Escribana de famosos y tambera en Lincoln que busca progreso y sostiene legado familiar

Virginia Putignano combina dos mundos que a primera vista parecen incompatibles: por las mananas es escribana en la Ciudad de Buenos Aires -validando poderes, certificando documentos para artistas y gestionando tramites del consulado italiano- y cada semana recorre 300 kilometros hasta “La Caridad”, el tambo que su padre instalo en Lincoln. Llego a la capital a los 17 anos para estudiar y abrirse camino profesional “sin apellido notarial ni contactos”, como suele decir. Con el tiempo se convirtio en una profesional de confianza para figuras del espectaculo y tambien para la Embajada de Italia; entre sus clientes figura Guillermina Valdes, entre otros nombres relevantes del medio. Al mismo tiempo mantiene el manejo diario de un establecimiento lechero que no piensa abandonar.

En Lincoln se la conoce por otra identidad: la tambera que honra el legado de su padre, Henry Putignano. Para Virginia, el campo no es solo una inversion o una segunda ocupacion: es una promesa que le hizo a Henry antes de su fallecimiento. Por eso decidio mantener la explotacion en pie en lugar de venderla o arrendarla, aun cuando la rentabilidad en tambos chicos es ajustada y la actividad esta llena de incertidumbres. “Esto lo vivo como un legado. Al tomar una decision siempre pienso que hubiese hecho papa”, cuenta, y explica que cada compra de un tractor, de vaquillonas o la apertura de una tranquera se hace con esa memoria presente.

La Caridad maneja actualmente alrededor de 200 animales en produccion, tras la compra de 23 vaquillonas el diciembre anterior. Recuperar ese numero implico esfuerzo: cuando Virginia asumio hubo que reducir el rodeo para sanearlo tras detectar casos de brucelosis. En establecimientos de escala reducida, cada vaquillona representa una inversion significativa y los margenes son estrechos. El tambo produce en promedio 26 litros por vaca; la preocupacion sanitaria y las practicas de manejo son clave para sostener ese nivel. Virginia senala como medidas esenciales evitar que la alfalfa florezca -para prevenir meteorismo intestinal- y controlar calor y moscas, problemas que afectan especialmente a la raza Holando, de mayor rendimiento en climas frios. Para mitigar esos factores, el establecimiento tiene ventiladores, duchadores antes de la sala de ordene, caravanas para el control de moscas e insecticidas especificos.

El manejo de la cria en La Caridad tambien refleja una apuesta por la calidad genetica y la supervivencia: no se sigue la tendencia creciente de separar terneros y alimentarlos con leche en polvo. En cambio, aplican el sistema de “vaca ama”: cada ternero es criado con una vaca nodriza y hay un cuidador especializado en el lote de cria. Para Virginia, la combinacion de la atencion humana y la lactancia natural reduce la mortalidad a cero y mejora la genetica de las futuras madres que retornan al tambo. Aunque algunos veterinarios cuestionan que esa vaca pueda dejar de producir leche para la venta, los resultados productivos y sanitarios justifican la decision desde su mirada.

La gestion del tambo obliga a conciliar tiempos y prioridades. Virginia divide su semana entre la escribania y el campo. La actividad lechera no es solo tecnica: depende fuertemente de la planificacion y de la negociacion con la industria compradora. La relacion comercial con las fabricas suele ser desigual: la entrega se hace a 30 dias y el pago definitivo puede llegar con retrasos o variaciones, lo que deja al productor en desventaja ante cambios de precio o decisiones empresariales inesperadas. Para sortear parte de esa incertidumbre, Virginia asegura cobrar adelantado en dos etapas: la primera quincena el dia 20 y la segunda el dia 10 del mes siguiente, pero aun asi el precio final puede confirmarse recien al mes siguiente, por lo que el productor asume riesgo hasta que la operatoria se cierra.

En Argentina existe el Sistema Integrado de Gestion de la Lecheria Argentina (Siglea), que fija un valor de referencia mensual, pero en la practica algunas fabricas no respetan ese marco y los tambos deben reclamar. Virginia relata que este mes, por ejemplo, recibio un pago inferior al esperado y pelea para que se regularice la diferencia, mientras que los argumentos habituales de la industria apuntan a excedentes de queso, cierre de plantas o indicadores tecnicos como celulas somaticas. Ella contrasta esas excusas con los analisis de calidad de su propia leche, que resultan favorables, y ve la necesidad de defender cada entrega.

La constante entre la actividad profesional en la ciudad y la vida en el campo es el sentido de responsabilidad: por un lado, sostener una escribania con clientes exigentes y un equipo en Capital; por otro, mantener una fuente de trabajo en Lincoln que impacta en toda la cadena productiva local. “Si se cierra un negocio, se corta toda la cadena”, dice, y por eso prefiere apostar a sostener el tambo, aun cuando podria concentrarse exclusivamente en su carrera urbana. Reconoce que su equipo en el campo responde, hay buen clima laboral y sentido de pertenencia, elementos que facilitan tomar decisiones a largo plazo.

Respecto a la modernizacion, Virginia es cauta frente a la robotizacion creciente en algunos tambos. Los sistemas robotizados implican, por lo general, tres ordenes diarios y mayor ritmo productivo; su preocupacion principal es el efecto de ese esquema sobre el estres de las vacas y las consecuencias en su longevidad. Prefiere esperar mas evidencias sobre resultados a largo plazo antes de adoptar esa tecnologia y, mientras tanto, dirigir las inversiones hacia el confort tradicional del establecimiento: mejoras en infraestructura, ventilacion y manejo para reducir riesgos sanitarios y mejorar el bienestar animal.

El vinculo con su padre fue central en su formacion; Henry, que llego a ser reconocido en ferias y por sus pares, modelo en Virginia la disciplina y el conocimiento practico que hoy aplica en la explotacion. Ella recuerda que, aun tras su fallecimiento, gestos simples como revisar bebederos o verificar que no tengan verdin se hacen “como si el estuviera presente”. Henry habia partido de la pobreza y, con trabajo y sacrificio, compro tierras y creo un proyecto productivo que hoy representa, para su hija, tanto un deber como una oportunidad para mantener empleo y actividad en su pueblo.

Las decisiones recientes ilustran ese compromiso: el 8 de marzo, por ejemplo, Virginia compro un tractor nuevo con un credito, un paso que califico como “un antes y un despues” para la logistica del establecimiento. Para ella, la maquinaria no es un lujo sino una pieza clave del engranaje: “El tambo es una rueda. Si no tenes tractor, no alimentas”, resume. Su enfoque combina prudencia tecnica, sentido empresarial y una memoria familiar que guia inversiones y prioridades. Entre la escribania y el tambo, entre la ciudad y Lincoln, Virginia Putignano sostiene hoy una actividad que busca ser sostenible, digna y capaz de transmitir a futuras generaciones la misma pasion por la produccion que le enseno su padre.

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