El calendario marca varias elecciones en las que Milei ha hecho apuestas fuertes, además de la brasileña. El 27 de octubre vendrá la de Israel, donde ha dado un explícito apoyo a Benjamín Netanhayu al encontrarlo en la asamblea de las Naciones Unidas. Una semana más tarde serán las legislativas en Estados Unidos, donde está absolutamente identificado con el partido Republicano de Donald Trump.
Brasil elige presidente este domingo, y Javier Milei vive el episodio como un momento importante en su propio futuro político. En las últimas semanas el mandatario argentino se involucró de manera inusitada en procesos electorales externos, lo que ha hecho que, en cierta medida, pueda presentar como una victoria personal las victorias de sus aliados o sufrir como propia una eventual derrota de sus aliados.
Lo cierto es que es un momento extraño para Milei, quien luego de haber disfrutado durante dos años de su rol de nuevo referente global de la derecha liberal, ahora se convirtió en un motivo de reivindicación del “orgullo zurdo”, como reza la frase que se ha puesto de moda en España.
Y, finalmente, el 29 de noviembre, vivirá como si se tratara de un comicio local la elección española, tras haberse convertido en involuntario protagonista de la campaña, al acusar de “dictador” a Pedro Sánchez y agraviar a periodistas. La figura de Milei está siendo intensamente usada por el PSOE de Sánchez, quien también sacó a relucir los indicadores menos favorables en el plano económico y social para argumentar que la oposición española seguirá una receta ruinosa si adopta el fiscalismo extremo del argentino.
Sin embargo, se encuentra en un momento en que ese buscado protagonismo internacional puede volverse en contra. Por eso, lo que ocurra en Brasil es vivido en la Casa Rosada como un punto de inflexión.
Hasta ahora, Milei se había jactado de liderar la ola de victorias liberales en América latina, por los resultados de Colombia, Chile, Bolivia y Perú. Y se jactaba de erigirse en el blanco preferido del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
Milei en la campaña brasileña
En Brasil, Milei tuvo participación directa en la campaña, al acompañar al opositor Flavio Bolsonaro en un acto proselitista en julio. Fue una visita de gran revuelo, en la que calificó al presidente Lula Da Silva de “dictador” y, además, insultó a un juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, a quien calificó como “basura calva”. Milei lo acusa de haber llevado a prisión al ex presidente Jair Bolsonaro con cargos falsos.
De hecho, si se diera una reelección de Lula, el gobierno argentino se vería en una situación muy incómoda desde el punto de vista diplomático: Milei estará obligado a convivir eventualmente cuatro años más en una situación anómala, sin embajadores en Brasilia ni en Buenos Aires y con un clima enrarecido en las reuniones del Mercosur. ¿Iría Milei a una reasunción de Lula, después de haberlo calificado repetidas veces de dictador y delincuente?
Es probable que nunca se haya hablado tanto de Argentina en una campaña brasileña. Al punto que Lula, en el debate televisado con Bolsonaro, “acusó” a su rival de querer “pedirle prestada la motosierra” al argentino. El opositor estuvo algo incómodo ante esa situación, y prefirió eludir cualquier mención a la economía argentina.
Aquella visita llevó a un congelamiento diplomático entre Brasil y Argentina. Pero, además, tuvo otras consecuencias no buscadas por Milei: desde entonces, la prensa brasileña empezó a seguir con inusual interés la marcha de la economía argentina. Por caso, en las ultimas horas, la red Globo analizó los últimos datos del EMAE, para destacar cómo el ajuste fiscal en Argentina había derivado en una recesión técnica.
“Hoy empuñé las tijeras junto al presidente Javier Milei en el Pacaembú. No fue sólo un gesto, fue un compromiso. Argentina demostró que es posible recortar el gasto excesivo del Estado, terminar con los privilegios y devolverle la libertad económica a su pueblo. El ‘tijerazo’ es una metáfora del Brasil que queremos: con menos impuestos, menos burocracia, menos inflación y más eficiencia”, afirmaba el candidato opositor.
Es todo un síntoma de cómo la imagen de Milei y de su plan económico ha cambiado en el exterior. De hecho, hace tres meses el propio Bolsonaro publicaba en las rede sociales mensajes en los que no dudaba de poner a Milei como ejemplo.
A la espera del empujón económico
Pero el interés de Milei por una victoria de Bolsonaro no se limita apenas a una cuestión de imagen o de refuerzo de su discurso político. Hay, además, motivos económicos muy concretos por los que apuesta al triunfo de su aliado.
Hoy, en contraste, Bolsonaro no habla de Argentina, mientras que Lula lo hace profusamente. El líder del PT le preguntó a su rival si era conciente de los niveles de pobreza, desempleo y recesión que había generado la receta liberal de Milei. Y sus partidarios se encargan de difundir en los medios y en las redes los indicadores sociales negativos.
Brasil tiene un riesgo país de 170 puntos, y se espera que la demanda de activos por parte de inversores se dispare en el caso de que triunfe la oposición, de la cual se espera una política de mayor desregulación y equilibrio fiscal.
Ya quedó demostrado luego del resultado en primera vuelta que tanto la bolsa de Buenos Aires, como la cotización de empresas argentinas en Wall Street, son muy sensibles al “efecto contagio” de la bolsa paulista. Y, espera el gobierno argentino, una consagración de Bolsonaro podría ayudar también a la recuperación de los alicaídos bonos de deuda soberana, gracias a un mayor flujo de los capitales hacia toda la región.
El real, en la mira
Pero, sobre todo, el tema que aparece bajo la lupa es el tipo de cambio. Hoy el dólar cotiza a 5,05 reales -la paridad era 5,22 antes de la primera vuelta- y se espera que si gana Lula pueda haber una devaluación, mientras que si triunfa Bolsonaro, la moneda se fortalecerá.
Argentina, que ha sufrido una abrupta alza de su prima de riesgo -por encima de los 700 puntos- podría repetir el efecto eufórico de la semana siguiente al triunfo de Bolsonaro en primera vuelta.
Para el ministro Toto Caputo, esto supone un motivo extra para hacer fuerza por Bolsonaro: una apreciación del real brasileño tiene un efecto de oxigenación sobre la economía argentina, porque mejoraría su competitividad. Es, de manera indirecta, como si el peso se devaluara, pero sin los efectos negativos sobre la inflación.
Algunos bancos de inversión lo han puesto en números, como el Goldman Sachs, que pronostica que, en caso de reelección del líder del PT, el tipo de cambio pasaría a 5,8 reales por dólar, mientras que si se impusiera la oposición, la paridad pasaría a 4,5 reales por dólar.
Por otra parte, la producción agrícola brasileña -líder mundial en varios commodities, como la soja- vería una reducción del margen de rentabilidad, lo cual podría presionar al alza los precios en el mercado global, con un beneficio indirecto para el campo argentino. De hecho, después de la primera vuelta brasileña, el precio de la soja en el mercado de Chicago tuvo un empuje alcista de 1,5%.
Para algunos sectores, como el automotor, la salud de la demanda interna brasileña es una variable fundamental: uno de cada tres autos que se fabrican en Argentina tiene como destino el mercado del país vecino -más de 120.000 vehículos en lo que va del año-.



