BUENOS AIRES, 17 febrero (NA) — En la antesala del paro general de la CGT y mientras el Gobierno apura el debate de la reforma laboral en el Congreso, en la Casa Rosada resuena un sugestivo silencio: el de los empresarios. La falta de apoyo explícito de las grandes cámaras patronales a la iniciativa incluso provocó el enojo del ministro de Economía, Luis Caputo.
“Les bajamos las cargas patronales un 85% para los nuevos empleos y no se habla del tema. Ninguna cámara festeja, nada. ¡No salgo de mi asombro!”, disparó recientemente el funcionario a través de sus redes sociales, evidenciando la incomodidad oficial.
Lejos de los aplausos, el empresariado (especialmente el sector Pyme agrupado en entidades como CAME y diversas federaciones comerciales) mantiene una profunda cautela. Fuentes del sector advierten que la degradación de las condiciones laborales no solucionará sus problemas de rentabilidad, sino que achicará aún más la masa salarial y, por ende, deprimirá el ya golpeado mercado interno.
La Cámara Argentina de Comercio (CAC), la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra) coinciden en que la Reforma Laboral podría profundizar los conflictos.
A su vez, cuestionan los cambios de último momento introducidos en la ley que los perjudican, como la eliminación del aporte voluntario a las cámaras empresarias. El Gobierno viene recibiendo críticas y presiones de la Confederación Federal PyME, la Unión de Kiosqueros de la República Argentina, el Centro Comercial de Victoria, la Federación Económica de Mendoza, la Cámara de Perfumerías de Argentina, la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) y la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica (CAMIMA).
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