Ley de semillas y UPOV 91: el sector semillero afirma que Argentina podría triplicar inversiones en genética

El sector semillero sostiene que adherir a UPOV 91 podría multiplicar inversiones en genética vegetal y mejorar la competitividad del agro argentino.

Debate estratégico para el agro.

La discusión sobre la ley de semillas en Argentina volvió a instalarse en la agenda política luego de que el presidente mencionara el tema en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. El debate incluye también la posible adhesión del país al acta UPOV 91, un tratado internacional que regula la protección de los derechos de obtentor sobre nuevas variedades vegetales.

Para el sector semillero, el tema es clave para el futuro del sistema productivo. La posibilidad de actualizar el marco normativo podría abrir la puerta a nuevas inversiones en investigación genética, algo que hoy se encuentra prácticamente estancado.

En diálogo con Palabra de Campo, el director ejecutivo de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), Alfredo Paseyro, explicó que detrás de cada cultivo hay un proceso de innovación que muchas veces no es visible para el productor o el consumidor.

“Todo lo que vemos verde tiene un trabajo de un breeder atrás. Ese mejoramiento genético requiere años de investigación y el tratado internacional lo que hace es dar un marco de protección a esos derechos”, señaló.

Qué es UPOV 91 y por qué se discute en Argentina

La Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) es una organización internacional creada para establecer estándares en la protección de las nuevas variedades vegetales.

Argentina forma parte del sistema desde hace décadas, pero lo hace bajo el acta de 1978, una versión anterior del acuerdo. El debate actual gira en torno a la posibilidad de avanzar hacia la versión de 1991, que introduce mecanismos más modernos de protección de la propiedad intelectual.

Según explicó Paseyro, la adhesión al tratado no reemplaza a la legislación nacional. Cada país mantiene su propia normativa, pero debe alinearla con el marco internacional.

“Argentina ya es parte de UPOV. Estamos adheridos al acta del 78 y después cada país tiene su marco normativo nacional, que se adapta a su realidad productiva”, explicó.

Inversión genética: el principal argumento del sector

Desde la industria semillera sostienen que una actualización del sistema podría impulsar nuevas inversiones en genética vegetal.

Desarrollar una variedad agrícola no es un proceso rápido ni sencillo. En muchos casos requiere entre seis y ocho años de trabajo científico, además de inversiones en laboratorios, ensayos de campo y análisis de datos.

Paseiro explicó que la falta de un marco jurídico actualizado limita el desarrollo del sector.

“Hoy el negocio de semillas en Argentina factura aproximadamente 1.200 millones de dólares al año, y esa cifra está prácticamente estancada desde hace más de veinte años”, afirmó.

Según estimaciones del sector, una modernización del sistema podría cambiar ese escenario.

“Las primeras proyecciones indican que ese mercado podría triplicarse, pero eso depende de que haya inversión en multiplicadores, en campos de ensayo, en laboratorios y en investigación”, explicó.

Más de 200 especies que podrían beneficiarse

Uno de los puntos que más enfatiza el sector es que el debate suele concentrarse en los grandes cultivos extensivos, como soja o maíz, cuando en realidad el impacto podría ser mucho más amplio.

Según Paseiro, el mejoramiento genético abarca más de 200 especies agrícolas.

“El debate muchas veces se concentra en uno o dos cultivos de la zona núcleo, pero hay muchísimas especies que necesitan desarrollo genético”, explicó.

El directivo mencionó algunos ejemplos que ilustran ese déficit.

“En el caso del poroto, por ejemplo, hay unas 500.000 hectáreas en Argentina y prácticamente no hay variedades. Lo que se siembra son poblaciones”, indicó.

Algo similar ocurre con el tabaco, donde Argentina ocupa un lugar relevante en el comercio mundial.

“Somos el segundo exportador de tabaco del mundo y sin embargo no hacemos mejoramiento genético en el país”, señaló.

Competitividad agrícola y tecnología

Para la industria semillera, la discusión sobre la ley de semillas forma parte de un debate más amplio sobre la competitividad del agro argentino.

El desarrollo de nuevas variedades puede mejorar los rendimientos, la calidad de los productos y la adaptación de los cultivos a distintos ambientes.

“Esto es trabajo, es competitividad y es rentabilidad para el productor. La genética hoy aporta rendimiento y calidad”, sostuvo Paseyro.

En los últimos años, el mejoramiento genético también se ha transformado en una actividad cada vez más sofisticada desde el punto de vista científico.

“Hoy desarrollar variedades implica trabajar con inteligencia artificial, análisis de datos y equipos multidisciplinarios”, explicó.

Un debate que lleva más de dos décadas

Argentina lleva más de veinte años discutiendo una actualización de su legislación sobre semillas sin lograr consenso político.

Distintos proyectos de reforma fueron presentados en el Congreso, pero ninguno logró convertirse en ley.

Para el sector semillero, el desafío ahora es superar las resistencias y avanzar en una discusión basada en información técnica.

“Primero hay que entender qué significa un tratado internacional y después discutir cómo implementarlo según la realidad argentina”, señaló Paseyro.

El debate, que combina propiedad intelectual, tecnología y competitividad agrícola, promete volver a ocupar un lugar central en la agenda del agro argentino.

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