En el Congreso de Aapresid 2025, la resistencia de las malezas resistentes volvió a ocupar un lugar central en la agenda técnica. El panel “Resistencias de Malezas Gramíneas: un problema que exige nuevas estrategias. De la situación regional a la acción integrada” reunió a Ramón Gigón, Mauro Mortarini, Eduardo Cortés, Andrés Rampoldi y Nicolás Bongiorni, quienes coincidieron en que la resistencia es real, pero que muchos fracasos de control responden a errores de manejo.
Mortarini fue claro: “El tercer motivo más mencionado por los técnicos como causa de falla es el uso del herbicida incorrecto”. La presión de selección, dijo, se acelera cuando se aplican productos sin una estrategia definida, lo que deriva en resistencias más complejas y costosas de revertir.
El momento y la identificación, pilares del manejo
Uno de los consensos del panel fue que la primera falla se produce al identificar la maleza. “Muchas veces fallamos porque no sabemos qué maleza tenemos”, insistió Mortarini. Reconocer la especie y conocer su biología son pasos previos para elegir el modo de acción adecuado.
Gigón subrayó la importancia del “timing”: “Hay que aplicar en el justo tamaño. Si no, los productos nuevos no van a servir y aparecerán nuevas tolerancias y resistencias”. En gramíneas como Echinochloa colona y crus-galli, el tamaño de la planta define la eficacia. Mortarini explicó que colona presenta resistencia media a baja, pero crus-galli puede alcanzar niveles medios a altos: “Si nos pasamos de los tres o cuatro macollos, la eficacia empieza a caer”.
En zonas como Entre Ríos, la diversidad de biotipos y una ventana de emergencia cada vez más larga —incluso dentro de cultivos de trigo— complejizan el control. “La colona puede florecer en 45 a 50 días, mientras que crus-galli lo hace en hasta 80 días. Ambas son malezas C4, resistentes a condiciones extremas”, detalló Mortarini.
Rotación, preemergentes y equipos técnicos capacitados
Los especialistas alertaron sobre la falta de rotación de ingredientes activos, la repetición de cultivos de verano y el uso inadecuado de tecnologías como la soja Enlist. “Cuando nacen gramíneas en soja Enlist, muchos buscan controlarlas solo con glufosinato, y ahí vemos fallas graves”, advirtió Mortarini.
Rampoldi sumó una señal de alerta: la triple resistencia a ALS, glifosato y graminicidas se expande. “Se reduce el arsenal y aumentan los costos de control con menor eficacia”. Gigón remarcó que el manejo debe planificarse más allá de una campaña: “Si la maleza nace en febrero y se controla recién en junio, ya se necesita una estrategia mucho más agresiva”.
La recomendación común fue aplicar en estadios tempranos, combinar modos de acción y reincorporar preemergentes. También formar equipos técnicos sólidos capaces de implementar esquemas integrados de control.
Innovación y genética contra la resistencia
Bongiorni puso cifras al problema: el mercado de uno de los principales graminicidas pasó de casi 25 millones de litros, con un fuerte crecimiento del cletodim. Además, mencionó la detección de siete posiciones genéticas que confieren resistencia a ACCasa gracias a nuevas técnicas de secuenciación.
Esta información está orientando el desarrollo de moléculas “a medida”, partiendo del problema observado en el campo y no de compuestos preexistentes. “Se monitorea, se detecta el camino de la presión de selección y se diseñan soluciones capaces de adaptarse”, sostuvo.


