La decisión del Gobierno nacional de reducir los derechos de exportación al maíz y al sorgo fue bien recibida por la cadena agroindustrial. Desde MAIZAR, la asociación que nuclea a los principales actores del complejo maicero y sorguero argentino, destacaron que la medida va en la dirección correcta para liberar el enorme potencial productivo, exportador y social de ambos cultivos, claves para el desarrollo federal del país.
La entidad sostuvo que las retenciones, vigentes desde hace décadas, constituyen un impuesto distorsivo que perjudica la competitividad argentina frente a sus principales competidores internacionales. A diferencia de otros países exportadores, Argentina carga con esta presión fiscal sobre el comercio exterior, lo que debilita su capacidad para ganar mercados, atraer inversiones y generar divisas genuinas.
La reciente baja de alícuotas anunciada por el presidente Javier Milei —que lleva del 12% al 9,5% las retenciones al maíz y al sorgo— marca una señal positiva, aunque desde MAIZAR advierten que el verdadero salto cualitativo se dará cuando el tributo desaparezca por completo.
“Durante demasiado tiempo, las retenciones fueron un freno para el crecimiento sostenible del sector”,expresaron desde la entidad.
Más inversión, valor agregado y empleo en todo el país
La cadena del maíz y del sorgo tiene un impacto transversal en la economía argentina. Su desarrollo no solo beneficia a los productores, sino que dinamiza industrias ligadas a la transformación, la exportación y los servicios, y genera empleo de calidad a lo largo de cientos de localidades del interior.
Desde MAIZAR resaltaron que una menor carga tributaria mejora la rentabilidad de los productores, lo que libera recursos para invertir en tecnología, genética, fertilización, riego, maquinaria e innovación, factores clave para aumentar la productividad.
Esta mejora en la base productiva tiene efectos multiplicadores: más agregado de valor en origen, mayor demanda de insumos nacionales, impulso al desarrollo de biotecnología y servicios profesionales, y más exportaciones con valor industrial. “Todo esto genera un círculo virtuoso que fortalece la economía nacional y mejora la competitividad global de Argentina”, señalaron desde la asociación.
El impacto positivo también se extiende al plano federal. La producción de maíz y sorgo está presente en todas las regiones productivas del país, desde el núcleo pampeano hasta zonas extrapampeanas donde estas gramíneas cumplen un rol clave en los sistemas mixtos y las rotaciones sustentables. Su expansión integra regiones con diferentes niveles de productividad, y permite que economías regionales se consoliden a partir de una matriz productiva más diversificada.
Reglas claras para un modelo exportador sustentable
Uno de los planteos más relevantes que hizo MAIZAR tras la reducción de retenciones fue la necesidad de que la eliminación de este tributo quede consagrada por ley. La propuesta busca evitar que las retenciones vuelvan a ser utilizadas como una herramienta fiscal coyuntural, dependiente de las urgencias del Tesoro.
Desde la asociación advirtieron que para que el potencial de la cadena se traduzca en más desarrollo, más divisas y más empleo, se necesitan tres elementos: estabilidad en las reglas de juego, incentivos adecuados y políticas que reconozcan el esfuerzo productivo e inversor.
“Argentina tiene ciencia, talento, recursos naturales y una red de empresas e instituciones comprometidas con una producción eficiente y sustentable. Pero sin un marco institucional confiable, es difícil que ese potencial se materialice plenamente”, subrayaron.
El pedido de previsibilidad se suma al reclamo histórico de las entidades del agro y del complejo agroindustrial por un esquema impositivo coherente, que no penalice la producción ni castigue la exportación con cargas que desalientan la inversión y restringen el crecimiento.
La cadena del maíz y del sorgo también cumple un rol estratégico en términos ambientales. Son cultivos que, correctamente manejados, contribuyen a la sustentabilidad de los suelos, al secuestro de carbono y a una mejor gestión del agua, especialmente cuando se articulan con tecnologías como siembra directa, cultivos de cobertura y balance nutricional.
Un camino que necesita continuidad
La decisión oficial de avanzar con una rebaja permanente en las alícuotas de exportación fue interpretada como un gesto político clave. Sin embargo, la continuidad del camino depende de que las próximas medidas apunten a consolidar un entorno favorable para la inversión, la innovación y la generación de valor en origen.
El desafío será mantener el rumbo sin retrocesos, con políticas públicas que acompañen la transformación productiva, incentiven el agregado de valor local y promuevan el desarrollo de mercados internacionales con productos de alta calidad y bajo impacto ambiental.
Desde MAIZAR aseguran que el sector está preparado para responder con más producción, más empleo y más divisas, siempre que se garanticen condiciones adecuadas para competir en el mundo con reglas similares a las de sus pares globales.


