En apenas cuatro años, Sembrá Evolución pasó de ser un programa sectorial para la soja a convertirse en una de las plataformas más influyentes del agro argentino. Hoy reúne a más de 20.000 productores, abarca 3,8 millones de hectáreas y avanza hacia una nueva etapa marcada por la incorporación de más cultivos, más semilleros y un modelo que pone el acento en la innovación, la inversión y el futuro.
Uno de los datos que más llamó la atención en el XXXIII Congreso Aapresid fue el salto en el uso de semilla fiscalizada, que pasó del 19% al 24% en un año, y el aumento del reconocimiento de propiedad intelectual en soja, que alcanzó el 42%, el valor más alto desde 2018. Para el sector, estas cifras son más que indicadores: son señales concretas de legalidad, confianza y adopción tecnológica.
De un cultivo a un ecosistema
Durante el congreso, Patricio Munilla, gerente de marca de GDM y moderador del panel sobre Sembrá Evolución, subrayó que el programa ya no se mide por su capacidad de funcionar, sino por lo que puede habilitar: “Hoy no hablamos de un cultivo. Hablamos de un ecosistema que conecta actores, decisiones y tecnologías. Y de una idea simple pero poderosa: lo que ya construimos nos puede llevar mucho más lejos”.
Nacido para ordenar la interacción entre productores, multiplicadores y obtentores, Sembrá Evolución comenzó con la soja, luego incorporó el trigo y ahora suma dos cultivos estratégicos para la industria y las economías regionales: cebada cervecera y algodón.
Cebada cervecera: eficiencia y flexibilidad
Para la Cervecería y Maltería Quilmes, la incorporación fue un paso natural. Juan Francisco Guiroy, coordinador del negocio de semillas en Argentina, explicó que el sistema “mantiene la calidad y los estándares, pero permite innovar, invertir y hacer más eficiente la cadena”.

La compañía siembra unas 300.000 hectáreas de cebada para sus malterías, sobre un millón de hectáreas totales del cultivo en el país. Este año, entre 12.000 y 13.000 hectáreas ya se cultivaron con Maltia, una variedad que ingresó directamente al esquema de Sembrá Evolución.
Guiroy destacó el impacto económico: con el sistema, el costo por tonelada de semilla puede reducirse de 200 a 100 dólares, generando un alivio significativo para el productor. Además, anticipó que todas las nuevas variedades de cebada de la empresa se lanzarán bajo este modelo.
Algodón: integración y salto tecnológico
En el caso del algodón, la adhesión significa integrarse a un sistema multicutivo y articulado. Alejandro Fried, director de Gensus SA, recordó que el sector pasó diez años sin nuevos eventos y quince sin nuevas variedades, lo que frenó su desarrollo.
Con 1.200 productores —el 80% de la superficie concentrada en apenas 200— y 600.000 hectáreas en provincias como Chaco, Santiago del Estero, Santa Fe, Salta, Córdoba y San Luis, la semilla fiscalizada en algodón apenas alcanzaba el 12% hace unos años. Con iniciativas como “semilla segura”, acuerdos marco y nuevas variedades lanzadas junto al INTA, la cadena comenzó a recuperar competitividad.
Para Fried, integrarse a Sembrá Evolución es “apostar a un modelo donde podamos seguir invirtiendo en genética, desarrollando nuevas variedades y escalando tecnologías en regiones clave, con una base operativa y comercial más simple y previsible”.
Un modelo que abre oportunidades
Para Munilla, la fortaleza del programa radica en su capacidad para alinear incentivos: “Si el productor gana, gana la Argentina, porque hay más dólares, mayor productividad y más competitividad”. Según el ejecutivo, el foco ya no está en la Ley de Semillas, sino en fortalecer un sistema privado de mejoramiento genético que genere valor para toda la cadena.
El panel de Aapresid cerró con una idea compartida por todos los participantes: Sembrá Evolución ya no es solo un sistema que ordena, es una plataforma que abre. Abre a nuevas tecnologías, a más inversión, a modelos comerciales más simples y a una agricultura con más opciones y autonomía.
La incorporación de nuevos cultivos no solo amplía su alcance: obliga al sistema a ser más ágil, más federal y más funcional a lo que necesita el agro argentino para dar su próximo salto. Porque, como remarcaron sus impulsores, cuando genética, biotecnología, industria, distribución y productores trabajan juntos, el resultado es más desarrollo, más oportunidades y más futuro para todos.




