La firma intenta ahora reordenar su pasivo y preservar la continuidad de la actividad, que quedó paralizada a fines de febrero cuando decidió cesar las operaciones en sus plantas de hilados y telas de Goya, Corrientes, y en su unidad de hilados ubicada en Villa Ángela, Chaco.
La tradicional textil santafesina Emilio Alal S.A., con más de cien años de historia en el norte argentino, formalizó la apertura de su concurso preventivo en un contexto de profunda crisis financiera que derivó en el cierre de su división industrial y en una ola de despidos.
A ese cuadro añadió la falta de acceso al financiamiento bancario y el peso de los costos laborales en un escenario de elevada capacidad ociosa. Según argumentó en el expediente, esa combinación impactó de lleno en los resultados y volvió imposible cumplir en tiempo y forma con las obligaciones exigibles.
Histórica textil en crisis: los factores detrás del deterioro económico
En la presentación ante la Justicia, la compañía explicó que su deterioro económico respondió a una suma de factores adversos. Señaló la contracción del consumo interno, la mayor apertura importadora que presionó los precios a la baja, el aumento de costos -especialmente en energía e insumos- que no logró trasladar a precios finales, y el complejo escenario general del sector textil.
Emilio Alal fue fundada en 1913 por Emilio Alal y actualmente está presidida por su bisnieto, Eduardo Alal. A lo largo de su trayectoria, desarrolló cuatro unidades de negocio: curtiembre, hilandería de algodón, desmotadora y agronegocios.
Frente a esta nueva etapa, la empresa analiza reconfigurar su modelo de negocios: reducir su exposición industrial dentro del rubro textil y volcar parte de su operatoria hacia la comercialización de materia prima y la importación de productos terminados, con el objetivo de sostener la estructura empresarial bajo un esquema diferente.
Históricamente, la compañía estuvo vinculada a la producción de insumos para la industria del calzado, accesorios y talabartería, junto con la elaboración de hilados de algodón y telas derivadas.
Su entramado industrial comprendía una planta de curtiembre en Reconquista (Santa Fe), una hilandería y desmotadora en Goya (Corrientes) y otra desmotadora en Villa Ángela (Chaco), además de una oficina comercial en Buenos Aires enfocada en ventas y comercio exterior.
Otras empresas de la industria textil en crisis
El caso de Emilio Alal se inscribe en un escenario más amplio de deterioro para la industria textil argentina. En los últimos años, el sector acumuló una caída persistente de la producción, reducción de planteles y cierres parciales o definitivos de establecimientos fabriles. La combinación de mayores importaciones, retracción del consumo y bajos niveles de utilización de la capacidad instalada profundizó las dificultades.
Además del mercado interno, exportaba a Brasil, Chile, Estados Unidos, España, Italia, Sudáfrica, India, Pakistán, Hong Kong y Australia, consolidando una presencia sostenida en distintos destinos internacionales.
En paralelo, Textilana S.A., la histórica empresa de Mar del Plata dueña de la marca Mauro Sergio, enfrenta tensiones operativas derivadas de la caída en las ventas y la presión importadora. Durante 2025 redujo su producción alrededor del 20 por ciento.
Entre los antecedentes recientes aparece TN & Platex, uno de los mayores grupos textiles del país, propiedad de la familia Karagozian, que dispuso el cierre por tiempo indeterminado de su planta en Los Gutiérrez, Tucumán, y la suspensión de 190 trabajadores. También achicó operaciones en La Rioja y Monte Caseros, Corrientes, con recortes en líneas de indumentaria y prendas deportivas.
El deterioro sectorial también quedó reflejado en los números difundidos por la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). Según la entidad, la actividad textil registró una caída interanual del 36,7% en noviembre de 2025 y la utilización de la capacidad instalada se ubicó en 29,2%, “el peor desempeño entre los sectores industriales”, estableció.
Otro caso es el de Grupo Dass, que ensambla zapatillas en el país para marcas como Nike y Adidas, y que volvió a ajustar su dotación con el despido de 43 trabajadores en su planta de Eldorado, Misiones, donde actualmente concentra su operación local.


