Se desploma la soja y achica el margen del campo argentino, que vuelve a presionar por retenciones

A decir verdad, no resultó una sorpresa para los expertos del negocio agrícola. Más bien al contrario, desde hacía tiempo que llamaba la atención la tendencia alcista de la soja, que llegó a tocar u$s450 después de haber promediado los u$s380 durante el año pasado.

Y finalmente ocurrió lo que los más pesimistas pensaban: el conflicto de Medio Oriente, que hasta hace pocas semanas era visto como la oportunidad argentina de aumentar su ingreso de divisas, se empezó a transformar en una preocupación seria. La señal más reciente al respecto es el desplome en la cotización de la soja en el mercado internacional, donde cayó u$s25 de golpe. Y todo indica que no se trata de un fenómeno pasajero, sino de un quiebre de tendencia.

De hecho, la oferta se encuentra en uno de sus mayores niveles históricos, con volúmenes récord de producción en los principales países exportadores: Brasil llegará a 180 millones de toneladas mientras que Estados Unidos -según la estimación del Departamento de Agricultura- cosechará 121 millones de toneladas de soja, un volumen 4,4% superior a la última cosecha.

Y la explicación que se daba para explicar ese precio elevado es que obedecía a especulaciones geopolíticas, dado que los “fundamentals” marcaban que había más presión a la baja que a la suba.

Los argumentos para sostener el precio obedecían, entonces, a la especulación política, sobre todo a la expectativa de un acuerdo entre Estados Unidos y China, que implicara un regreso de la potencia asiática al mercado internacional, donde es el principal demandante. Un acuerdo daría un impulso a la demanda mundial, pero después del anuncio sobre una reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, las expectativas se enfriaron por el conflicto en Irán.

Argentina también aportaba lo suyo, con una proyección de capacidad exportadora por 48,5 millones de toneladas, algo que dejaría este año cerca del récord histórico.

A ese efecto de desilusión por el bajo nivel de las compras chinas, se agrega el tema geopolítico: China ha resistido la presión para sumarse a la seguridad en el estrecho de Ormuz, lo cual lleva a que las perspectivas se mantengan pesimistas sobre la oferta de petróleo.

En consecuencia, fondos de inversión que habían apostado a los commodities agrícolas, empezaron a deshacer sus posiciones, induciendo una caída de los precios.

Soja baja, fertilizantes suben

¿Qué tiene que ver el petróleo con la soja? Mucho: para empezar, obviamente influye sobre el costo logístico, tanto por el transporte a puertos como el traslado marítimo, que ha encarecido sus fletes por cambios obligados en las rutas internacionales -como consecuencia del conflicto de Irán-.

“Un mercado alcista necesita combustible permanente. Si se deja de fogonear y encima el movimiento era de especulación y pánica, tenemos como resultado que un día vemos una baja de 25 dólares de un saque”, grafica Fernando Vuelta, consultor y analista de Agroeducación.

Esto implica un abrupto recorte en la rentabilidad del productor, porque se necesitan un mayor volumen de soja para comprar la misma cantidad de fertilizantes.

Pero, sobre todo, porque los principales insumos de la soja, sobre todo los fertilizantes, son derivados del petróleo. Es el caso de la urea, el fosfato diamónico y el glifosato. Y lo que se está verificando desde el inicio de las hostilidades en Medio Oriente es que mientras el costo de los fertilizantes sube, el de la soja empezó a bajar.

Las perspectivas no son buenas. Un informe de la consultora SovEcon afirman que, lejos de haber alcanzado su pico, este impacto sobre el agro mundial recién está empezando a acelerarse. Irán es el cuarto mayor productor de urea, y además acaba de bombardear una planta productora en Quatar.

Con las últimas alzas, la urea se ubica en u$s655 por tonelada, su precio más alto desde el pico de 2022, cuando la invasión rusa a Ucrania disparó los precios. Ahora ya supera más de 25% de suba, mientras la soja ve caer su cotización. Para un productor argentino, esto significa que, mientras hace un mes se necesitaba vender 1,4 toneladas de soja para comprar una tonelada de urea, la semana pasada ya se necesitaba 1,7 toneladas, y ahora la relación es de dos a uno.

Costos más altos, márgenes finitos

La preocupación por la disminución de los márgenes de rentabilidad se hace sentir entre los productores sojeros, que nuevamente están presionando por una medida gubernamental, sobre todo en el nivel de las retenciones a la exportación.

