Argentina enfrenta un desafío estructural en la competitividad de sus alimentos, según un reciente estudio del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea. El informe comparó los precios de 10 productos esenciales de la canasta básica en 10 países, y reveló que Argentina fue más cara en el 48% de los casos.
Este dato cobra especial relevancia en un contexto donde el país busca posicionarse como proveedor confiable de alimentos a nivel global. Sin embargo, los altos precios internos en dólares podrían estar afectando esa competitividad.
Comparativa internacional: ¿dónde se encarecen los alimentos argentinos?
El estudio del IERAL analizó productos como pan blanco, queso, arroz, carne vacuna, pollo, huevos, papas, agua embotellada, gaseosa y cerveza. La comparación se realizó con países de América Latina, Europa, Asia y América del Norte.
En la comparación con Brasil, todos los productos resultaron más baratos en el país vecino. Por ejemplo:
- Queso: Argentina (US$10,2) vs. Brasil (US$8,4)
- Pan blanco: Argentina (US$2,1) vs. Brasil (US$1,5)
- Pollo: Argentina (US$7) vs. Brasil (US$3,7)
Frente a Chile y México, el 60% de los productos también fueron más caros en Argentina. En contraste, el país fue más barato en el 100% de los productos comparados con Estados Unidos y Francia, y en el 80% frente a Polonia y China.
Este resultado muestra que Argentina no es un país caro en términos absolutos, pero sí en relación con sus principales competidores regionales, lo que puede afectar su inserción en mercados estratégicos.
¿Por qué los precios en dólares son tan altos en Argentina?
El informe atribuye esta situación a varios factores estructurales que exceden la coyuntura económica:
- Apreciación del peso argentino tras la flexibilización del cepo cambiario, que encarece los precios internos medidos en dólares.
- Altos impuestos internos y al comercio exterior, que afectan tanto a productores como a consumidores.
- Costos elevados en bienes no transables, como servicios logísticos, energía, alquileres y transporte.
- Infraestructura deficiente y regulaciones complejas, que reducen la eficiencia y aumentan los costos de producción.
“Una moneda apreciada tiende a generar elevados costos locales en dólares, especialmente en los bienes que no entran en el comercio exterior”, explicaron los economistas Marcelo Capello y Nicolás Cámpoli, autores del informe.
Además, el estudio señala que la falta de competencia en algunos sectores y la concentración de mercadotambién pueden influir en los precios finales al consumidor.
¿Qué implica esto para el agro y la industria alimentaria?
Para el sector agropecuario y agroindustrial, estos datos son clave. La competitividad de los alimentos argentinos no solo depende del tipo de cambio, sino también de la eficiencia productiva, la carga impositiva y la logística.
El informe advierte que, si no se reducen los costos estructurales, algunos productos podrían quedar fuera de los mercados internacionales, afectando las exportaciones, la generación de divisas y el empleo en el interior del país.
En este sentido, la agroindustria necesita políticas públicas que promuevan la inversión, la innovación y la reducción de costos logísticos, especialmente en regiones alejadas de los puertos.
¿Qué puede hacer el Estado para mejorar la competitividad?
El estudio sugiere que el Estado, en sus tres niveles, debe actuar sobre varios frentes:
- Reformas impositivas que alivien la carga sobre la producción y el consumo.
- Inversiones en infraestructura, especialmente en rutas, ferrocarriles y puertos.
- Simplificación regulatoria para mejorar la eficiencia empresarial y reducir la burocracia.
- Fomento de la competencia interna, para evitar abusos de posición dominante en la cadena de valor.
Estas medidas no solo beneficiarían al consumidor local, sino que también mejorarían la posición de Argentina en los mercados internacionales, donde compite con países que tienen menores costos logísticos y fiscales.
¿Qué rol juega el tipo de cambio en esta ecuación?
Aunque el tipo de cambio es un factor importante, no es el único determinante de la competitividad. Una moneda más débil puede mejorar temporalmente los precios en dólares, pero si no se corrigen los problemas estructurales, los costos internos seguirán siendo elevados.
Además, una devaluación sin control puede generar inflación, lo que termina neutralizando cualquier ganancia de competitividad. Por eso, el informe del IERAL insiste en que la solución debe ser integral y de largo plazo.




