lunes 2 febrero 2026

La CEO de Magoya, Varina Baldi, asegura que “la interoperabilidad tecnológica es la deuda pendiente del agro digital”

En diálogo con Palabra de Campo, Baldi destacó que el sector agropecuario argentino está dispuesto a adoptar tecnología, pero advierte que el problema está en las soluciones disponibles

¿Cuál es el verdadero obstáculo para la adopción tecnológica en el agro?

Lejos de los prejuicios que señalan a los productores agropecuarios como reticentes a la tecnología, Varina Baldi, CEO de Magoya, ofrece una visión mucho más compleja y desafiante: “El problema no es el productor, es la tecnología que le estamos ofreciendo”. En una entrevista realizada en el programa Palabra de Campo, Baldi planteó que la falta de interoperabilidad y usabilidad en las soluciones digitales para el agro constituye una de las principales barreras que impiden una adopción masiva y eficiente.

Magoya es una empresa dedicada al desarrollo de productos digitales 100% orientados al agro. Pero, a diferencia de otras compañías, su enfoque no es crear un software propio para venderlo, sino ayudar a otras empresas a desarrollar sus productos tecnológicos con una visión centrada en el usuario. “No somos una software factory. Trabajamos desde una lógica de producto: buscamos resolver problemas reales con tecnología que sea útil, integrable y simple de usar”, subrayó Baldi.

Hacia un ecosistema digital más conectado

Una de las preocupaciones centrales de Baldi es la fragmentación del ecosistema agtech. Según relató, un productor puede llegar a usar diez aplicaciones distintas para completar su circuito de trabajo, lo que no solo complica los procesos, sino que contradice la promesa de que la tecnología “viene a simplificar”.

“Hoy estamos sobreprometiendo”, aseguró. “Decimos que vamos a hacer más simple la vida del productor, pero en realidad le estamos sumando complejidad”. Y la clave para revertir esta situación, explica, está en fomentar la interoperabilidad entre plataformas. “El gran salto que debe dar el ecosistema agtech argentino es la integración. Necesitamos que las aplicaciones de manejo de producción se conecten con las de sustentabilidad, y que ambas hablen con las que llevan las cuentas financieras del campo. Si no logramos eso, el valor que prometemos no llega a concretarse”.

Baldi fue más allá al afirmar que “si ya existe una solución a un problema, no tiene sentido empezar de cero”. Desde Magoya, su filosofía es colaborar con quienes ya están trabajando en el sector, unir esfuerzos y evitar duplicidades: “Tenemos que dejar de reinventar la rueda”.

Un sector dispuesto a avanzar, pero con condiciones

Uno de los puntos más firmes del discurso de Baldi es su defensa del productor agropecuario argentino. Rechaza tajantemente la idea de que el sector sea conservador o reacio a la tecnología. “Es todo lo contrario: el productor argentino quiere más tecnología. Lo ha demostrado en cada oportunidad donde se le ofreció una herramienta que funciona y agrega valor. La adopción de siembra directa o la biotecnología son ejemplos clarísimos”, enfatizó.

Pero también es consciente de las limitaciones estructurales que enfrenta el sector. “No se trata de voluntad, sino de condiciones. Si el negocio no da para incorporar una tecnología, no es porque el productor no quiera. Es porque no puede”. Las retenciones, la falta de rentabilidad y la volatilidad del mercado son algunas de las barreras que dificultan la inversión en innovación.

En ese sentido, Baldi propone un cambio en la forma de concebir la relación entre desarrolladores tecnológicos y usuarios rurales: “Debemos entender que no estamos creando aplicaciones para un consumidor de entretenimiento, sino para una empresa agropecuaria. Si la tecnología falla, el impacto es real sobre su negocio”.

La inteligencia artificial como palanca de transformación

Consultada sobre el papel que puede jugar la inteligencia artificial (IA) en este proceso, Baldi no dudó en calificarla como “el cambio de paradigma que estábamos esperando”. Pero, al mismo tiempo, fue clara en su advertencia: “La IA puede acelerar muchos procesos, abaratar desarrollos y facilitar el acceso a ciertas tecnologías. Pero no reemplaza la necesidad de tener una visión clara y enfocada en resolver problemas reales”.

La CEO de Magoya reconoce que ya se están viendo avances en la forma en que se desarrollan soluciones digitales gracias a la inteligencia artificial. Por ejemplo, ciertos procesos de programación se están automatizando, y eso permite reducir costos y tiempos. Sin embargo, reiteró que la IA por sí sola no resolverá los problemas de fondo. “Podés hacer más rápido un mal producto. El punto no es solo la velocidad, sino hacia dónde vas”, afirmó.

Del boom a la maduración de las agtech

Baldi también abordó el estado actual del ecosistema de agtechs en Argentina. “Tuvimos un boom de generación de startups que buscaban ser disruptivas, pero muchas se superponían y ofrecían soluciones aisladas”, comentó. Esa etapa de euforia inicial se fue diluyendo, en parte por la caída en la disponibilidad de capital de riesgo y en parte por una saturación de herramientas que no dialogaban entre sí.

Según Baldi, la etapa que sigue es la de maduración. “Ahora necesitamos menos aplicaciones nuevas y más conectores entre las que ya existen”. Y en ese proceso de maduración, las grandes empresas del agro, los inversores y las propias desarrolladoras de software tienen un rol clave: “Es hora de trabajar en conjunto y dejar de culpar al otro”.

Magoya: construir el futuro desde la colaboración

Para Baldi, una de las claves del éxito de Magoya ha sido mantener una actitud abierta y colaborativa. “Siempre estamos dispuestos a conversar, a revisar ideas que no funcionaron en su momento y ver si hoy tienen otra oportunidad. Las necesidades cambian, las soluciones también”, expresó.

El enfoque colaborativo también se extiende a la misión más general de ayudar a que la tecnología digital llegue más lejos en el agro. “Nuestro ADN es colaborar para mejorar el todo. Cada vez que ayudamos a una empresa a desarrollar una herramienta útil, el beneficiado final es el productor”.

Con un llamado a “hacerse cargo del problema” y dejar de lado el juego de culpas, Baldi concluyó que el desafío más importante no es tecnológico, sino cultural. “Necesitamos madurar como industria de soluciones digitales para el agro. Solo así vamos a escalar y tener impacto real”.

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