Les clamamos: “¡Basta! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense a la mesa del diálogo y la mediación, no a la mesa donde se planea el rearme y se delibera sobre la muerte!”. En las tensas horas de las conversaciones de paz (o la continuación de la guerra) en Islamabad, el Papa León XIV movilizó a los católicos y a un ideal pueblo de paz sin fronteras de “religión, raza o pensamiento”, celebrando una vigilia de oración especial en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
A esta iniciativa se sumaron miles de acciones similares en iglesias de todo el mundo, desde las iglesias maronitas en el Líbano, sitiadas a pesar de la tregua, hasta las iglesias greco-católicas en Ucrania, que se encuentran en vísperas de una tregua (ya frágil) para la Pascua ortodoxa, pasando por las de Estados Unidos, donde se están realizando esfuerzos para contrarrestar la retórica belicista que se ha extendido incluso entre muchas denominaciones religiosas e inclusive dentro de la Oficina del Presidente en la Casa Blanca.
“En el Reino de Dios”, fue la súplica de León XIV esta noche, “no hay espada, ni dron, ni venganza, ni beneficio injusto”.
“Detengamos —imploró— esta ilusión cada vez más agresiva de omnipotencia” en la que “incluso el Nombre Santo de Dios se ve arrastrado a hablar de muerte”. “Quienes rezan no matan”, enfatizó el Papa Prévost, “ni amenazan con la muerte”, mientras que “quienes han dado la espalda al Dios vivo están esclavizados a la muerte, para convertir su propio poder en un ídolo mudo, ciego y sordo. ¡Basta de idolatría del yo y del dinero!”, exclamó.
“¡Basta de demostración de fuerza! ¡Basta de guerra!”. León XIV pidió a los pacifistas reunidos en San Pedro que unieran “las energías morales y espirituales de millones, de miles de millones de hombres y mujeres, de ancianos y jóvenes, que creen en la paz, que eligen la paz, que sanan las heridas y reparan el daño causado por la locura de la guerra”. Así pues, el llamamiento directo a los líderes mundiales fue: “¡Alto! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense a la mesa del diálogo y la mediación, no a la mesa donde se planea el rearme y se deliberan acciones letales!”.
León XIV también apela a la “no menos importante responsabilidad de todos nosotros, hombres y mujeres de tantos países diferentes: una inmensa multitud que repudia la guerra, con hechos, no solo con palabras!”. Una especie de mayoría silenciosa que el pontífice, nacido en Estados Unidos, quisiera visibilizar con mayor fuerza. “Convirtámonos a un Reino de paz que se construya día a día”, exhorta, “en los hogares, las escuelas, los barrios, las comunidades civiles y religiosas, reemplazando la controversia y la resignación con la amistad y la cultura del encuentro”.
Luego, León XIV se despidió del altar mayor de San Pedro, recitando una oración que él mismo había escrito: “Que termine la locura de la guerra, y que la Tierra sea cuidada y cultivada por aquellos que aún saben generar, proteger y amar la vida”.
(ANSA).




