Con datos propios y metodología internacional, la Cooperativa Lehmann se anticipa a las exigencias ambientales mientras la lechería enfrenta costos crecientes, alquileres altos y falta de tamberos.
La lechería argentina atraviesa un momento bisagra. A la presión de los costos, los alquileres cada vez más caros y la dificultad creciente para conseguir mano de obra, se suman nuevas exigencias ambientales que ya no aparecen como una amenaza futura, sino como una condición concreta para seguir produciendo y comercializando. En ese escenario, la Cooperativa Guillermo Lehmann decidió no esperar y avanzar con una estrategia propia, basada en datos, mediciones y acompañamiento técnico a sus productores.
El ingeniero agrónomo Héctor Cattena, asesor de la cooperativa desde hace 14 años, lo resume con claridad en diálogo con Palabra de Campo: la sustentabilidad dejó de ser un discurso y pasó a ser una herramienta defensiva y estratégica para la lechería. Pero advierte que ningún proceso ambiental es viable si no se resuelven antes los problemas económicos y humanos que atraviesan a los tambos.
Una cooperativa con peso productivo y mirada estratégica
La Cooperativa Guillermo Lehmann desarrolla su actividad en el centro de la provincia de Santa Fe, abarcando los departamentos Las Colonias, Castellanos y Capital. Se trata de una región clave para la lechería argentina, donde se concentra cerca del 20% de los tambos del país, en un entramado productivo que combina agricultura, ganadería y producción de leche.
Ese carácter mixto es uno de los pilares del sistema. Según Cattena, la diversidad productiva le otorga mayor estabilidad ecológica y económica a la zona, al evitar una dependencia extrema de una sola actividad. La lechería, en ese esquema, cumple un rol central, tanto por su impacto económico como por su arraigo territorial.
En los últimos años, la cooperativa decidió fortalecer su rol como intermediaria entre los productores y la industria, no solo en términos comerciales, sino también técnicos y estratégicos. La señal de alerta llegó desde Europa, donde los mercados comenzaron a exigir garantías concretas sobre deforestación y emisiones ambientales.
Sustentabilidad con datos propios y respaldo científico
Frente a ese escenario, la Lehmann optó por generar información propia. Uno de los primeros pasos fue el análisis histórico del uso del suelo a partir de imágenes satelitales desde 1980 hasta la actualidad. Ese trabajo permitió confirmar que toda la producción de la región es libre de deforestación, un dato clave frente a las nuevas regulaciones ambientales internacionales.
El avance más significativo llegó durante el último año, cuando la cooperativa impulsó un estudio de huella ambiental en 50 tambos de su área de influencia. El trabajo se realizó en conjunto con la Universidad Tecnológica Nacional y especialistas del INTI, utilizando metodologías validadas internacionalmente.
“En cada tambo se relevaron cerca de mil datos”, explica Cattena. El análisis incluyó la huella de carbono, pero también otros indicadores menos visibles, como nitrificación, manejo de efluentes, uso del agua, consumo de combustible y fertilización. Todos esos factores se ponderan para obtener un valor final expresado en equivalentes de dióxido de carbono, lo que permite comparar sistemas productivos a escala global.
Cómo se posiciona la lechería santafesina frente al mundo
Los resultados del estudio posicionaron favorablemente a la lechería del centro santafesino. En promedio, los tambos analizados muestran niveles de emisiones inferiores a los promedios europeos y competitivos frente a países líderes en producción lechera como Brasil, Nueva Zelanda, Estados Unidos y China.
Para Cattena, la clave está en trabajar con datos locales y no con promedios generales. Europa, advierte, suele utilizar información muy agregada, que no refleja la realidad de cada sistema productivo. “Ahora tenemos números propios, medidos en el territorio, que permiten una comparación mucho más justa”, sostiene.
El análisis también alcanzó a los cultivos que forman parte de la alimentación animal, como alfalfa y sorgo, que mostraron un desempeño ambiental igualmente competitivo. Esa información ya fue presentada en ámbitos técnicos y científicos, con el objetivo de que sirva como base para futuras investigaciones.
Medir para mejorar: el paso que sigue en los tambos
Aunque el balance regional sea positivo, Cattena aclara que el trabajo recién empieza. Cada tambo presenta realidades distintas y oportunidades concretas de mejora. El valor de la medición es que permite identificar con precisión dónde están los mayores impactos ambientales y cómo corregirlos.
En la agenda inmediata aparecen el manejo del agua y de los fertilizantes, dos variables con fuerte incidencia en la huella ambiental. Con esa información, la cooperativa puede acompañar a cada productor con recomendaciones específicas, adaptadas a su escala y sistema productivo.
El objetivo final es que cada tambero pueda presentarse ante la industria con información respaldada y demostrar cómo produce. En un escenario de mayores exigencias, contar con esos datos puede marcar la diferencia para sostener el negocio e incluso acceder, en el futuro, a mejores condiciones comerciales.
Costos crecientes y alquileres que asfixian a los tambos chicos
Sin embargo, la estrategia ambiental convive con una realidad económica cada vez más compleja. Producir leche con tecnología es rentable, pero no todos los tambos pueden sostener ese esquema. El mayor problema aparece en los establecimientos que trabajan sobre campos alquilados.
En muchos casos, el dueño del campo cobra por adelantado el equivalente a 12, 13 o incluso 15 quintales de soja, mientras el productor asume todo el riesgo productivo. “Es un sistema muy distorsionado”, describe Cattena, donde la rentabilidad queda extremadamente ajustada y cualquier variación de precios o costos impacta de lleno en el tambo.
Frente a esa presión, muchos productores optan por abandonar la lechería y alquilar el campo para agricultura, una alternativa más simple y previsible. Ese proceso explica buena parte de la desaparición de los tambos chicos en los últimos años.
Falta de tamberos y un recambio generacional en crisis
A los problemas económicos se suma una dificultad estructural: la falta de mano de obra y el quiebre del recambio generacional. La lechería exige presencia diaria, gestión constante y una complejidad operativa mucho mayor que la agricultura extensiva.
Muchos hijos de productores se formaron en las ciudades y pueden seguir vinculados al campo a través de la agricultura, pero no están dispuestos a asumir la rutina que implica un tambo. El resultado es un proceso de concentración que ya está en marcha, con menos establecimientos y de mayor escala.
Los tambos de 100 o 120 vacas, que durante décadas fueron el corazón de la lechería, son hoy los más vulnerables. La producción total de leche se mantiene, pero con menos actores y una estructura cada vez más concentrada.
Un sector que cambia y una cooperativa que busca adaptarse
El contexto obliga también a repensar el rol de las cooperativas. La comercialización digital, la presión sobre los márgenes y la transformación del vínculo entre productores y proveedores están modificando reglas históricas del negocio agropecuario.
A eso se suma otro desafío de fondo: la formación de los profesionales. Cattena advierte que muchos técnicos egresan con una sólida base académica, pero con escasa formación en gestión y negocios. “Información no es conocimiento”, insiste, y señala la necesidad de una mirada integral para enfrentar un sector cada vez más competitivo.
La Cooperativa Guillermo Lehmann, que factura alrededor de 340 millones de dólares anuales, ya trabaja con una agenda de largo plazo. Cómo sostener a sus productores, cómo atraer jóvenes al sector y cómo agregar valor más allá de los commodities son preguntas que atraviesan su estrategia.
Mientras tanto, la medición de la sustentabilidad aparece como una herramienta concreta para defender la producción local y ganar previsibilidad. En un contexto donde suben los costos y faltan tamberos, contar con datos propios puede ser la diferencia entre adaptarse o quedar fuera del sistema.


