En un discurso en horario central, presentado como una actualización operativa, el presidente sostuvo que Estados Unidos está “en camino” y que Irán “ya no representa una amenaza”, al tiempo que definió la ofensiva como una inversión en la seguridad de las futuras generaciones.
Sin embargo, Trump advirtió que las operaciones continuarán hasta que los objetivos militares sean “completamente alcanzados” y anticipó nuevos ataques “extremadamente duros” en las próximas dos o tres semanas, lo que refuerza la percepción de un conflicto aún abierto.
El mensaje, que buscó consolidar el apoyo interno y justificar la intervención, no incluyó una hoja de ruta hacia un alto el fuego ni precisiones sobre la reapertura del estrecho de Ormuz, clave para el flujo global de petróleo.
Trump insistió en que Irán avanzaba en su programa nuclear y acusó al régimen de Teherán de haber desestabilizado el orden internacional durante décadas. “Estamos al borde de poner fin a una amenaza siniestra para Estados Unidos y el mundo”, afirmó.
El presidente también relativizó la duración del conflicto al compararlo con guerras más prolongadas, como Corea o Irak, e insistió en la necesidad de “poner la situación en perspectiva”.
No obstante, el discurso dejó interrogantes sobre la estrategia de salida. Expertos en política exterior señalan que, si bien las operaciones han logrado debilitar capacidades militares iraníes, persisten dudas sobre el escenario posterior, especialmente si el régimen mantiene el control del estrecho de Ormuz y conserva recursos estratégicos.
En paralelo, la guerra ya tiene impacto económico: los precios del petróleo y el gas han subido con fuerza desde el inicio del conflicto, mientras los mercados financieros muestran volatilidad ante el riesgo de una escalada prolongada.
Trump reconoció la preocupación de los estadounidenses por el aumento del combustible, aunque responsabilizó a Irán, y defendió la capacidad energética del país para amortiguar el impacto.
El conflicto también genera tensiones políticas internas.
Encuestas recientes muestran que la mayoría de los estadounidenses se opone a la intervención militar, aunque el apoyo se mantiene alto entre los votantes republicanos y el núcleo duro del movimiento Maga.
Además, el presidente evitó descartar un eventual despliegue de tropas terrestres, manteniendo abiertas todas las opciones militares, en un contexto en el que miles de efectivos adicionales ya han sido enviados a Medio Oriente.
Según datos del Pentágono, los ataques estadounidenses han alcanzado más de 12.300 objetivos y destruido o dañado más de 150 embarcaciones iraníes, en lo que analistas califican como un éxito táctico, aunque con un horizonte estratégico aún incierto.
(ANSA).





