posibilidades. Para Luis Zubizarreta, presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles, el problema no está en la falta de recursos ni de demanda potencial, sino en un marco regulatorio que terminó castigando la eficiencia y frenando el crecimiento del sector.

Durante una entrevista con Daniel Aprile en Palabra de Campo, Zubizarreta respaldó el proyecto de ley que impulsa una apertura gradual del mercado y sostuvo que la actividad necesita recuperar reglas que promuevan la competencia, la inversión y la expansión de los cortes obligatorios de biocombustibles.

De producir 3,5 millones de toneladas a menos de un millón

La magnitud del retroceso queda reflejada en los números que expuso el dirigente. Según explicó, la industria argentina llegó a producir cerca de 3,5 millones de toneladas de biodiésel por año, pero actualmente genera menos de un millón de toneladas, una caída que impactó tanto en el mercado interno como en las exportaciones.

El golpe más fuerte se registró en el frente externo. Europa, principal destino de los embarques argentinos durante años, redujo drásticamente las compras luego de cuestionamientos vinculados a la sustentabilidad de la materia prima utilizada para fabricar biodiésel.

Llegamos a producir casi 3 millones y medio de toneladas de biodiésel y hoy producimos menos de un millón”, afirmó Zubizarreta al describir el deterioro de una industria que supo convertirse en uno de los principales ejemplos de agregado de valor sobre la producción agropecuaria argentina.

La consecuencia directa es que numerosas plantas industriales trabajan con elevados niveles de capacidad ociosa, mientras otras directamente permanecen cerradas.

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El debate de fondo: competencia o regulación

El proyecto de ley que comenzó a discutirse en el Congreso reabrió un debate que atraviesa a toda la cadena energética.

Según Zubizarreta, el esquema vigente genera una situación paradójica: las empresas más eficientes tienen limitaciones para participar del mercado doméstico, mientras que los precios se determinan tomando como referencia los costos de los productores menos eficientes.

La industria argentina del biodiésel opera por debajo de su capacidad. Luis Zubizarreta respaldó una nueva ley para aumentar la competencia, la producción y los cortes de biocombustibles.
La industria argentina del biodiésel opera por debajo de su capacidad. Luis Zubizarreta respaldó una nueva ley para aumentar la competencia, la producción y los cortes de biocombustibles.

El dirigente comparó la situación con un consumidor obligado a comprar un producto más caro cuando existe una alternativa más económica disponible. A su juicio, esa distorsión termina trasladándose al costo final de los combustibles y, en consecuencia, a toda la economía.

Se discriminó a los eficientes y se mantuvo abierto un mercado con precios que se definen en base al menos eficiente”, sostuvo.

Desde la Cámara Argentina de Biocombustibles consideran que una mayor competencia permitiría reducir costos, estimular inversiones y recuperar producción.

Más biodiésel para reducir importaciones

Otro de los ejes centrales del debate está relacionado con los porcentajes de mezcla obligatoria entre combustibles fósiles y biocombustibles.

Zubizarreta cree que Argentina debería acercarse a los niveles que utiliza Brasil, país que se consolidó como referencia mundial en el uso de combustibles renovables. El objetivo sería elevar progresivamente los cortes y aprovechar una ventaja que pocos países poseen: la disponibilidad de materia prima agrícola para producir energía.

Tenemos que ir hacia una diversificación de combustibles y Argentina los produce a muy buenos precios”, afirmó.

El planteo cobra relevancia en momentos en que el país continúa importando importantes volúmenes de gasoil y combustibles refinados para abastecer la demanda interna.

Desde la visión del sector, una mayor utilización de biodiésel y etanol permitiría reducir esa dependencia externa, generar empleo industrial y fortalecer las economías regionales vinculadas a la producción agrícola.

Una oportunidad que va más allá del biodiésel

Para el dirigente, la discusión actual no debería limitarse únicamente al mercado doméstico.

La transición energética global está impulsando una demanda creciente de combustibles sustentables para la aviación, el transporte marítimo y otras actividades que buscan reducir emisiones.

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En ese escenario aparecen oportunidades vinculadas al desarrollo de combustibles sostenibles para aviación (SAF), un segmento que podría convertirse en uno de los motores de crecimiento de la agroindustria argentina durante los próximos años.

Tenemos la materia prima y tenemos las plantas. Podemos crecer en eso”, destacó Zubizarreta.

Además, señaló que cultivos como la camelina y la carinata podrían desempeñar un papel relevante dentro de esta nueva etapa, aportando materias primas específicas para la producción de combustibles de baja huella de carbono.

El desafío de las PyMEs

Las críticas al proyecto provienen principalmente de sectores que temen que una apertura del mercado afecte a las plantas de menor escala.

Frente a esos cuestionamientos, Zubizarreta sostuvo que la competitividad debe transformarse en el principal criterio para definir quiénes participan del negocio.

A su entender, sostener indefinidamente un esquema protegido termina perjudicando al conjunto de la economía porque eleva costos y desalienta nuevas inversiones.

Lo que no puede suceder es que todos los argentinos terminemos pagando un sistema que obliga a comprar más caro cuando existen alternativas más eficientes”, planteó.

La discusión recién comienza, pero el diagnóstico del sector es claro. Mientras gran parte del mundo avanza hacia una matriz energética más diversificada, la Argentina enfrenta el desafío de decidir si aprovechará plenamente su capacidad instalada o si continuará con plantas subutilizadas en una industria que alguna vez fue un símbolo de innovación y agregado de valor para el agro.

La industria argentina del biodiésel llegó a producir 3,5 millones de toneladas por año y hoy opera muy por debajo de ese potencial.

La industria argentina del biodiésel opera por debajo de su capacidad. Luis Zubizarreta respaldó una nueva ley para aumentar la competencia, la producción y los cortes de biocombustibles.

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