lunes 2 febrero 2026

Récord en maíz temprano y giro macroeconómico: el campo argentino entra en 2026 con señales inéditas

Con un dólar oficial atado a la inflación y una reforma fiscal en marcha, la producción agrícola se apoya en un maíz temprano excepcional mientras los precios siguen condicionados por la sobreoferta global.

El cierre del año encuentra al agro argentino en un punto de inflexión poco habitual. A diferencia de otros ciclos, el debate ya no se concentra únicamente en el clima o en los precios internacionales, sino en un cambio profundo del marco macroeconómico que empieza a ofrecer reglas más previsibles. En ese contexto, el maíz temprano emerge como el gran protagonista productivo, con indicadores que anticipan un récord histórico, aun cuando el escenario comercial sigue dominado por la abundancia de oferta a nivel global.

Desde enero, el Banco Central dejará atrás el esquema de crawling peg fijo para pasar a un ajuste del tipo de cambio oficial en función de la inflación, un giro que busca reducir distorsiones acumuladas y darle mayor coherencia al frente cambiario. En paralelo, el Gobierno avanzó en la agenda de reforma fiscal y laboral, que incluye incentivos directos para el agro, como la reducción del IVA en sistemas de riego y un régimen de estímulo a inversiones productivas medianas.

“El ordenamiento macroeconómico empieza a generar un marco más previsible, pero eso no implica automáticamente mejores precios para los granos”, advierte Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. Según su análisis, el productor argentino enfrenta una paradoja: mejores condiciones internas para planificar, pero mercados externos que siguen pesando sobre las cotizaciones.

Maíz temprano: un récord que ya se empieza a sentir en el mercado

El cultivo que concentra todas las miradas es el maíz, y en particular el temprano. La siembra ya alcanzó el 69,5% del área proyectada, superando en más de 15 puntos porcentuales el promedio histórico para esta altura del año. A esto se suma un dato clave: el 88% de los lotes se encuentra en condición buena o excelente, impulsado por lluvias oportunas y una implantación más rápida de lo habitual.

“Con más superficie, una siembra acelerada y un clima que acompañó en la etapa crítica, Argentina empieza a saborear un récord histórico de producción de maíz temprano”, señala Romano. El potencial de rinde es elevado y, salvo un evento climático adverso de último momento, el volumen final podría marcar uno de los hitos productivos más relevantes de las últimas décadas.

Sin embargo, ese mismo éxito productivo empieza a generar presión sobre los precios. La expectativa de una oferta muy abundante en el primer tramo de la cosecha ya se refleja en el mercado doméstico. Con valores que se ubican en torno a los 180 dólares por tonelada, muchos productores analizan adelantar ventas para asegurar márgenes, conscientes de que el pico de ingreso de mercadería podría limitar futuras recuperaciones.

Soja: sin drivers claros y con un mercado internacional frágil

El panorama de la soja es más complejo. A nivel internacional, el mercado perdió impulso luego de que se desinflara el optimismo inicial en torno a los acuerdos comerciales entre China y Estados Unidos. Los fondos especulativos, que habían acompañado la suba, comenzaron a ajustar posiciones y dejaron a los precios sin un sostén firme.

“El mercado se adelantó demasiado a las noticias. Cuando los fondos regulan compras, los precios aflojan y hoy no aparece un factor claro que vuelva a empujar a la soja”, resume Romano.

En Argentina, la siembra ya cubre el 67,3% del área prevista, con un avance importante en la última semana gracias a la mejora en la humedad del suelo. Si bien el ritmo todavía se mantiene por debajo del registrado el año pasado, ya se ubica levemente por encima del promedio histórico, lo que reduce riesgos desde el punto de vista productivo, aunque no alcanza para cambiar el ánimo comercial.

Trigo: volumen récord y un problema silencioso de calidad

El trigo completa el cuadro con un contraste marcado. Las estimaciones de producción se consolidan entre 27 y 28 millones de toneladas, lo que implicaría un récord histórico absoluto para el cereal argentino. No obstante, la magnitud de la cosecha viene acompañada por un desafío que gana peso con el correr de las semanas: la calidad.

“Tenemos una cosecha enorme, pero con problemas de proteína que obligan a vender una parte importante como trigo forrajero, con descuentos muy significativos frente a otros orígenes”, advierte Romano. Esta situación limita el ingreso final y explica, en parte, la cautela comercial.

La cosecha ya supera el 73% del área, con rindes que en muchas regiones se ubican muy por encima de los promedios históricos. Aun así, la comercialización avanza a un ritmo inferior al habitual, con una porción relevante del trigo retenida en el circuito comercial a la espera de mejores condiciones de precio o de demanda.

Un nuevo marco macro, pero con desafíos comerciales intactos

El balance de fin de año deja una señal clara. El agro argentino entra en 2026 con un marco macroeconómico más ordenado, un tipo de cambio con menor atraso esperado y una agenda fiscal que empieza a reconocer la necesidad de incentivar la producción. Sin embargo, en el corto plazo, el mercado de granos sigue condicionado por una oferta global abundante y precios internacionales débiles.

“Las señales internas van en la dirección correcta, pero el contexto global obliga a ser muy finos en la estrategia”, concluye Romano. En este escenario, la gestión comercial, la calidad del producto y el timing de venta se consolidan como las variables clave para transformar un récord productivo en resultados económicos concretos.

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