Las graves consecuencias de la bajante del Paraná

La bajante no es solo una imagen inédita para los habitantes de Montecarlo sino que pone en peligro la provisión de agua potable, el abastecimiento de agua de riego para los cultivos, amenaza la fauna ictícola, entre otros impactos graves sobre el ambiente y la vida productiva de la zona.

Esta situación la atraviesan todas las provincias de la cuenca del Paraná -Formosa, Chaco, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones y Buenos Aires- y obligó al gobierno Nacional a declarar la “emergencia hídrica” por 180 días el pasado 26 de julio. El viceministro de Ambiente,  Sergio Federovisky lo calificó como “un desastre natural”, en diálogo con PáginaI12, y reconoció: “No es un castigo divino: el origen es socioambiental, está asociado a un modo de producción y consumo”.

El gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, también declaró la emergencia hídrica provincial el pasado 30 de julio por los efectos de la falta de lluvias en las principales cuencas de los ríos Paraná e Iguazú, que generó que comienza a abastecerse a las localidades ribereñas con camiones cisterna.

El Instituto Nacional del Agua (INA) advirtió que la tendencia descendente del río “continuará predominando en los próximos tres meses” y exigió “especialmente” atención a mantener “la captación de agua fluvial para consumo urbano”.