“Es que es asi. Lavagna es de Sergio Massa”, confirmaron a iProfesional fuentes muy allegadas a Milei y al jefe del Gabinete, Manuel Adorni.
El gobierno de Javier Milei decidió escalar el conflicto por la salida de Marco Lavagna del INDEC y le dio una lectura abiertamente política al portazo del ahora ex titular del organismo. A través de voceros oficiales de la Casa Rosada, el Presidente dejó trascender que Lavagna diseñó de manera premeditada el nuevo índice de inflación erróneo para que arrojara un número más alto que el actual IPC y, de ese modo, perjudicar a Milei y “jugar políticamente para quien es su jefe político, Sergio Massa”.
Según confiaron altas fuentes oficiales a iProfesional, Milei resolvió poner en el centro de la escena al ex candidato presidencial, ex ministro de Economía y actual presidente del Frente Renovador, Sergio Massa, para justificar la decisión de frenar la implementación de la nueva Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo 2017/2018), que estaba prevista para comenzar a regir con los datos de inflación de enero de 2026 y publicarse el 10 de febrero.
El Gobierno habló de la salida de Marco Lavagna: “Jugaba para Massa”
No es la primera teoría conspirativa de estos días: cuando estalló el conflicto entre Milei y Techint por el precio de los caños, la semana última, el Presidente dejó trascender que su CEO, Paolo Rocca, había conspirado para destituirlo luego de la derrota libertaria de las elecciones bonaerenses de septiembre último. Milei entró en el modo “chivo expiatorio”.
En rigor, el Presidente supo desde diciembre de 2023, cuando asumió la Presidencia, que Lavagna era un dirigente que respondió siempre políticamente al exintendente de Tigre, como también el propio Milei había asesorado a Massa en 2015 cuando aún era un desconocido economista.
La acusación es directa y sin matices: en el entorno presidencial aseguran que Milei “piensa que Marco Lavagna jugaba para Massa”, que “siempre jugó para Sergio Massa” y que el ex titular del INDEC sabía desde noviembre que el nuevo índice no iba a aplicarse, pero aun así insistió en anunciar públicamente que el cambio sí se realizaría.
En el peronismo es un secreto a voces que Massa, el ex presidente Alberto Fernández y la ex presidenta Cristina Kirchner impulsaron desde 2021 la candidatura a diputado de Milei y en 2023 la presidencial para dividir a los votantes de Juntos por el Cambio y permitir que el peronismo fuera reelegido con algo más del 40% de los votos. Eso por ello que Milei se enfocaba en criticar al macrismo más que a Massa, su rival presidencial, y que en sus listas había muchos dirigentes con origen en el peronismo, que además ayudó a fiscalizar las boletas de La Libertad Avanza en las urnas.
Ademas, Lavagna siempre tuvo una relación de amistad casi familiar con dos fundadores de la Libertad Avanza que en sus orígenes también militaron con Massa: el legislador Eugenio Casielles y el ex legislador Ramiro Marra. Lavagna, Casielles y Marra son un grupo de amigos y todos ellos mantienen buenas relaciones con Massa. Los tres, ahora fueron eyectados del poder. En el principio del gobierno de Milei, por ese tema, siempre se habló de acuerdos con Massa.
La nueva fórmula para calcular la inflación, en el centro de la polémica
El trasfondo del conflicto es técnico, político y económico. El Gobierno había confirmado oficialmente que el nuevo ENGHo comenzaría a aplicarse en febrero, pero las primeras mediciones internas que realizó el INDEC bajo la gestión de Lavagna arrojaron una inflación sensiblemente más alta para enero de 2026 y que se conocería el 10 de febrero: 3,4% según algunas versiones, 3,2% según otras, frente a una estimación de alrededor del 2,5% que el propio ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó el lunes en el programa de Eduardo Feinmann por Radio Mitre.