El informe de SovEcon señala, por ejemplo, que en la medida en que el precio del petróleo se mantenga en niveles altos, esto afectará la demanda de los biocombustibles, lo cual dejará margen para una mayor suba en la cotización del maíz. Es una situación que, por un lado beneficiaría la exportación argentina, aunque también pondría presión sobre precios del mercado doméstico.

“Para realizar inversiones en bienes de capital, como un tractor o un silo, hoy se necesita el doble de granos que hace dos años”, grafica De Emilio, que advierte sobre márgenes cada vez más delgados en el negocio agrícola.

Un informe de Marianela de Emilio, experta del Inta muestra cómo la soja argentina se encuentra en uno de sus peores momentos de la última década en relación insumo/producto. La situación es particularmente grave para costear el gasoil, la urea y el fosfato diamónico.

Sin embargo, los expertos reconocen que, acostumbrado a años de lidiar con escenarios económicos volátiles, con elementos distorsivos, como el cepo cambiario y las retenciones, los agricultores suelen retraerse en momentos como el actual, y acumulan stock en silobolsas, a la espera de que haya una corrección en el mercado.

Como, en sentido contrario, la carne vacuna está subiendo y funciona como un refugio de valor, los consultores están tratando de convencer a sus clientes de encontrar la forma de “convertir granos en carne”. Para eso, plantean una diversificación del riesgo, la integración de la ganadería a la cadena agrícola y usar las herramientas financieras, como los mercados de futuros, para asegurar los mejores precios.

Por este motivo, empiezan a aparecer cuestionamientos hacia el optimismo oficial sobre una “lluvia de dólares” durante el segundo trimestre, el momento del año en el que suele venderse el grueso de la cosecha.

Vuelve el lobby por las retenciones

No es una buena noticia para el ministro Toto Caputo, que ya estaba descontando un ingreso de unos u$s40.000 millones por exportación agrícola en la campaña 2026. Sin embargo, visto desde el punto de vista de los productores, una persistencia de la caída en el precio internacional, sumada al retraso del tipo de cambio en el mercado local y, además, al encarecimiento de los insumos, conforman el escenario perfecto para guardar la soja y esperar.

Se espera un escenario de mayores tasas de interés que encarecerán el financiamiento de la próxima siembra y agravarán aun más los márgenes de rentabilidad.

De hecho, en el evento ExpoAgro, que reúne a los principales empresarios del área y a los analistas, el ambiente estuvo lejos de ser eufórico, pese a los buenos rindes de la última campaña.

Sin embargo, tras un año de tipo de cambio relativamente estable y de inflación en descenso, los problemas financieros del campo no han mermado. Más bien al contrario, abundan las advertencias de empresarios agrícolas que se quejan sobre la “inviabilidad” del negocio por la combinación de retenciones y, además, un tipo de cambio en baja.

Ya desde hace un año, en el campo se están dando una sucesión de crisis financieras, incluyendo algunos nombres resonantes, como Los Grobo. Al principio, el gobierno minimizó el problema, y dijo que la mayoría de los casos se explicaban por la toma irresponsable de deuda para aumentar stock, que se hacía con la previsión de que luego la inflación licuaría los costos financieros.

Los que miran los precios del mercado de futuros creen que los contratos a mediano plazo, como noviembre, podrían estar “priceando” un recorte de las retenciones. La diferencia entre el pago por la soja a marzo por la soja a noviembre implica un premio de 6% para quien pueda esperar -una tasa anual aproximada de 12%-. Y es una oportunidad tentadora para quien pueda conseguir crédito en dólares a una tasa menor en el sistema financiero.

Caputo, entre dos presiones

Ante esta situación, se está volviendo a hablar de un “lobby” agrícola para una nueva baja en las retenciones -pese a que a inicios de año hubo un nuevo recorte que dejó a la soja con “sólo” 24% de impuesto, frente al 33% de hace dos años-.

En todo caso, la situación va a suponer una disyuntiva para el ministro Caputo, que por un lado siente la queja de los productores con problemas de rentabilidad, mientras que por otra parte necesita apurar el ingreso de dólares para hace frente al calendario de pagos de deuda, sobre todo ahora que el escenario global -con riesgo argentino a 600 puntos- cierra las puertas de Wall Street y lo torna más dependiente que nunca sobre su capacidad para fondearse con el mercado doméstico.

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