lunes 2 febrero 2026

Renuncia con polémica: Giraudo asume el SENASA tras la salida de Cortese y se abre una nueva etapa en el organismo

La disputa por la importación de vacunas antiaftosa y la presión de los laboratorios detonaron la renuncia del presidente del SENASA.

Desde su llegada al frente del SENASA, Pablo Cortese enfrentó desafíos que rápidamente se transformaron en una tormenta política, técnica y empresarial. La gestión comenzó con un perfil bajo, pero se volvió el centro de una disputa que reveló tensiones profundas entre el sector público y la industria nacional de laboratorios veterinarios. El detonante fue la autorización para el ingreso al país de una vacuna antiaftosa importada desde Brasil, un hecho que alteró un equilibrio largamente sostenido por los productores locales.

En diciembre de 2024, ingresaron 8.300 dosis de la vacuna “Ourovac Aftosa Biv”, importadas por la firma Tecnovax desde Brasil. Desde el primer momento, el tema generó ruido en el organismo. Las dosis quedaron interdictas por no cumplir con los estándares de calidad exigidos por los laboratorios del SENASA, lo que detuvo su distribución. La situación no solo dejó en evidencia diferencias internas sobre el manejo técnico del asunto, sino que encendió una alarma en el entramado industrial que abastece con vacunas a toda la ganadería argentina.

Empresas como Biogénesis Bagó y la Cámara de Productos Veterinarios (Caprove) reclamaron públicamente y también por vías legales. Biogénesis, por ejemplo, envió una carta documento al propio Cortese y al secretario de Bioeconomía, Sergio Iraeta, denunciando presuntas irregularidades en el proceso de autorización. La tensión escaló al punto de involucrar amenazas de demandas judiciales y una campaña mediática en defensa de la industria nacional, que sostiene que la apertura del mercado a vacunas extranjeras representa un golpe directo a una cadena que genera miles de empleos y exporta más de 100 millones de dólares anuales.

Pero el conflicto no se limitó a lo técnico. También puso a prueba la interna política dentro del Ministerio de Economía. Mientras algunos funcionarios, como el secretario Iraeta y su referente político Juan Pazo, impulsaban una flexibilización de normativas para habilitar nuevos productos veterinarios en línea con una política de apertura de mercados, otros sectores del Gobierno se mostraban más cautelosos, conscientes del impacto que podía tener esta decisión sobre los fabricantes nacionales y la bioseguridad ganadera. Cortese quedó atrapado en esa tensión.

La conducción del SENASA comenzó a resquebrajarse. Técnicos del organismo se manifestaron en contra del modo en que se intentaba autorizar el producto importado, cuestionaron la falta de rigurosidad en los análisis iniciales y advirtieron sobre la presión política que se ejercía para destrabar el proceso. La palabra “interferencia” comenzó a circular en los pasillos. Se rompió la confianza entre la conducción y algunas áreas técnicas clave, y el ambiente interno se volvió insostenible. Para muchos, la renuncia de Cortese era solo cuestión de tiempo.

Pilu Giraudo asume en un momento delicado para el SENASA

El Gobierno eligió a María Beatriz “Pilu” Giraudo para reemplazarlo. Ingeniera agrónoma con amplia trayectoria en el agro, expresidenta de Aapresid y exvicepresidenta del INTA, Giraudo tiene un perfil técnico sólido y una visión claramente alineada con el oficialismo. Con buenos vínculos en el mundo productivo y un discurso enfocado en la innovación, fue propuesta por el propio Iraeta y cuenta con el respaldo de sectores clave dentro del Ministerio de Economía.

Su llegada al organismo se interpreta como un movimiento estratégico del Gobierno para intentar recomponer el diálogo con el sector privado, sin renunciar a su plan de apertura y flexibilización regulatoria. Giraudo ya comenzó a ejercer funciones en las oficinas de SENASA, aunque su designación aún no fue oficializada por decreto en el Boletín Oficial.

El desafío que tiene por delante es inmenso. Deberá ordenar el funcionamiento interno del SENASA, recuperar la confianza de los técnicos y trabajadores, y restablecer una relación fluida con los actores privados, especialmente los laboratorios que hoy ven con preocupación los cambios impulsados desde el Ejecutivo. También deberá garantizar que cualquier flexibilización en materia de registros, ensayos o certificaciones no comprometa la sanidad animal, pilar de la producción ganadera y de las exportaciones cárnicas del país.

Giraudo asume en un momento donde la palabra SENASA se asocia no solo con control y certificación, sino con un modelo de país en disputa. Para algunos, el organismo debe abrirse a más competencia, permitir el ingreso de nuevos productos y simplificar procesos. Para otros, se trata de la última barrera frente a la degradación de estándares sanitarios construidos durante décadas.

La nueva presidenta tendrá que decidir con qué equilibrio se moverá en ese tablero. Por ahora, el agro espera señales claras. Y el Gobierno apuesta a que Giraudo, con su experiencia y su cercanía al sector, sabrá leer el momento y evitar nuevos cortocircuitos.

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