Sin embargo, desde el entorno de Lavagna dejaron en claro que no responderán a los trascendidos del Gobierno, pese a que provienen de las fuentes más encumbradas de la Casa Rosada. Massa, por su parte, también se negó a responder consultas, aunque sus allegados aseguraron a iProfesional que “Sergio hace más de un año que no habla con Marco Lavagna, casi un año y medio”, y deslizaron con ironía que sería “un jefe algo abandónico”.
En la Casa Rosada insisten en que el problema no es el número en sí, sino la metodología. Sostienen que Milei considera que el ENGHo “está mal hecho desde lo técnico”, incluso aunque hubiera arrojado una inflación más baja en diciembre o enero. El argumento central es que, con tarifas todavía subsidiadas y precios de servicios distorsionados, el nuevo ponderador, que le da mayor peso a los servicios, mediría mal la inflación real. “Se estaría basando en precios distorsionados”, repiten cerca del Presidente.
“Seguramente la inflación de enero estará en torno al 2,5%, pero lo importante es que estamos haciendo todo para que converja a los valores internacionales”, dijo Caputo, en una frase que terminó quedando atrapada en la interna. Porque horas después, Milei y el ministro resolvieron dar por terminado el plan de lanzar el nuevo índice, continuar con el viejo IPC y designar a Pedro Lines al frente del INDEC, en medio de un fuerte cruce con Lavagna que derivó en su salida abrupta. Seguramente la inflación esté en un 2,5%, el índice más anunciado de los últimos años.
El INDEC, en el centro de la escena
La tensión entre Milei y Lavagna no es nueva. En diciembre ya se había anticipado un fuerte contrapunto con el secretario de Turismo, Daniel Scioli, cuando el INDEC publicó datos que dejaron muy mal parado al área: en noviembre ingresaron 2,7% menos turistas que el año anterior y salieron 763 mil residentes al exterior, un 15,3% más que en noviembre de 2024. El saldo fue un rojo de 226 millones de dólares para el Banco Central, un golpe directo a la estrategia de Caputo para acumular reservas.
Pero hay un dato clave que atraviesa toda la discusión y que en Balcarce 50, que desmiente a Milei, y que nadie desconoce: desde febrero comenzarán a regir fuertes subas de tarifas de gas, luz, agua, colectivos en CABA y provincia, subte, premetro, telecomunicaciones, medicina prepaga y alquileres. Todos esos aumentos tendrían un impacto mucho mayor si ya estuvieran vigentes los nuevos ponderadores del ENGHo 2017/2018, y incidirían mucho más en la canasta. La decisión de no cambiar el IPC ahora tiene, así, un motivo político y económico inmediato.
En el entorno de Massa observan con desconfianza la ofensiva oficial. “Es raro, están buscando una excusa”, aseguran. Recuerdan que durante más de dos años y medio el Gobierno mantuvo a Lavagna en el cargo y lo presentaba como “un gran técnico”, y cuestionan la narrativa oficial: “¿Cómo dicen ahora que es de Massa si lo dejaron tanto tiempo?”. También apuntan a las contradicciones internas: “Si en noviembre decían que no iban a aplicar el nuevo ENGHo, ¿por qué Caputo dijo el lunes a la mañana que sí y se corrigió al mediodía?”.
Scioli cuestionó la metodología de las encuestas de turismo, puso en duda los números y decidió dejar de financiar los operativos del INDEC para medir ingresos y egresos de turistas. Desde el organismo anunciaron que seguirán publicando las cifras, pero con un “esquema reducido”, un eufemismo que expone el nivel de la pelea interna.
La salida de Lavagna dejó algo más que una silla vacía en el INDEC. Generó ruido en los mercados, inquietud entre los operadores económicos y reavivó la discusión sobre la credibilidad de las estadísticas oficiales. El índice de inflación no es solo un número: define contratos financieros, impacta en el tipo de cambio, condiciona las paritarias y ordena expectativas. Por eso, detrás de la acusación política y la disputa técnica, lo que quedó expuesto es una interna de poder en el corazón del programa económico de Milei. Y una pregunta que sigue abierta: si el problema era técnico desde noviembre, ¿por qué estalló recién ahora? Por ahora, las culpas recaen en un viejo aliado de Milei: Sergio Massa.


